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Capítulo-13. Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-13 Кто же будут жертвами их пиратства - Capitulo-13 Quiénes iban a ser las víctimas de sus piraterías

Capítulo 13 - Глава 13

 Quiénes iban a ser las víctimas de sus piraterías

 

1           Tom se decidió entonces.
2           Estaba desesperado y sombrío.
3           Era un chico, se decía, abandonado de todos
4           y a quien nadie quería:
5           cuando supieran al extremo a que le habían llevado,
6           tal vez lo deplorarían.
7           Había tratado de ser bueno
8           y obrar derechamente,
9           pero no le dejaban.
10         Puesto que lo único que querían
11         era deshacerse de él, que fuera así.
12         Sí, le habían forzado al fin:
13         llevaría una vida de crímenes.
14         No le quedaba otro camino.
15         Para entonces ya se había alejado del pueblo,
16         y el tañido de la campana de la escuela,
17         que llamaba a la clase de la tarde,
18         sonó débilmente en su oído.
19         Sollozó pensando
20         que ya no volvería a oír
21         aquel toque familiar nunca jamás.
22         No tenía él la culpa;
23         pero puesto que se le lanzaba a la fuerza
24         en el ancho mundo,
25         tenía que someterse...;
26         aunque los perdonaba.
27         Entonces los sollozos se hicieron más acongojados
28         y frecuentes.
29         Precisamente en aquel instante
30         se encontró a su amigo del alma
31         Joe Harper,
32         torva la mirada
33         y, sin duda alguna,
34         alimentando en su pecho
35         alguna grande y tenebrosa resolución.
36         Era evidente que se juntaban allí
37         «dos almas, pero un solo pensamiento».
38         Tom, limpiándose las lágrimas con la manga,
39         empezó a balbucear algo
40         acerca de una resolución de escapar
41         a los malos tratos
42         y falta de cariño en su casa,
43         lanzándose a errar por el mundo,
44         para nunca volver,
45         y acabó expresando la esperanza
46         de que Joe no le olvidaría.
47         Pero pronto se traslució
48         que ésta era la misma súplica
49         que Joe iba a hacer en aquel momento a Tom.
50         Le había azotado su madre
51         por haber goloseado una cierta crema
52         que jamás había entrado en su boca
53         y cuya existencia ignoraba.
54         Claramente se veía
55         que su madre estaba cansada de él,
56         y que quería que se fuera;
57         y si ella lo quería así,
58         no le quedaba otro remedio
59         que sucumbir.
60         Mientras seguían su paso condoliéndose,
61         hicieron un nuevo pacto de ayudarse mutuamente
62         y ser hermanos y no separarse
63         hasta que la muerte los librase de sus cuitas.
64         Después empezaron a trazar sus planes.
65         Joe se inclinaba a ser anacoreta
66         y vivir de mendrugos en una remota cueva,
67         y morir, con el tiempo, de frío,
68         privaciones y penas;
69         pero después de oír a Tom reconoció
70         que había ventajas notorias
71         en una vida consagrada al crimen
72         y se avino a ser pirata.
73         Tres millas aguas abajo de San Petersburgo,
74         en un sitio donde el Misisipí
75         tenía más de una milla de ancho,
76         había una isla larga, angosta
77         y cubierta de bosque
78         con una barra muy somera en la punta más cercana
79         y que parecía excelente
80         para base de operaciones.
81         No estaba habitada;
82         se hallaba del lado de allá del río,
83         frente a una densa selva casi desierta.
84         Eligieron, pues, aquel lugar,
85         que se llamaba Isla de Jackson.
86         Quiénes iban a ser las víctimas de sus piraterías,
87         era un punto en el que no pararon mientes.
88         Después se dedicaron a la caza
89         de Huckleberry Finn,
90         el cual se les unió, desde luego,
91         pues todas las profesiones eran iguales para él:
92         le era indiferente.
93         Luego se separaron,
94         conviniendo en volver a reunirse
95         en un paraje solitario,
96         en la orilla del río,
97         dos millas más arriba del pueblo,
98         a la hora favorita, esto es, a medianoche.
99         Había allí una pequeña balsa de troncos
100       que se proponían apresar.
101       Todos ellos traerían anzuelos
102       y tanzas y las provisiones que pudieron robar,
103       de un modo tenebroso y secreto,
104       como convenía a gentes fuera de la ley;
105       y aquella misma tarde todos se proporcionaron
106       el delicioso placer
107       de esparcir la noticia
108       de que muy pronto todo el pueblo
109       iba a oír «algo gordo».
110       Y a todos los que recibieran esa vaga confidencia
111       se les previno que debían
112       «no decir nada y aguardar».
113       A eso de medianoche llegó Tom
114       con un jamón cocido
115       y otros pocos víveres,
116       y se detuvo en un pequeño acantilado
117       cubierto de espesa vegetación,
118       que dominaba el lugar de la cita.
119       El cielo estaba estrellado y la noche tranquila.
120       El grandioso río susurraba
121       como un océano en calma.
122       Tom escuchó un momento,
123       pero ningún ruido turbaba la quietud.
124       Dio un largo y agudo silbido.
125       Otro silbido se oyó debajo del acantilado.
126       Tom silbó dos veces más,
127       y la señal fue contestada del mismo modo.
128       Después se oyó una voz sigilosa:
129          – ¿Quién vive?
130          – ¡Tom Sawyer
131       el Tenebroso Vengador de la América Española!
132       ¿Quién sois vosotros?
133          – Huck Finn el Manos Rojas,
134       y Joe Horper el Terror de los Mares.
135       (Tom les había provisto de esos títulos,
136       sacados de su literatura favorita.)
137          – Bien está; decid la contraseña.
138       Dos voces broncas y apagadas
139       murmuraron, en el misterio de la noche,
140       la misma palabra espeluznante: ¡SANGRE!
141       Entonces Tom dejó deslizarse el jamón,
142       por el acantilado abajo y siguió él detrás,
143       dejando en la aspereza del camino
144       algo de ropa y de su propia piel.
145       Había una cómoda senda a lo largo de la orilla
146       y bajo el acantilado,
147       pero le faltaba la ventaja de la dificultad y el peligro,
148       tan apreciables para un pirata.
149       El Terror de los Mares había traído
150       una hoja de tocino
151       y llegó aspeado bajo su pesadumbre.
152       Finn el de las Manos Rojas
153       había hurtado una cazuela
154       y buena cantidad de hoja de tabaco
155       a medio curar
156       y había aportado además algunas mazorcas
157       para hacer con ellas pipas.
158       Pero ninguno de los piratas
159       fumaba o masticaba tabaco más que él.
160       El Tenebroso Vengador dijo
161       que no era posible
162       lanzarse a las aventuras sin llevar fuego.
163       Era una idea previsora:
164       en aquel tiempo apenas se conocían los fósforos.
165       Vieron un rescoldo en una gran almadía,
166       cien varas río arriba,
167       y fueron sigilosamente allí
168       y se apoderaron de unos tizones.
169       Hicieron de ello una imponente aventura,
170       murmurando «¡chist!» a cada paso
171       y parándose de repente con un dedo en los labios,
172       llevando las manos
173       en imaginarias empuñaduras de dagas
174       y dando órdenes, en voz temerosa y baja,
175       de «si el enemigo» se movía,
176       hundírselas «hasta las cachas»,
177       porque «los muertos no hablan».
178       Sabían de sobra que los tripulantes de la almadía
179       estaban en el pueblo abasteciéndose,
180       o de zambra y bureo;
181       pero eso no era bastante motivo
182       para que no hicieran la cosa a estilo piratesco.
183       Poco después desatracaban la balsa,
184       bajo el mando de Tom,
185       con Huck en el remo de popa
186       y Joe en el de proa.
187       Tom iba erguido en mitad de la embarcación,
188       con los brazos cruzados y la frente sombría,
189       y daba las órdenes con bronca a imperiosa voz.
190          – ¡Cíñete al viento!...
191       ¡No guiñar, no guiñar!...
192       ¡Una cuarta a barlovento!...
193       Como los chicos no cesaban de empujar la balsa
194       hacia el centro de la corriente,
195       era cosa entendida que esas órdenes
196       se daban sólo por el buen parecer
197       y sin que significasen absolutamente nada.
198          – ¿Qué aparejo lleva?
199          – Gavias, juanetes y foque.
200          – ¡Larga las monterillas!
201       ¡Que suban seis de vosotros a las crucetas!...
202       ¡Templa las escotas!... ¡Todo a babor!
203       ¡Firme!
204       La balsa traspasó la fuerza de la corriente,
205       y los muchachos enfilaron hacia la isla,
206       manteniendo la dirección con los remos.
207       En los tres cuartos de hora siguientes
208       apenas hablaron palabra.
209       La balsa estaba pasando
210       por delante del lejano pueblo.
211       Dos o tres lucecillas parpadeantes
212       señalaban el sitio donde yacía,
213       durmiendo plácidamente,
214       más allá de la vasta extensión de agua
215       tachonada de reflejos de estrellas,
216       sin sospechar el tremendo acontecimiento
217       que se preparaba.
218       El Tenebroso Vengador permanecía aún
219       con los brazos cruzados,
220       dirigiendo una «última mirada»
221       a la escena de sus pasados placeres
222       y de sus recientes desdichas,
223       y sintiendo que «ella»
224       no pudiera verle en aquel momento,
225       perdido en el proceloso mar,
226       afrontando el peligro y la muerte
227       con impávido corazón
228       y caminando hacia su perdición
229       con una amarga sonrisa en los labios.
230       Poco le costaba a su imaginación
231       trasladar la Isla de Jackson
232       más allá de la vista del pueblo;
233       así es que lanzó su «última mirada» con ánimo
234       a la vez desesperado y satisfecho.
235       Los otros piratas
236       también estaban dirigiendo «últimas miradas»
237       y tan largas fueron
238       que estuvieron a punto de dejar que la corriente
239       arrastrase la balsa fuera del rumbo de la isla.
240       Pero notaron el peligro a tiempo
241       y se esforzaron en evitarlo.
242       Hacia las dos de la mañana
243       la embarcación varó en la barra,
244       a doscientas varas de la punta de la isla,
245       y sus tripulantes estuvieron vadeando
246       entre la balsa y la isla
247       hasta que desembarcaron su cargamento.
248       Entre los pertrechos había una vela decrépita,
249       y la tendieron sobre un cobijo,
250       entre los matorrales,
251       para resguardar las provisiones.
252       Ellos pensaban dormir al aire libre
253       cuando hiciera buen tiempo,
254       como correspondía a gente aventurera.
255       Hicieron una hoguera al arrimo de un tronco caído
256       a poca distancia de donde comenzaban
257       las densas umbrías del bosque;
258       guisaron tocino en la sartén,
259       para cenar,
260       y gastaron la mitad de la harina de maíz
261       que habían llevado.
262       Les parecía cosa grande
263       estar allí de orgía, sin trabas,
264       en la selva virgen de una isla desierta a inexplorada,
265       lejos de toda humana morada,
266       y se prometían
267       que no volverían nunca a la civilización.
268       Las llamas se alzaron iluminando sus caras,
269       y arrojaban su fulgor rojizo
270       sobre las columnatas del templo
271       de árboles del bosque
272       y sobre el coruscante follaje
273       y los festones de las plantas trepadoras.
274       Cuando desapareció
275       la última sabrosa lonja de tocino
276       y devoraron la ración de borona,
277       se tendieron sobre la hierba,
278       rebosantes de felicidad.
279       Fácil hubiera sido buscar
280       sitio más fresco,
281       pero no se querían privar
282       de un detalle tan romántico
283       como la abrasadora fogata del campamento.
284          – ¿No es esto cosa rica? – dijo Joe.
285          – De primera – contestó Tom.
286          – ¿Qué dirían los chicos si nos viesen?
287          – ¿Decir?
288       Se morirían de ganas de estar aquí.
289       ¿Eh, Huck?
290          – Puede que sí – dijo Huckleberry – ;
291       a mí, al menos, me va bien,
292       no necesito cosa mejor.
293       Casi nunca tengo lo que necesito de comer...,
294       y además, aquí no pueden venir
295       y darle a uno de patadas y no dejarle en paz.
296          – Es la vida que a mí me gusta –
297       prosiguió Tom –:
298       no hay que levantarse de la cama temprano,
299       no hay que ir a la escuela,
300       ni que lavarse,
301       ni todas esas malditas boberías.
302       Ya ves, Joe,
303       un pirata no tiene nada que hacer
304       cuando está en tierra;
305       pero un anacoreta tiene que rezar una atrocidad
306       y no tiene ni una diversión,
307       porque siempre está solo.
308          – Es verdad – dijo Joe – ,
309       pero no había pensado bastante en ello, ¿sabes?
310       Quiero mucho más ser un pirata,
311       ahora que ya he hecho la prueba.
312          – Tal vez – dijo Tom – 
313       a la gente no le da mucho
314       por los anacoretas en estos tiempos,
315       como pasaba en los antiguos;
316       pero un pirata es siempre muy bien mirado.
317       Y los anacoretas tienen que dormir siempre
318       en los sitios más duros que pueden encontrar,
319       y se ponen arpillera
320       y cenizas en la cabeza,
321       y se mojan si llueve, y...
322          – ¿Para qué se ponen arpilleras
323       y ceniza en la cabeza? – preguntó Huck – 
324          – No sé. Pero tienen que hacerlo.
325       Los anacoretas siempre hacen eso.
326       Tú tendrías que hacerlo
327       si lo fueras.
328          – ¡Un cuerno haría yo! – dijo Huck.
329          – Pues ¿qué ibas a hacer?
330          – No sé; pero eso no.
331          – Pues tendrías que hacerlo, Huck.
332       ¿Cómo te ibas a arreglar si no?
333          – Pues no lo aguantaría. Me escaparía.
334          – ¿Escaparte?
335       ¿Vaya una porquería de anacoreta que ibas a ser tú!
336       ¡Sería una vergüenza!
337       Manos Rojas no contestó
338       por estar en más gustosa ocupación.
339       Había acabado de agujerear una mazorca,
340       y, clavando en ella un tallo hueco
341       para servir de boquilla,
342       la llenó de tabaco
343       y apretó un ascua contra la carga,
344       lanzando al aire una nube de humo fragante.
345       Estaba en la cúspide del solaz voluptuoso.
346       Los otros piratas envidiaban
347       aquel vicio majestuoso
348       y resolvieron en su interior adquirirlo en seguida.
349       Huck preguntó:
350          – ¿Qué es lo que tienen que hacer los piratas?
351          – Pues pasarlo en grande...;
352       apresar barcos y quemarlos,
353       y coger el dinero
354       y enterrarlo en unos sitios espantosos,
355       en su isla;
356       y matar a todos los que van en los barcos...:
357       les hacen «pasear la tabla».
358       Y se llevan a las mujeres a la isla – dijo Joe – ;
359       no matan a las mujeres.
360          – No – asintió Tom – ; no las matan:
361       son demasiado nobles.
362       Y las mujeres son siempre preciosísimas, además.
363          – ¡Y que no llevan trajes de lujo!... ¡Ja!
364       Todos de plata y oro y diamantes –
365       añadió Joe con entusiasmo.
366          – ¿Quién? – dijo Huck.
367          – Pues los piratas.
368       Huck echó un vistazo lastimero a su indumento.
369          – Me parece que yo no estoy vestido
370       propiamente para un pirata –
371       dijo, con patético desconsuelo en la voz – ;
372       pero no tengo más que esto.
373       Pero los otros le dijeron
374       que los trajes lujosos lloverían a montones
375       en cuanto empezasen sus aventuras.
376       Le dieron a entender
377       que sus míseros pingos bastarían para el comienzo,
378       aunque era costumbre
379       que los piratas opulentos
380       debutasen con un guardarropa adecuado.
381       Poco a poco fue cesando la conversación
382       y se iban cerrando los ojos de los solitarios.
383       La pipa se escurrió
384       de entre los dedos de Manos Rojas
385       y se quedó dormido con el sueño del que tiene
386       la conciencia ligera y el cuerpo cansado.
387       El Terror de los Mares
388       y el Tenebroso Vengador de la América Española
389       no se durmieron tan fácilmente.
390       Recitaron sus oraciones mentalmente y tumbados,
391       puesto que no había allí nadie
392       que los obligase
393       a decirlas en voz alta y de rodillas;
394       verdad es que estuvieron tentados a no rezar,
395       pero tuvieron miedo de ir tan lejos como todo eso,
396       por si llamaban sobre ellos
397       un especial y repentino
398       rayo del cielo.
399       Poco después se cernían
400       sobre el borde mismo del sueño,
401       pero sobrevino un intruso
402       que no les dejó caer en él:
403       era la conciencia.
404       Empezaron a sentir un vago temor
405       de que se habían portado muy mal
406       escapando de sus casas;
407       y después, se acordaron
408       de los comestibles robados,
409       y entonces comenzaron verdaderas torturas.
410       Trataron de acallarlas recordando a sus conciencias
411       que habían robado antes golosinas
412       y manzanas docenas de veces;
413       pero la conciencia no se aplacaba
414       con tales sutilezas.
415       Les parecía que, con todo, no había medio
416       de saltar sobre el hecho inconmovible
417       de que apoderarse de golosinas
418       no era más que «tomar»,
419       mientras que llevarse jamón y tocinos
420       y cosas por el estilo
421       era, simple y sencillamente, «robar»
422       y había contra eso un mandamiento en la Biblia.
423       Por eso resolvieron
424       en su fuero interno
425       que, mientras permaneciesen en el oficio,
426       sus piraterías no volverían a envilecerse
427       con el crimen del robo.
428       Con esto la conciencia les concedió una tregua,
429       y aquellos raros a inconsecuentes piratas
430       se quedaron pacíficamente dormidos.

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