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Capítulo-16. Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-16 Ярчайшая вспышка превратила ночь в день - Capitulo-16 Un resplandor espectral convirtió la noche en día

Capítulo 16 - Глава 16

 Ярчайшая вспышка превратила ночь в день

 

1           Después de comer toda la cuadrilla se fue
2           a la caza de huevos de tortuga en la barra.
3           Iban de un lado a otro
4           metiendo palitos en la arena,
5           y cuando encontraban un sitio blando
6           se ponían de rodillas y escarbaban con las manos.
7           A veces sacaban cincuenta o sesenta
8           de un solo agujero.
9           Eran redonditos y blancos,
10         un poco menores que una nuez.
11         Tuvieron aquella noche
12         una soberbia fritada de huevos
13         y otra el viernes por la mañana.
14         Después de desayunar corrieron a la barra,
15         dando relinchos y cabriolas,
16         persiguiéndose unos a otros
17         y soltando prendas de ropa por el camino,
18         hasta quedar desnudos;
19         y entonces continuaron la algazara dentro del agua
20         hasta un sitio donde la corriente impetuosa
21         les hacía perder pie de cuando en cuando,
22         aumentando con ello el jolgorio y los gritos.
23         Se echaban unos a otros agua a la cara,
24         acercándose con las cabezas vueltas
25         para evitar la ducha, y se venían a las manos
26         y forcejeaban hasta que el más fuerte
27         chapuzaba a su adversario;
28         y luego los tres juntos cayeron bajo el agua
29         en un agitado revoltijo de piernas y brazos,
30         y volvieron a salir, resoplando,
31         jadeantes y sin aliento.
32         Cuando ya no podían más
33         de puro cansancio,
34         corrían a tenderse en la arena,
35         seca y caliente,
36         y se cubrían con ella,
37         y a poco volvían otra vez al agua
38         a repetir, una vez más, todo el programa.
39         Después se les ocurrió
40         que su piel desnuda imitaba bastante bien
41         unas mallas de titiritero,
42         a inmediatamente trazaron un redondel en la arena
43         y jugaron al circo:
44         un circo con tres payasos,
45         pues ninguno quiso ceder a los demás
46         posición de tanta importancia y brillo.
47         Más tarde sacaron las canicas
48         y jugaron con ellas a todos los juegos conocidos,
49         hasta que se hastiaron de la diversión.
50         Joe y Huck se fueron otra vez a nadar,
51         pero Tom no se atrevió
52         porque, al echar los pantalones por el aire,
53         había perdido la pulsera
54         de escamas de serpiente de cascabel
55         que llevaba en el tobillo.
56         Cómo había podido librarse de un calambre
57         tanto tiempo
58         sin la protección de aquel misterioso talismán,
59         era cosa que no comprendía.
60         No se determinó a volver al agua
61         hasta que lo encontró,
62         y para entonces ya estaban los otros fatigados
63         y con ganas de descansar.
64         Poco a poco se desperdigaron,
65         se pusieron melancólicos
66         y miraban anhelosos,
67         a través del ancho río,
68         al sitio donde el pueblo sesteaba al sol.
69         Tom se sorprendió a sí mismo
70         escribiendo Becky en la arena
71         con el dedo gordo del pie;
72         lo borró
73         y se indignó contra su propia debilidad.
74         Pero, sin embargo, lo volvió a escribir de nuevo;
75         no podía remediarlo.
76         Lo borró una vez más,
77         y para evitar la tentación
78         fue a juntarse con los otros.
79         Pero los ánimos de Joe
80         habían decaído a un punto
81         en que ya no era posible levantarlos.
82         Sentía la querencia de su casa
83         y ya no podía soportar la pena
84         de no volver a ella.
85         Tenía las lágrimas prontas a brotar.
86         Huck también estaba melancólico.
87         Tom se sentía desanimado,
88         pero luchaba para no mostrarlo.
89         Tenía guardado un secreto
90         que aún no estaba dispuesto a revelar;
91         pero si aquella desmoralización de sus secuaces
92         no desaparecía pronto
93         no tendría más remedio que descubrirlo.
94         En tono amistoso y jovial les dijo:
95            – Apostaría
96         a que ya ha habido piratas en esta isla.
97         Tenemos que explorarla otra vez.
98         Habrán escondido tesoros por aquí.
99         ¿Qué os parecería
100       si diésemos con un cofre carcomido
101       todo lleno de oro y plata, eh?
102       Pero no despertó más que
103       un desmayado entusiasmo,
104       que se desvaneció sin respuesta.
105       Tom probó otros medios de seducción,
106       pero todos fallaron:
107       era ingrata a inútil tarea.
108       Joe estaba sentado, con fúnebre aspecto,
109       hurgando la arena con un palo,
110       y al fin dijo:
111          – Vamos, chicos, dejemos ya esto.
112       Yo quiero irme a casa.
113       Está esto tan solitario...
114          – No, Joe, no;
115       ya te encontrarás mejor poco a poco – dijo Tom  –.
116       Piensa en lo que podemos pescar aquí.
117          – No me importa la pesca.
118       Lo que quiero es ir a casa.
119          – Pero mira
120       que no hay otro sitio como éste para nadar...
121          – No me gusta nadar.
122       Por lo menos,
123       parece como que no me gusta
124       cuando no tengo a nadie
125       que me diga que no lo haga.
126       Me vuelvo a mi casa.
127          – ¡Vaya un nene!
128       Quieres ver a tu mamá, por supuesto.
129          – Sí, quiero ver a mi madre;
130       y también tú querrías si la tuvieses.
131       ¡El nene serás tú! –
132       Y Joe hizo un puchero.
133          – Bueno, bueno; que se vuelva a casa
134       el niño llorón con su mamá,
135       ¿no es verdad, Huck?
136       ¡Pobrecito, que quiere ver a su mamá!
137       Pues que la vea...
138       A ti te gusta estar aquí, ¿no es verdad, Huck?
139       Nosotros nos quedaremos, ¿no es eso?
140       Huck dijo un «Sí...» por compromiso.
141          – No me vuelvo a juntar contigo mientras viva –
142       dijo Joe levantándose –.
143       ¡Ya está! – y se alejó enfurruñado
144       y empezó a vestirse.
145          – ¿Qué importa? – dijo Tom –.
146       ¡Como si yo quisiera juntarme!
147       Vuélvete a casa para que se rían de ti.
148       ¡Vaya un pirata!
149       Huck y yo no somos nenes lloricones.
150       Aquí nos estamos, ¿verdad, Huck?
151       Que se largue si quiere.
152       Podemos pasar sin él.
153       Pero Tom estaba, sin embargo, inquieto,
154       y se alarmó al ver a Joe, que ceñudo,
155       seguía vistiéndose.
156       También era poco tranquilizador ver a Huck,
157       que miraba aquellos preparativos con envidia
158       y guardaba un ominoso silencio.
159       De pronto, Joe, sin decir palabra,
160       empezó a vadear hacia la ribera de Illinois.
161       A Tom se le encogió el corazón.
162       Miró a Huck.
163       Huck no pudo sostener la mirada
164       y bajó los ojos.
165          – También yo quiero irme, Tom – dijo –;
166       se iba poniendo esto muy solitario,
167       y ahora lo estará más.
168       Vámonos nosotros también.
169          – No quiero: podéis iros todos
170       si os da la gana.
171       Estoy resuelto a quedarme.
172          – Tom, pues yo creo que es mejor que me vaya.
173          – Pues vete... ¿quién te lo impide?
174       Huck empezó a recoger
175       sus pingos dispersos,
176       y después dijo:
177          – Tom, más valiera que vinieras tú.
178       Piénsalo bien.
179       Te esperaremos cuando lleguemos a la orilla.
180          – Bueno; pues vais a esperar un rato largo.
181       Huck echó a andar apesadumbrado
182       y Tom le siguió con la mirada,
183       y sentía un irresistible deseo
184       de echar a un lado su amor propio
185       y marcharse con ellos.
186       Tuvo una lucha final con su vanidad
187       y después echó a correr tras su compañero gritando:
188          – ¡Esperad! ¡Esperad!
189       ¡Tengo que deciros una cosa!
190       Los otros se detuvieron aguardándole.
191       Cuando los alcanzó
192       comenzó a explicarles su secreto,
193       y le escucharon de mala gana
194       hasta que al fin vieron «dónde iba a parar»,
195       y lanzaron gritos de entusiasmo
196       y dijeron que era una cosa «de primera»
197       y que si antes se lo hubiera dicho
198       no habrían pensado en irse.
199       Tom dio una disculpa aceptable;
200       pero el verdadero motivo de su tardanza
201       había sido el terror de que ni siquiera el secreto
202       tendría fuerza bastante
203       para retenerlos a su lado mucho tiempo,
204       y por eso lo había guardado
205       como el último recurso para seducirlos.
206       Los chicos dieron la vuelta alegremente
207       y tornaron a sus juegos con entusiasmo,
208       hablando sin cesar
209       del estupendo plan de Tom
210       y admirados de su genial inventiva.
211       Después de una gustosa comida de huevos y pescado
212       Tom declaró su intención
213       de aprender a fumar allí mismo.
214       A Joe le sedujo la idea y añadió
215       que a él también le gustaría probar.
216       Así, pues, Huck fabricó las pipas y las cargó.
217       Los dos novicios no habían fumado nunca
218       más que cigarros
219       hechos de hojas secas,
220       los cuales, además de quemar la lengua,
221       eran tenidos por cosa poco varonil.
222       Tendidos, y reclinándose sobre los codos,
223       empezaron a fumar
224       con brío y con no mucha confianza.
225       El humo sabía mal y carraspeaban a menudo;
226       pero Tom dijo:
227          – ¡Bah! ¡Es cosa fácil!
228       Si hubiera sabido que no era más que esto
229       hubiera aprendido mucho antes.
230          – Igual me pasa a mí – dijo Joe –. Esto no es nada.
231          – Pues mira – prosiguió Tom –.
232       Muchas veces he visto fumar a la gente, y decía:
233       «¡Ojalá pudiera yo fumar!»;
234       pero nunca se me ocurrió que podría.
235       Eso es lo que me pasaba, ¿no es verdad, Huck?
236       ¿No me lo has oído decir?
237          – La mar de veces – contestó Huck.
238          – Una vez lo dije junto al matadero,
239       cuando estaban todos los chicos delante.
240       ¿Te acuerdas, Huck?
241          – Eso fue el día que perdí la canica blanca...
242       No, el día antes.
243          – Podría estar fumando esta pipa todo el día –
244       dijo Joe –.
245       No me marea.
246          – Ni a mí tampoco – dijo Tom –;
247       pero apuesto a que Jeff Thatcher no era capaz.
248          – ¿Jeff Thatcher! ¡Ca!
249       Con dos chupadas estaba rodando por el suelo.
250       Que haga la prueba.
251       ¡Lo que yo daría porque los chicos
252       nos estuviesen viendo ahora!
253          – ¡Y yo! Lo que tenéis que hacer es no decir nada,
254       y un día, cuando estén todos juntos,
255       me acerco y te digo:
256       «Joe, ¿tienes tabaco? Voy a echar una pipa».
257       Y tú dices, así como si no fuera nada:
258       «Sí, tengo mi pipa vieja y además otra;
259       pero el tabaco vale poco».
260       Y yo te digo: «¡Bah!, ¡con tal de que sea fuerte...!»
261       Y entonces sacas las pipas
262       y las encendemos, tan frescos,
263       y ¡habrá que verlos!
264          – ¡Qué bien va a estar!
265       ¡Qué lástima que no pueda ser ahora mismo, Tom!
266          – Y cuando nos oigan decir
267       que aprendimos
268       mientras estábamos pirateando,
269       ¡lo que darían
270       por haberlo hecho ellos también!
271       Así siguió la charla;
272       pero de pronto empezó a flaquear un poco
273       y a hacerse desarticulada.
274       Los silencios se prolongaban
275       y aumentaban prodigiosamente las expectoraciones.
276       Cada poro dentro de las bocas de los muchachos
277       se había convertido en un surtidor
278       y apenas podían achicar bastante deprisa
279       las lagunas que se les formaban bajo las lenguas,
280       para impedir una inundación;
281       frecuentes desbordamientos
282       les bajaban por la garganta
283       a pesar de todos sus esfuerzos,
284       y cada vez
285       les asaltaban repentinas náuseas.
286       Los dos chicos estaban muy pálidos y abatidos.
287       A Joe se le escurrió la pipa
288       de entre los dedos fláccidos.
289       La de Tom hizo lo mismo.
290       Ambas fuentes fluían con ímpetu furioso,
291       y ambas bombas achicaban a todo vapor.
292       Joe dijo con voz tenue:
293          – Se me ha perdido la navaja.
294       Más vale que vaya a buscarla.
295       Tom dijo, con temblorosos labios
296       y tartamudeando:
297          – Voy a ayudarte.
298       Tú te vas por allí y yo buscaré junto a la fuente.
299       No, no vengas Huck, nosotros la encontraremos.
300       Huck se volvió a sentar y esperó una hora.
301       Entonces empezó a sentirse solitario
302       y marchó en busca de sus compañeros.
303       Los encontró muy apartados, en el bosque,
304       ambos palidísimos y profundamente dormidos.
305       Pero algo le hizo saber que,
306       si habían tenido alguna incomodidad,
307       se habían desembarazado de ella.
308       Hablaron poco aquella noche
309       a la hora de la cena.
310       Tenían un aire humilde,
311       y cuando Huck preparó su pipa
312       después del ágape
313       y se disponía a preparar las de ellos,
314       dijeron que no,
315       que no se sentían bien...:
316       alguna cosa habían comido a mediodía
317       que les había sentado mal.
318       A eso de medianoche Joe se despertó
319       y llamó a los otros.
320       En el aire había una angustiosa pesadez,
321       como el presagio amenazador
322       de algo que se fraguaba en la oscuridad.
323       Los chicos se apiñaron
324       y buscaron la amigable compañía del fuego,
325       aunque el calor bochornoso de la atmósfera
326       era sofocante.
327       Permanecieron sentados, sin moverse,
328       sobrecogidos, en anhelosa espera.
329       Más allá del resplandor del fuego
330       todo desaparecía en una negrura absoluta.
331       Una temblorosa claridad
332       dejó ver confusamente el follaje por un instante
333       y se extinguió en seguida.
334       Poco después vino otra algo más intensa,
335       y otra y otra la siguieron.
336       Se oyó luego como un débil lamento
337       que suspiraba por entre las ramas del bosque,
338       y los muchachos sintieron un tenue soplo
339       sobre sus rostros,
340       y se estremecieron imaginando
341       que el Espíritu de la noche había pasado sobre ellos.
342       Hubo una pausa,
343       un resplandor espectral convirtió la noche en día
344       y mostró nítidas y distintas
345       hasta las más diminutas briznas de hierba,
346       y mostró también tres caras
347       lívidas y asustadas.
348       Un formidable trueno fue retumbando por los cielos
349       y se perdió, con sordas repercusiones, en la distancia.
350       Una bocanada de aire frío barrió el bosque
351       agitando el follaje
352       y esparció como copos de nieve
353       las cenizas del fuego.
354       Otro relámpago cegador iluminó la selva,
355       y tras él siguió el estallido de un trueno
356       que pareció desgajar las copas de los árboles
357       sobre las cabezas de los muchachos.
358       Los tres se abrazaron aterrados,
359       en la densa oscuridad
360       en que todo volvió a sumergirse.
361       Gruesas gotas de lluvia
362       empezaron a golpear las hojas.
363          – ¡A escape, chicos! ¡A la tienda!
364       Se irguieron de un salto y echaron a correr,
365       tropezando en las raíces y en las lianas,
366       cada uno por su lado.
367       Un vendaval furioso rugió por entre los árboles
368       sacudiendo y haciendo crujir
369       cuanto encontraba en su camino.
370       Deslumbrantes relámpagos
371       y truenos ensordecedores
372       se sucedían sin pausa.
373       Y después cayó una lluvia torrencial,
374       que el huracán impedía
375       en líquidas sábanas a ras del suelo.
376       Los chicos se llamaban a gritos,
377       pero los bramidos del viento
378       y el retumbar de la tronada,
379       ahogaban por completo sus voces.
380       Sin embargo, se juntaron al fin
381       y buscaron cobijo bajo la tienda,
382       ateridos, temblando de espanto, empapados de agua;
383       pero gozosos de hallarse en compañía
384       en medio de su angustia.
385       No podían hablar por la furia
386       con que aleteaba la maltrecha vela,
387       aunque otros ruidos lo hubiesen permitido.
388       La tempestad crecía por momentos,
389       y la vela, desgarrando sus ataduras,
390       marchó volando en la turbonada.
391       Los chicos, cogidos de la mano, huyeron,
392       arañándose y dando tumbos,
393       a guarecerse bajo un gran roble
394       que se erguía a la orilla del río.
395       La batalla estaba en su punto culminante.
396       Bajo la incesante deflagración de los relámpagos
397       que flameaban en el cielo
398       todo se destacaba crudamente y sin sombras;
399       los árboles doblegados,
400       el río ondulante cubierto de blancas espumas,
401       que el viento arrebataba,
402       y las indecisas líneas de los promontorios
403       y acantilados de la otra orilla,
404       se vislumbraban a ratos
405       a través del agitado velo de la oblicua lluvia.
406       A cada momento algún árbol gigante
407       se rendía en la lucha
408       y se desplomaba con estruendosos chasquidos
409       sobre los otros más jóvenes,
410       y el fragor incesante de los truenos
411       culminaba ahora
412       en estallidos repentinos y rápidos,
413       explosiones que desgarraban el oído
414       y producían indecible espanto.
415       La tempestad realizó un esfuerzo supremo,
416       como si fuera a hacer la isla pedazos,
417       incendiarla, sumergirla
418       hasta los ápices de los árboles,
419       arrancarla de su sitio
420       y aniquilar a todo ser vivo
421       que en ella hubiese,
422       todo a la vez, en el mismo instante.
423       Era una tremenda noche
424       para pasarla a la intemperie
425       aquellos pobres chiquillos sin hogar.
426       Pero al cabo la batalla llegó a su fin,
427       y las fuerzas contendientes se retiraron,
428       con amenazas y murmullos
429       cada vez más débiles y lejanos,
430       y la paz recuperó sus fueros.
431       Los chicos volvieron al campamento,
432       todavía sobrecogidos de espanto;
433       pero vieron que aún tenían algo
434       que agradecer,
435       porque el gran sicómoro
436       resguardo de sus yacijas
437       no era ya más que una ruina,
438       hendido por los rayos,
439       y no habían estado ellos allí, bajo su cobijo,
440       cuando la catástrofe ocurrió.
441       Todo en el campamento estaba empapado,
442       incluso la hoguera,
443       pues no eran sino
444       imprevisoras criaturas,
445       como su generación,
446       y no habían tomado precauciones
447       para en caso de lluvia.
448       Gran desdicha era,
449       porque estaban chorreando y escalofriados.
450       Hicieron gran lamentación,
451       pero en seguida descubrieron que el fuego
452       había penetrado tanto bajo el enorme tronco
453       que servía de respaldar a la hoguera,
454       que un pequeño trecho
455       había escapado a la mojadura.
456       Así, pues, con paciente trabajo,
457       y arrimando briznas
458       y cortezas de otros troncos
459       resguardados del chaparrón,
460       consiguieron reanimarlo.
461       Después apilaron encima
462       gran provisión de palos secos,
463       hasta que surgió de nuevo
464       una chisporroteante hoguera,
465       y otra vez se les alegró el corazón.
466       Sacaron el jamón cocido y tuvieron un festín;
467       y sentados después en torno del fuego
468       comentaron, exageraron y glorificaron
469       su aventura nocturna
470       hasta que rompió el día,
471       pues no había un sitio seco
472       donde tenderse a dormir
473       en todos aquellos alrededores.
474       Cuando el sol empezó a acariciar a los muchachos
475       sintieron éstos invencible somnolencia
476       y se fueron al banco de arena
477       a tumbarse y dormir.
478       El sol les abrazó la piel
479       muy a su sabor,
480       y mohínos se pusieron a preparar el desayuno.
481       Después se sintieron con los cuerpos anquilosados,
482       sin coyunturas, y además
483       un tanto nostálgicos de sus casas.
484       Tom vio los síntomas,
485       y se puso a reanimar a los piratas
486       lo mejor que pudo.
487       Pero no sentían ganas de canicas, ni de circo,
488       ni de nadar, ni de cosa alguna.
489       Les hizo recordar el importante secreto,
490       y así consiguió despertar en ellos un poco de alegría.
491       Antes de que se desvaneciese,
492       logró interesarlos en una nueva empresa.
493       Consistía en dejar de ser piratas
494       por un rato
495       y ser indios, para variar un poco.
496       La idea los sedujo:
497       así es que se desnudaron en un santiamén
498       y se embadurnaron con barro, a franjas, como cebras.
499       Los tres eran jefes, por supuesto,
500       y marcharon a escape, a través del bosque,
501       a atacar un poblado de colonos ingleses.
502       Después se dividieron
503       en tres tribus hostiles,
504       y se dispararon flechas unos a otros
505       desde emboscadas,
506       con espeluznantes gritos de guerra,
507       y se mataron y se arrancaron las cabelleras por miles.
508       Fue una jornada sangrienta
509       y, por consiguiente, satisfactoria.
510       Se reunieron en el campamento a la hora de cenar,
511       hambrientos y felices.
512       Pero surgió una dificultad:
513       indios enemigos
514       no podían comer juntos el pan de la hospitalidad
515       sin antes hacer las paces,
516       y esto era, simplemente, una imposibilidad
517       sin fumar la pipa de la paz.
518       Jamás habían oído
519       de ningún otro procedimiento.
520       Dos de los salvajes casi se arrepentían
521       de haber dejado de ser piratas.
522       Sin embargo, ya no había remedio,
523       y con toda la jovialidad
524       que pudieron simular
525       pidieron la pipa y dieron su chupada,
526       según iba pasando a la redonda, conforme al rito.
527       Y he aquí que se dieron por contentos
528       de haberse dedicado al salvajismo,
529       pues algo habían ganado con ello:
530       vieron que ya podían fumar un poco
531       sin tener que marcharse a buscar navajas perdidas,
532       y que no se llegaban a marear del todo.
533       No era probable que por la falta de aplicación,
534       desperdiciasen tontamente
535       tan halagüeñas esperanzas como aquello prometía.
536       No; después de cenar prosiguieron,
537       con prudencia, sus ensayos,
538       y el éxito fue lisonjero,
539       pasando por tanto, una jubilosa velada.
540       Se sentían más orgullosos y satisfechos
541       de su nueva habilidad
542       que lo hubieran estado de mondar
543       y pelar los cráneos de las tribus de las Seis Naciones.
544       Dejémoslos fumar,
545       charlar y fanfarronear,
546       pues por ahora no nos hacen falta. 

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