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Capítulo-18. Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-18 Великая тайна Тома - Capitulo-18 El gran secreto de Tom

Capítulo 18 - Глава 18

 Великая тайна Тома

 

1           Aquél era el gran secreto de Tom:
2           la idea de regresar con sus compañeros en piratería
3           y asistir a sus propios funerales.
4           Habían remado hasta la orilla de Misuri,
5           a horcajadas sobre un tronco,
6           al atardecer del sábado,
7           tomando tierra
8           a cinco o seis millas más abajo del pueblo;
9           habían dormido en los bosques,
10         a poca distancia de las casas,
11         hasta la hora del alba,
12         y entonces se habían deslizado
13         por entre callejuelas desiertas
14         y habían dormido lo que les faltaba de sueño
15         en la galería de la iglesia,
16         entre un caos de bancos perniquebrados.
17         Durante el desayuno,
18         el lunes por la mañana, tía Polly y Mary
19         se deshicieron en amabilidades con Tom
20         y en agasajarle y servirle.
21         Se habló mucho,
22         y en el curso de la conversación dijo tía Polly:
23            – La verdad es que no puede negarse
24         que ha sido un buen bromazo,
25         Tom, tenernos sufriendo a todos casi una semana,
26         mientras vosotros lo pasabais en grande;
27         pero ¡qué pena que hayas tenido tan mal corazón
28         para dejarme sufrir a mí de esa manera!
29         Si podías venirte sobre un tronco
30         para ver tu funeral,
31         también podías haber venido
32         y haberme dado a entender de algún modo
33         que no estabas muerto,
34         sino únicamente de escapatoria.
35            –  Sí, Tom, debías haberlo hecho –
36         dijo Mary, –
37         y creo que no habrías dejado de hacerlo
38         si llegas a pensar en ello.
39            – ¿De veras, Tom? – dijo tía Polly
40         con expresión de viva ansiedad. –
41         Dime, ¿lo hubieras hecho si llegas a acordarte?
42            – Yo..., pues no lo sé.
43         Hubiera echado todo a perder.
44            – Tom, creí que me querías
45         siquiera para eso –
46         dijo la tía con dolorido tono,
47         que desconcertó al muchacho –.
48         Algo hubiera sido el quererme lo bastante
49         para, pensar en ello,
50         aunque no lo hubieses hecho.
51            – No hay mal en ello, tía –
52         alegó Mary;
53         es sólo el atolondramiento de Tom,
54         que no ve más que lo que tiene delante
55         y no se acuerda nunca de nada.
56            – Pues peor que peor.
57         Sid hubiera pensado,
58         y Sid hubiera venido, además.
59         Algún día te acordarás, Tom,
60         cuando ya sea demasiado tarde,
61         y sentirás
62         no haberme querido algo más
63         cuando tan poco te hubiera costado.
64            – Vamos, tía, ya sabe que la quiero –
65         dijo Tom.
66            – Mejor lo sabría
67         si te portases de otra manera.
68            – ¡Lástima que no lo pensase! –
69         dijo Tom, contrito –;
70         pero, de todos modos, soñé con usted.
71         Eso ya es algo, ¿eh?
72            – No es mucho ...:
73         otro tanto hubiera hecho el gato;
74         pero mejor es que nada.
75         ¿Qué es lo que soñaste?
76            – Pues el miércoles por la noche soñé
77         que estaba usted sentada ahí junto a la cama,
78         y Sid junto a la leñera,
79         y Mary pegada a él.
80            – Y es verdad que sí.
81         Así nos sentamos siempre.
82         Me alegro que en sueños te preocupes,
83         aunque sea tan poco, de nosotros.
84            – Y soñé
85         que la madre de Joe Harper estaba aquí.
86            – ¡Pues sí que estaba!
87         ¿Qué más soñaste?
88            – La mar.
89         Pero ya casi no me acuerdo.
90            – Bueno; trata de acordarte. ¿No puedes?
91            – No sé cómo me parece que el viento...,
92         el viento sopló la..., la...
93            – ¡Recuerda, Tom!
94         El viento sopló alguna cosa. ¡Vamos!
95         Tom se apretó la frente con las manos,
96         mientras los otros permanecían suspensos,
97         y dijo al fin:
98            – ¡Ya lo tengo! ¡Ya lo sé! Sopló la vela.
99            – ¡Dios de mi vida! ¡Sigue, Tom, sigue!
100          – Y me acuerdo que usted... dijo:
101       «Me parece que esa puerta...»
102          – ¡Sigue, Tom!
103          – Déjeme pensar un poco...,
104       un momento. ¡Ah, sí!
105       Dijo que la puerta estaba abierta.
106          – ¡Como estoy aquí sentada que lo dije!
107       ¿No lo dije, Mary? ¡Sigue!
108          – Y después, después..., no estoy seguro,
109       pero me parece que le dijo a Sid que fuese y...
110          – ¡Anda, anda! ¿Qué le mandé que hiciese?
111          – Le mandó usted..., le mandó...
112       ¡que cerrase la puerta!
113          – ¡En el nombre de Dios! ¡No oí cosa igual
114       en mis días!
115       Que me digan ahora que no hay nada en los sueños.
116       No ha de pasar una hora
117       sin que sepa de esto Sereny Harper.
118       Quisiera ver qué razón da de ello
119       con todas sus pamplinas sobre las supersticiones.
120       ¡Sigue, Tom!
121          – Ya lo voy viendo todo claro como la luz.
122       En seguida dijo usted que yo no era malo,
123       sino travieso y alocado,
124       y que no se me podía culpar más que...,
125       que a un potro, me parece que fue.
126          – ¡Y asimismo fue!
127       ¡Dios Todopoderoso!
128       ¿Qué más, Tom?
129          – Y entonces empezó usted a llorar.
130          – ¡Así pasó, así pasó!
131       Ni era la primera vez. Y después...
132          – Después la madre de Joe lloró también,
133       y dijo que lo mismo era su hijo,
134       y que ojalá no le hubiera azotado
135       por comerse la crema,
136       cuando ella misma la había tirado.
137          – ¡Tom! ¡El Espíritu había descendido sobre ti!
138       ¡Estabas profetizando! Eso es lo que hacías.
139       ¡Dios me valga! ¡Sigue, Tom!
140          – Entonces Sid dijo, dijo...
141          – Yo creo que no dije nada – indicó Sid.
142          – Sí, algo dijiste, Sid – dijo Mary.
143          – ¡Cerrad el pico y que hable Tom!
144       ¿Qué es lo que dijo Sid?
145       – Dijo que esperaba
146       que lo pasase mejor donde estaba;
147       pero que si yo hubiese sido mejor...
148          – ¿Lo oís? ¡Fueron sus propias palabras!
149          – Y usted le hizo que se callase.
150          – ¡Asimismo fue!
151       ¡Debió de haber un ángel por aquí!
152       ¡Aquí había un ángel por alguna parte!
153          – Y la señora Harper contó
154       que Joe la había asustado con un petardo,
155       y usted contó lo de Perico y el «matadolores».
156          – Tan cierto como es de día.
157          – Después se habló
158       de dragar el río para buscarnos
159       y de que los funerales serían el domingo;
160       y usted y ella se abrazaron y lloraron
161       y después se marchó.
162          – Asimismo pasó.
163       Así precisamente,
164       tan cierto como estoy sentada en esta silla.
165       Tom, no podrías contarlo mejor
166       aunque lo hubieses visto.
167       ¿Y después qué pasó?
168          – Después me pareció que rezaba usted por mí...
169       y creía que la estaba viendo
170       y que oía todo lo que decía.
171       Y se metió usted en la cama,
172       y yo fui y cogí un pedazo de corteza
173       y escribí en ella:
174       «No estamos muertos;
175       no estamos más que haciendo de piratas»,
176       y lo puse en la mesa junto al candelero;
177       y parecía usted tan buena allí, dormida,
178       que me incliné y le di un beso.
179          – ¿De veras, Tom, de veras?
180       ¡Todo te lo perdono por eso! –
181       y estrechó a Tom en un apretadísimo abrazo
182       que le hizo sentirse
183       el más culpable de los villanos.
184          – Fue una buena acción,
185       aunque es verdad que fue solamente... en sueños –
186       balbuceó Sid, en un monólogo apenas audible.
187          – ¡Cállate, Sid!
188       Uno hace en sueños justamente
189       lo que haría estando despierto.
190       Aquí tienes una manzana
191       como no hay otra, que estaba guardando para ti
192       si es que llegaba a encontrarte...
193       Y ahora vete a la escuela.
194       Doy gracias a Dios bendito,
195       Padre común de todos,
196       porque me has sido devuelto,
197       porque es paciente y misericordioso
198       con los que tienen fe en Él
199       y guardan sus mandamientos,
200       aunque soy bien indigna de sus bondades;
201       pero si únicamente los dignos
202       recibieran su gracia y su ayuda
203       en las adversidades,
204       pocos serían los que disfrutarían aquí abajo
205       o llegarían a entrar
206       en la paz del Señor en la plenitud de los tiempos.
207       ¡Andando, Sid, Mary, Tom!... ¡Ya estáis en marcha!
208       Quitaos de en medio,
209       que ya me habéis mareado bastante.
210       Los niños se fueron a la escuela
211       y la anciana a visitar a la señora Harper
212       y aniquilar su escéptico positivismo
213       con el maravilloso sueño de Tom.
214       Sid fue lo bastante listo
215       para callarse el pensamiento
216       que tenía en las mientes al salir de casa.
217       Era éste:
218       «Bastante flojito...
219       Un sueño tan largo como ése,
220       y sin una sola equivocación en todo él».
221       ¡En qué héroe se había convertido Tom!
222       Ya no iba dando saltos y corvetas,
223       sino que avanzaba con majestuoso
224       y digno continente,
225       como correspondía a un pirata
226       que sentía las miradas del público fijas en él.
227       Y la verdad es que lo estaban:
228       trataba de fingir
229       que no notaba esas miradas
230       y oía los comentarios de su paso;
231       pero eran néctar
232       y ambrosia para él.
233       Llevaba a la zaga
234       un enjambre de chicos más pequeños,
235       tan orgullosos de ser vistos en su compañía
236       o tolerados por él
237       como si Tom hubiese sido el tamborilero
238       a la cabeza de una procesión
239       o el elefante entrando en el pueblo
240       al frente de una colección de fieras.
241       Los muchachos de su edad fingían
242       que no se habían enterado de su ausencia;
243       pero se consumían, sin embargo, de envidia.
244       Hubieran dado todo lo del mundo
245       por tener aquella piel curtida y tostada por el sol
246       y aquella deslumbrante notoriedad;
247       y Tom no se hubiera desprendido de ellas
248       ni siquiera por un circo.
249       En la escuela los chicos
250       asediaron de tal manera a Tom y Joe,
251       y era tal la admiración con que los contemplaban,
252       que no tardaron los dos héroes en ponerse
253       insoportables de puro tiesos a hinchados.
254       Empezaron a relatar sus aventuras
255       a los insaciables oyentes...;
256       pero no hicieron más que empezar,
257       pues no era cosa
258       a la que fácilmente se pudiera poner remate,
259       con imaginaciones como las suyas
260       para suministrar materiales.
261       Y, por último, cuando sacaron las pipas
262       y se pasearon serenamente
263       lanzando bocanadas de humo,
264       alcanzaron el más alto pináculo de la gloria.
265       Tom decidió que ya no necesitaba de Becky.
266       Con la gloria le bastaba.
267       Ahora que había llegado a la celebridad,
268       acaso quisiera ella hacer las paces.
269       Pues que lo pretendiera:
270       ya vería que él podía ser
271       tan indiferente como el que más.
272       En aquel momento llegó ella.
273       Tom hizo como que no la veía
274       y se unió a un grupo de chicos y chicas
275       y empezó a charlar.
276       Vio que ella saltaba y corría de aquí para allá,
277       encendida la cara y brillantes los ojos,
278       muy ocupada al parecer
279       en perseguir a sus compañeras
280       y riéndose locamente
281       cuando atrapaba alguna;
282       pero Tom notó
283       que todas las capturadas las hacía cerca de él
284       y que miraba con el rabillo del ojo en su dirección.
285       Halagaba aquello
286       cuanta maligna vanidad había en él,
287       y así, en vez de conquistarle
288       no hizo más que ponerle más despectivo
289       y que con más cuidado
290       evitase dejar ver
291       que sabía que ella andaba por allí.
292       A poco dejó Becky de loquear
293       y erró indecisa por el patio,
294       suspirando y lanzando hacia Tom
295       furtivas y ansiosas ojeadas.
296       Observó que Tom hablaba más
297       con Amy Lawrence que con ningún otro.
298       Sintió aguda pena
299       y se puso azorada y nerviosa.
300       Trató de marcharse,
301       pero los pies no la obedecían
302       y, a pesar suyo, la llevaron hacia el grupo.
303       Con fingida animación
304       dijo a una niña
305       que estaba al lado de Tom:
306          – ¡Hola, Mary, pícara!
307       ¿Por qué no fuiste a la escuela dominical?
308          – Sí fui; ¿no me viste?
309          – ¡Pues no te vi!; ¿dónde estabas?
310          – En la clase de la señorita Peters,
311       donde siempre voy.
312          – ¿De veras? ¡Pues no te vi!
313       Quería hablarte de la merienda campestre.
314          – ¡Qué bien! ¿Quién la va a dar?
315          – Mamá me va a dejar que yo la dé.
316          – ¡Qué alegría! ¿Y dejará que yo vaya?
317          – Pues sí. La merienda es por mí,
318       y mamá permitirá
319       que vayan los que yo quiera;
320       y quiero que vayas tú.
321          – Eso está muy bien;
322       ¿y cuándo va a ser?
323          – Pronto. Puede ser que para las vacaciones.
324          – ¡Cómo nos vamos a divertir!
325       ¿Y vas a llevar a todas las chicas y chicos?
326          – Sí, a todos los que son amigos míos...
327       o que quieran serlo –
328       y echó a Tom una mirada rápida y furtiva;
329       pero él siguió charlando con Amy
330       sobre la terrible tormenta de la isla
331       y de cómo un rayo
332       hendió el gran sicómoro «en astillas»
333       mientras él estaba
334       «en pie a menos de una vara del árbol».
335          – ¿Iré yo? – dijo Gracie Miller.
336          – Sí.
337          – ¿Y yo? – preguntó Sally Rogers.
338          – Sí.
339          – ¿Y también yo? –
340       preguntó Amy Harper. – ¿Y Joe?
341          – Sí.
342       Y así siguieron, con palmoteos de alegría,
343       hasta que todos los del grupo habían pedido
344       que se los convidase,
345       menos Tom y Amy.
346       Tom dio, desdeñoso la vuelta,
347       y se alejó con Amy, sin interrumpir su coloquio.
348       A Becky le temblaron los labios
349       y las lágrimas le asomaron a los ojos;
350       pero lo disimuló con una forzada alegría
351       y siguió charlando;
352       pero ya la merienda había perdido su encanto,
353       y todo lo demás, también;
354       se alejó en cuando pudo a un lugar apartado
355       para darse «un buen atracón de llorar»,
356       según la expresión de su sexo.
357       Después se fue a sentar sombría,
358       herida en su amor propio,
359       hasta que tocó la campana.
360       Se irguió encolerizada,
361       con un vengativo fulgor en los ojos;
362       dio una sacudida a las trenzas,
363       y se dijo que ya sabía lo que iba a hacer.
364       Durante el recreo
365       Tom siguió coqueteando con Amy
366       jubiloso y satisfecho.
367       No cesó de andar de un lado para otro
368       para encontrarse con Becky
369       y hacerla sufrir a su sabor.
370       Al fin consiguió verla;
371       pero el termómetro de su alegría
372       bajó de pronto a cero.
373       Estaba sentada confortablemente
374       en un banquito detrás de la escuela,
375       viendo un libro de estampas
376       con Alfredo Temple;
377       y tan absorta estaba la pareja
378       y tan juntas ambas cabezas,
379       inclinadas sobre el libro,
380       que no parecían darse cuenta
381       de que existía el resto del mundo.
382       Los celos abrasaron a Tom
383       como fuego líquido que corriese por sus venas.
384       Abominaba de sí mismo
385       por haber desperdiciado la ocasión
386       que Becky le había ofrecido
387       para que se reconciliasen.
388       Se llamó idiota
389       y cuantos insultos encontró a mano.
390       Sentía pujos de llorar, de pura rabia.
391       Amy seguía charlando alegremente
392       mientras paseaban,
393       porque estaba loca de contento;
394       pero Tom había perdido el uso de la lengua.
395       No oía lo que Amy le estaba diciendo,
396       y cuando se callaba, esperando una respuesta,
397       no podía él más que balbucear un asentimiento
398       que casi nunca venía a pelo.
399       Procuró pasar
400       una y otra vez por detrás de la escuela,
401       para saciarse los ojos
402       en el tedioso espectáculo;
403       no podía remediarlo.
404       Y le enloquecía ver,
405       o creer que veía que Becky
406       ni por un momento había llegado a sospechar
407       que él estaba allí, en el mundo de los vivos.
408       Pero ella veía, sin embargo; y sabía además
409       que estaba venciendo en la contienda,
410       y gozaba en verle sufrir
411       como ella había sufrido.
412       El gozoso cotorreo de Amy se hizo inaguantable.
413       Tom dejó caer indirectas
414       sobre cosas que tenía que hacer,
415       cosas que no podían aguardar, y el tiempo volaba.
416       Pero en vano: la muchacha no cerraba el pico.
417       Tom pensaba: «¡Maldita sea!
418       ¡Cómo me voy a librar de ella?»
419       Al fin, las cosas que tenía que hacer
420       no pudieron esperar más.
421       Ella dijo cándidamente, que «andaría por allí»
422       al acabarse la escuela.
423       Y él se fue disparado y lleno de rencor contra ella.
424          – ¡Cualquier otro que fuera...! –
425       pensaba, rechinando los dientes – .
426       ¡Cualquiera otro de todos los del pueblo,
427       menos ese gomoso de San Luis,
428       que presume de elegante y de aristócrata!
429       Pero está bien.
430       ¡Yo te zurré el primer día
431       que pisaste este pueblo
432       y te he de pegar otra vez!
433       ¡Espera un poco que te pille en la calle!
434       Te voy a coger y ...
435       Y realizó todos los actos y movimientos
436       requeridos para dar una formidable somanta
437       a un muchacho imaginario,
438       soltando puñetazos al aire,
439       sin olvidar los puntapiés y acogotamientos.
440          – ¿Qué? ¿Ya tienes bastante?
441       ¿No puedes más, eh?
442       Pues con eso aprenderás para otra vez.
443       Y así el vapuleo ilusorio
444       se acabó a su completa satisfacción.
445       Tom volvió a su casa a mediodía.
446       Su conciencia no podía ya soportar por más tiempo
447       el gozo y la gratitud de Amy,
448       y sus celos tampoco podían soportar ya más
449       la vista del otro dolor.
450       Becky prosiguió la contemplación de las estampas;
451       pero como los minutos pasaban lentamente
452       y Tom no volvió a aparecer
453       para someterlo a nuevos tormentos,
454       su triunfo empezó a nublarse
455       y ella a sentir mortal aburrimiento.
456       Se puso seria y distraída,
457       y después, taciturna.
458       Dos o tres veces aguzó el oído,
459       pero no era más que una falsa alarma.
460       Tom no aparecía.
461       Al fin se sentó
462       del todo desconsolada y arrepentida
463       de haber llevado las cosas a tal extremo.
464       El pobre Alfredo,
465       viendo que se le iba de entre las manos
466       sin saber por qué,
467       seguía exclamando:
468          – ¡Aquí hay una preciosa! ¡Mira ésta!
469       Pero ella acabó de perder la paciencia y le dijo:
470          – ¡Vaya, no me fastidies! ¡No me gustan!» –
471       y rompió en lágrimas,
472       se levantó, y se fue de allí.
473       Alfredo la alcanzó y se puso a su lado,
474       dispuesto a consolarla,
475       cuando ella le dijo:
476          – ¡Vete de aquí y déjame en paz!
477       ¡No te puedo ver!
478       El muchacho se quedó parado,
479       preguntándose qué es lo que podía haber hecho,
480       pues Becky le había dicho
481       que se estaría viendo las estampas
482       durante todo el asueto de mediodía;
483       y ella siguió su camino llorando.
484       Después Alfredo entró, meditabundo,
485       en la escuela desierta.
486       Estaba humillado y furioso.
487       Fácilmente rastreó la verdad:
488       Becky había hecho de él un instrumento
489       para desahogar su despecho contra un rival.
490       Tal pensamiento no contribuía a disminuir
491       su aborrecimiento hacia Tom.
492       Buscaba el medio de vengarse
493       sin mucho riesgo para su persona.
494       Sus ojos tropezaron
495       con la gramática de su rival.
496       Abrió el libro por la página
497       donde estaba la lección para aquella tarde
498       y la embadurnó de tinta.
499       En aquel momento
500       Becky se asomó a una ventana, detrás de él,
501       vio la maniobra y siguió su camino
502       sin ser vista.
503       La niña se volvió a su casa
504       con la idea de buscar a Tom
505       y contarle lo ocurrido:
506       él se lo agradecería
507       y con eso habían de acabar sus mutuas penas.
508       Antes de llegar a medio camino
509       ya había, sin embargo, mudado de parecer.
510       Recordó la conducta de Tom
511       al hablar ella de la merienda,
512       y enrojeció de vergüenza.
513       Y resolvió dejar que le azotasen
514       por el estropicio de la gramática,
515       y aborrecerlo eternamente,
516       de añadidura.

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