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Capítulo-17. Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-17 Все бросились обнимать своих воскресших - Capitulo-17 Todos se arrojaron sobre sus respectivos resucitados

Capítulo 17 - Глава 17

 Все бросились обнимать своих воскресших

 

1           Pero no había risas ni regocijos en el pueblo
2           aquella tranquila tarde del sábado.
3           Las familias de los Harper y de tía Polly
4           estaban vistiéndose de luto
5           entre congojas y lágrimas.
6           Una inusitada quietud
7           prevalecía en toda la población,
8           ya de suyo quieta
9           y tranquila a machamartillo.
10         Las gentes atendían a sus menesteres
11         con aire distraído
12         y hablaban poco pero suspiraban mucho.
13         El asueto del sábado
14         les parecía una pesadumbre a los chiquillos:
15         no ponían entusiasmo en sus juegos
16         y poco a poco desistieron de ellos.
17         Por la tarde, Becky, sin darse cuenta de ello,
18         se encontró vagando por el patio,
19         entonces desierto, de la escuela, muy melancólica.
20         «¡Quién tuviera – pensaba –
21         el boliche de latón!
22         ¡Pero no tengo nada, ni un solo recuerdo! »,
23         y reprimió un ligero sollozo.
24         Después se detuvo y continuó su soliloquio:
25         «Fue aquí precisamente.
26         Si volviera a ocurrir no le diría aquello,
27         no..., ¡por nada del mundo!
28         Pero ya se ha ido y no lo veré
29         nunca, nunca más.»
30         Tal pensamiento la hizo romper en llanto,
31         y se alejó, sin rumbo,
32         con las lágrimas rodándole por las mejillas.
33         Después se acercó
34         un nutrido grupo de chicos y chicas –
35         compañeros de Tom y de Joe –
36         y se quedaron mirando por encima de la empalizada
37         y hablando en tonos reverentes
38         de cómo Tom hizo esto o aquello
39         la última vez que lo vieron,
40         y de cómo Joe dijo tales o cuales cosas –
41         llenas de latentes y tristes profecías,
42         como ahora se veía –;
43         y cada uno señalaba el sitio preciso
44         donde estaban los ausentes en el momento aquel,
45         con tales observaciones como
46         «y yo estaba aquí como estoy ahora,
47         y como si tú fueras él...
48         y entonces va él y ríe así...,
49         y a mí me pasó una cosa por todo el cuerpo ....
50         y yo no sabía lo que aquello quería decir...,
51         ¡y ahora se ve bien claro!»
52         Después hubo una disputa
53         sobre quién fue el último
54         que vio vivos a los muchachos,
55         y todos se atribuían aquella fúnebre distinción
56         y ofrecían pruebas
57         más o menos amañadas por los testigos;
58         y cuando al fin quedó decidido
59         quiénes habían sido los últimos
60         que los vieron en este mundo
61         y cambiaron con ellos las últimas palabras,
62         los favorecidos adoptaron un aire de sagrada
63         solemnidad a importancia
64         y fueron contemplados con admiración
65         y envidia por el resto.
66         Un pobre chico
67         que no tenía otra cosa de qué envanecerse
68         dijo, con manifiesto orgullo del recuerdo:
69         – Pues mira, Tom Sawyer, me zurró a mí un día.
70         Pero tal puja por la gloria fue un fiasco.
71         La mayor parte de los chicos
72         podían decir otro tanto,
73         y eso abarató demasiado la distinción.
74         Cuando terminó la escuela dominical,
75         a la siguiente mañana,
76         la campana empezó a doblar,
77         en vez de voltear como de costumbre.
78         Era un domingo muy tranquilo,
79         y el fúnebre tañido parecía hermanarse
80         con el suspenso
81         y recogimiento de la Naturaleza.
82         Empezó a reunirse la gente del pueblo,
83         parándose un momento en el vestíbulo
84         para cuchichear acerca del triste suceso.
85         Pero no había murmullos, dentro de la iglesia:
86         sólo el rozar de los vestidos
87         mientras las mujeres se acomodaban en sus asientos
88         turbaba allí el silencio.
89         Nadie recordaba tan gran concurrencia.
90         Hubo al fin una pausa expectante,
91         una callada espera;
92         y entró tía Polly seguida de Sid y Mary,
93         y después la familia Harper,
94         todos vestidos de negro;
95         y los fieles
96         incluso el anciano pastor,
97         se levantaron y permanecieron en pie
98         hasta que los enlutados tomaron asiento
99         en el banco frontero.
100       Hubo otro silencio emocionante,
101       interrumpido por algún ahogado sollozo,
102       y después, el pastor extendió las manos y oró.
103       Se entonó un himno conmovedor
104       y el sacerdote anunció el texto de su sermón:
105       «Yo soy la resurrección y la vida.»
106       En el curso de su oración trazó el buen señor
107       tal pintura de las gracias,
108       amables cualidades
109       y prometedoras dotes de los tres desaparecidos,
110       que cuantos le oían,
111       creyendo reconocer la fidelidad de los retratos,
112       sintieron agudos remordimientos
113       al recordar que hasta entonces
114       se habían obstinado en cerrar los ojos
115       para no ver esas cualidades excelsas
116       y sí sólo faltas y defectos
117       en los pobres chicos.
118       El pastor relató además
119       muchos y muy enternecedores rasgos
120       en la vida de aquellos que demostraban
121       la ternura y generosidad de sus corazones;
122       y la gente pudo ver ahora claramente
123       lo noble y hermoso de esos episodios
124       y recordar con pena
125       que cuando ocurrieron
126       no les habían parecido
127       sino insignes picardías,
128       merecedoras del zurriago.
129       La concurrencia se fue enterneciendo más y más
130       a medida que el relato seguía,
131       hasta que todos los presentes
132       dieron rienda suelta a su emoción
133       y se unieron
134       a las llorosas familias de los desaparecidos
135       en un coro de acongojados sollozos,
136       y el predicador mismo, sin poder contenerse,
137       lloraba en el púlpito.
138       En la galería hubo ciertos ruidos
139       que nadie notó;
140       poco después rechinó la puerta de la iglesia;
141       el pastor levantó los ojos lacrimosos
142       por encima del pañuelo,
143       y... ¡se quedó petrificado!
144       Un par de ojos primero, y otro después,
145       siguieron a los del pastor,
146       y en seguida,
147       como movida por un solo impulso,
148       toda la concurrencia se levantó
149       y se quedó mirando atónita,
150       mientras los tres muchachos difuntos
151       avanzaban en hilera por la nave adelante:
152       Tom a la cabeza, Joe detrás,
153       y Huck, un montón de colgantes harapos,
154       huraño y azorado, cerraba la marcha.
155       Habían estado escondidos en la galería,
156       que estaba siempre cerrada,
157       escuchando su propio panegírico fúnebre.
158       Tía Polly, Mary y los Harper
159       se arrojaron sobre sus respectivos resucitados,
160       sofocándolos a besos
161       y prodigando gracias y bendiciones,
162       mientras el pobre Huck permanecía abochornado
163       y sobre ascuas,
164       no sabiendo qué hacer
165       o dónde esconderse
166       de tantas miradas hostiles.
167       Vaciló, y se disponía
168       a dar la vuelta y escabullirse,
169       cuando Tom le asió y dijo:
170          – Tía Polly, esto no vale.
171       Alguien tiene que alegrarse de ver a Huck.
172          – ¡Y de cierto que sí! ¡Yo me alegro de verlo
173       pobrecito desamparado sin madre!
174       Y los agasajos y mimos
175       que tía Polly le prodigó
176       eran la única cosa
177       capaz de aumentar aún más
178       su azoramiento y su malestar.
179       De pronto el pastor gritó con todas sus fuerzas:
180          – «¡Alabado sea Dios,
181       por quien todo bien nos es dado!...»
182       ¡Cantar con toda el alma!
183       Y así lo hicieron.
184       El viejo himno
185       se elevó tonante y triunfal,
186       y mientras el canto hacía trepidar las vigas
187       Tom Sawyer el pirata miró en torno suyo
188       a las envidiosas caras juveniles
189       que le rodeaban,
190       y se confesó a sí mismo
191       que era aquél el momento
192       de mayor orgullo de su vida.
193       Cuando los estafados concurrentes fueron saliendo
194       decían que casi desearían
195       volver a ser puestos en ridículo
196       con tal de oír otra vez el himno
197       cantado de aquella manera.
198       Tom recibió más sopapos
199       y más besos aquel día –
200       según los tornadizos humores de tía Polly –
201       que los que ordinariamente se ganaba en un año;
202       y no sabía bien
203       cuál de las dos cosas
204       expresaba más agradecimiento a Dios
205       y cariño para su propia persona.

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