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Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-20 Давай помиримся - Vamos a echar pelillos a la mar

Capítulo 20 - Глава 20

 Давай помиримся

 

1           Había algo en el ademán
2           y en la expresión de tía Polly
3           cuando besó a Tom
4           que dejó los espíritus de éste limpios de melancolía
5           y le tornó de nuevo feliz y contento.
6           Se fue hacia la escuela,
7           y tuvo la suerte
8           de encontrarse a Becky en el camino.
9           Su humor del momento
10         determinaba siempre sus actos.
11         Sin un instante de vacilación
12         corrió a ella y le dijo:
13            – Me he portado suciamente esta mañana, Becky.
14         Nunca, nunca lo volveré a hacer mientras viva.
15         ¿Vamos a echar pelillos a la mar?
16         La niña se detuvo
17         y le miró, desdeñosa, cara a cara.
18            – Le agradeceré a usted
19         que se quite de mi presencia, señor Thomas Sawyer.
20         En mi vida volveré a hablarle.
21         Echó atrás la cabeza y siguió adelante.
22         Tom se quedó tan estupefacto
23         que no tuvo ni siquiera la presencia de ánimo
24         para decirle: «¡Y a mí qué me importa!»,
25         hasta que el instante oportuno había ya pasado.
26         Así es que nada dijo, pero temblaba de rabia.
27         Entró en el patio de la escuela.
28         Querría que Becky hubiera sido un muchacho,
29         imaginándose la tunda que le daría
30         si así fuera.
31         A poco se encontró con ella,
32         y al pasar le dijo una indirecta mortificante.
33         Ella le soltó otra,
34         y la brecha del odio que los separaba
35         se hizo un abismo.
36         Le parecía a Becky, en el acaloramiento de su rencor,
37         que no llegaba nunca la hora de empezar la clase:
38         tan impaciente estaba de ver a Tom
39         azotado por el menoscabo de la gramática.
40         Si alguna remota idea le quedaba
41         de acusar a Alfredo Temple,
42         la injuria de Tom la había desvanecido por completo.
43         No sabía la pobrecilla que pronto
44         ella misma se iba a encontrar en apuros.
45         El maestro mister Dobbins
46         había alcanzado la edad madura
47         con una ambición no satisfecha.
48         El deseo de su vida había sido
49         llegar a hacerse doctor;
50         pero la pobreza le había condenado
51         a no pasar de maestro de la escuela del pueblo.
52         Todos los días sacaba de su pupitre
53         un libro misterioso
54         y se absorbía en su lectura
55         cuando las tareas de la clase se lo permitían.
56         Guardaba aquel libro bajo llave.
57         No había un solo chicuelo en la escuela
58         que no pereciese de ganas
59         de echarle una ojeada,
60         pero nunca se les presentó ocasión.
61         Cada chico y cada chica
62         tenía su propia hipótesis
63         acerca de la naturaleza de aquel libro;
64         pero no había dos que coincidieran,
65         y no había manera
66         de llegar a la verdad del caso.
67         Ocurrió que al pasar Becky junto al pupitre,
68         que estaba inmediato a la puerta,
69         vio que la llave estaba en la cerradura.
70         Era un instante único.
71         Echó una rápida mirada en derredor:
72         estaba sola
73         y en un momento tenía el libro en las manos.
74         El título, en la primera página,
75         nada le dijo:
76         «Anatomía, por el profesor Fulánez»;
77         así es que pasó más hojas
78         y se encontró con un lindo frontispicio en colores
79         en el que aparecía una figura humana.
80         En aquel momento una sombra cubrió la página,
81         y Tom Sawyer entró en la sala
82         y tuvo un atisbo de la estampa.
83         Becky arrebató el libro para cerrarlo,
84         y tuvo la mala suerte de rasgar la página
85         hasta la mitad.
86         Metió el volumen en el pupitre,
87         dio la vuelta a la llave
88         y rompió a llorar de enojo y vergüenza.
89            – Tom Sawyer, eres un indecente
90         en venir a espiar lo que una hace
91         y a averiguar lo que está mirando.
92            – ¿Cómo podía yo saber que estabas viendo eso?
93            – Vergüenza te debía dar,
94         porque bien sabes que vas a acusarme.
95         ¡Qué haré, Dios mío, qué haré!
96         Me van a pegar
97         y nunca me habían pegado en la escuela!
98         Después dio una patada en el suelo y dijo:
99            – ¡Pues sé todo lo innoble que quieras!
100       Yo sé una cosa que va a pasar.
101       ¡Te aborrezco! ¡Te odio! – 
102       y salió de la clase,
103       con una nueva explosión de llanto.
104       Tom se quedó inmóvil,
105       un tanto perplejo por aquella arremetida.
106          – ¡Qué raras y qué tontas son las chicas! – 
107       se dijo  – .
108       ¡Que no la han zurrado nunca en la escuela!... ¡Bah!,
109       ¿qué es una zurra?
110       Chica había de ser:
111       son todas tan delicaditas y tan miedosas...
112       Por supuesto,
113       que no voy a decir nada de esta tonta a Dobbins,
114       porque hay otros medios de que me las pague
115       que no son tan sucios.
116       ¿Qué pasará?
117       Dobbins va a preguntar quién le ha roto el libro.
118       Nadie va a contestar.
119       Entonces hará lo que hace siempre:
120       preguntar a una por una,
121       y cuando llega a la que lo ha hecho
122       lo sabe sin que se lo diga.
123       A las chicas se les conoce en la cara.
124       Después le pegará.
125       Becky se ha metido en un mal paso
126       y no le veo salida.
127       Tom reflexionó un rato, y luego añadió:
128       «Pues le está bien.
129       A ella le gustaría verme a mí en el mismo aprieto:
130       pues que se aguante.»
131       Tom fue a reunirse
132       con sus bulliciosos compañeros.
133       Poco después llegó el maestro,
134       y empezó la clase.
135       Tom no puso gran atención en el estudio.
136       Cada vez que miraba al lado de la sala
137       donde estaban las niñas,
138       la cara de Becky le turbaba.
139       Acordándose de todo lo ocurrido,
140       no quería compadecerse de ella,
141       y sin embargo, no podía remediarlo.
142       No podía alegrarse sino con una alegría falsa.
143       Ocurrió a poco el descubrimiento
144       del estropicio en la gramática,
145       y los pensamientos de Tom
146       tuvieron harto en qué ocuparse
147       con sus propias cuitas durante un rato.
148       Becky volvió en sí
149       de su letargo de angustia
150       y mostró gran interés en tal acontecimiento.
151       Esperaba que Tom no podría salir del apuro
152       sólo con negar que él hubiera vertido la tinta,
153       y tenía razón.
154       La negativa no hizo más que agravar la falta.
155       Becky suponía que iba a gozar con ello,
156       y quiso convencerse de que se alegraba;
157       pero descubrió que no estaba segura de que así era.
158       Cuando llegó lo peor,
159       sintió un vivo impulso de levantarse
160       y acusar a Alfredo,
161       pero se contuvo haciendo un esfuerzo,
162       y dijo para sí:
163       «Él me va a acusar de haber roto la estampa.
164       Estoy segura.
165       No diré ni palabra,
166       ni para salvarle la vida.»
167       Tom recibió la azotaina
168       y se volvió a su asiento sin gran tribulación,
169       pues pensó que no era difícil que él mismo,
170       sin darse cuenta,
171       hubiera vertido la tinta
172       al hacer alguna cabriola.
173       Había negado por pura fórmula
174       y porque era costumbre,
175       y había persistido en la negativa
176       por cuestión de principio.
177       Transcurrió toda una hora.
178       El maestro daba cabezadas en su trono;
179       el monótono rumor del estudio incitaba al sueño.
180       Después mister Dobbins se irguió en su asiento,
181       bostezó, abrió el pupitre
182       y alargó la mano hacia el libro,
183       pero parecía indeciso entre cogerlo o dejarlo.
184       La mayor parte de los discípulos
185       levantaron la mirada lánguidamente;
186       pero dos de entre ellos
187       seguían los movimientos del maestro
188       con los ojos fijos, sin pestañear.
189       Mister Dobbins se quedó un rato
190       palpando el libro, distraído,
191       y por fin lo sacó
192       y se acomodó en la silla para leer.
193       Tom lanzó una mirada a Becky.
194       Había visto una vez un conejo
195       perseguido y acorralado,
196       frente al cañón de una escopeta,
197       que tenía idéntico aspecto.
198       Instantáneamente olvidó su querella.
199       ¡Pronto!, ¡había que hacer algo
200       y que hacerlo en un relámpago!
201       Pero la misma inminencia del peligro
202       paralizaba su inventiva.
203       ¡Bravo! ¡Tenía una inspiración!
204       Lanzarse de un salto, coger el libro
205       y huir por la puerta como un rayo...;
206       pero su resolución titubeó por un breve instante,
207       y la oportunidad había pasado:
208       el maestro abrió el libro. ¡
209       Si la perdida ocasión pudiera volver!
210       Pero ya no había remedio para Becky,
211       pensó.
212       Un momento después
213       el maestro se irguió amenazador.
214       Todos los ojos se bajaron ante su mirada:
215       había algo en ella
216       que hasta al más inocente sobrecogía.
217       Hubo un momentáneo silencio;
218       el maestro estaba acumulando su cólera.
219       Después habló:
220          – ¿Quién ha rasgado este libro?
221       Profundo silencio.
222       Se hubiera oído volar una mosca.
223       La inquietud continuaba:
224       el maestro examinaba cara por cara,
225       buscando indicios de culpabilidad.
226          – Benjamín Rogers, ¿has rasgado tú este libro?
227       Una negativa. Otra pausa.
228          – Joseph Harper, ¿has sido tú?
229       Otra negativa.
230       El nerviosismo de Tom
231       se iba haciendo más y más violenta
232       bajo la lenta tortura de aquel procedimiento.
233       El maestro recorrió con la mirada
234       las filas de los muchachos,
235       meditó un momento,
236       y se volvió hacia las niñas.
237          – ¿Amy Lawrence?
238       Un sacudimiento de cabeza.
239          – ¿Gracia Miller?
240       La misma señal.
241          – Susana Harper, ¿has sido tú?
242       Otra negativa.
243       La niña inmediata era Becky.
244       La excitación y lo irremediable del caso
245       hacía temblar a Tom de la cabeza a los pies.
246          – Rebeca Thatcher...
247       (Tom la miró:
248       estaba lúcida de terror) , 
249       ¿has sido tú?...; no, mírame a la cara...
250       (La niña levantó las manos suplicantes.)
251       ¿Has sido tú la que has rasgado el libro?
252       Una idea relampagueó en el cerebro de Tom.
253       Se puso en pie y gritó:
254          – ¡He sido yo!
255       Toda la clase se le quedó mirando,
256       atónita ante tamaña locura.
257       Tom permaneció un momento inmóvil,
258       recuperando el uso
259       de sus dispersas facultades;
260       y cuando se adelantó
261       a recibir el castigo,
262       la sorpresa, la gratitud, la adoración
263       que leyó en los ojos de la pobre Becky
264       le parecieron paga bastante
265       para cien palizas.
266       Enardecido por la gloria
267       de su propio acto
268       sufrió sin una queja
269       el más despiadado vapuleo
270       que el propio mister Dobbins
271       jamás había administrado;
272       y también recibió con indiferencia la cruel noticia
273       de que tendría que permanecer allí
274       dos horas con él a la puerta
275       hasta el término de su cautividad
276       y sin lamentar el aburrimiento de la espera.
277       Tom se fue aquella noche a la cama
278       madurando planes de venganza
279       contra Alfredo Temple,
280       pues, avergonzada y contrita, Becky
281       le había contado todo,
282       sin olvidar su propia traición;
283       pero la sed de venganza
284       tuvo que dejar el paso
285       a más gratos pensamientos,
286       y se durmió al fin
287       con las últimas palabras de Becky
288       sonándole confusamente en el oído:
289          – Tom, ¿cómo podrás ser tan noble?

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