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Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-21 Дети были отомщены - Los chicos estaban vengados

Capítulo 21 - Глава 21

Дети были отомщены - Los chicos estaban vengados

 

1           Las vacaciones se acercaban.
2           El maestro, siempre severo,
3           se hizo más irascible
4           y tiránico que nunca,
5           pues tenía gran empeño
6           en que la clase hiciera
7           un lucido papel el día de los exámenes.
8           La vara y la palmeta rara vez estaban ociosas,
9           al menos entre los discípulos más pequeños.
10         Sólo los muchachos espigados
11         y las señoritas de dieciocho a veinte
12         escaparon a los vapuleos.
13         Los que administraba mister Dobbins
14         eran en extremo vigorosos,
15         pues aunque tenía, bajo la peluca,
16         el cráneo mondo y coruscante,
17         todavía era joven
18         y no mostraba
19         el menor síntoma de debilidad muscular.
20         A medida que el gran día se acercaba
21         todo el despotismo que tenía dentro
22         salió a la superficie:
23         parecía que gozaba,
24         con maligno y rencoroso placer,
25         en castigar las más pequeñas faltas.
26         De aquí que los rapaces más pequeños
27         pasasen los días en el terror y el tormento
28         y las noches ideando venganzas.
29         No desperdiciaban ocasión
30         de hacer al maestro una mala pasada.
31         Pero él les sacaba siempre ventaja.
32         El castigo que seguía
33         a cada propósito de venganza realizado
34         era tan arrollador a impotente
35         que los chicos se retiraban siempre de la palestra
36         derrotados y maltrechos.
37         Al fin se juntaron para conspirar
38         y dieron con un plan
39         que prometía una deslumbrante victoria.
40         Tomaron juramento al chico del pintor-decorador,
41         le confiaron el proyecto
42         y le pidieron su ayuda.
43         Tenía él hartas razones
44         para prestarla con júbilo,
45         pues el maestro se hospedaba en su casa
46         y había dado al chico infinitos motivos
47         para aborrecerle.
48         La mujer del maestro
49         se disponía a pasar unos días
50         con una familia en el campo,
51         y no habría inconvenientes
52         para realizar el plan.
53         El maestro se apercibía siempre
54         para las grandes ocasiones
55         poniéndose a medios pelos,
56         y el hijo del pintor prometió
57         que cuando el dómine
58         llegase al estado preciso,
59         en la tarde del día de los exámenes,
60         él «arreglaría» la cosa mientras el otro
61         dormitaba en la silla,
62         y después harían que lo despertasen
63         con el tiempo justo para que saliera
64         precipitadamente hacia la escuela.
65         En la madurez de los tiempos
66         llegó la interesante ocasión.
67         A las ocho de la noche
68         la escuela estaba brillantemente iluminada
69         y adornada con guirnaldas
70         y festones de follaje y de flores.
71         El maestro estaba entronizado en su poltrona,
72         con el encerado detrás de él.
73         Parecía un tanto suavizado y blando.
74         Tres filas de bancos a cada lado de él
75         y seis enfrente
76         estaban ocupados
77         por los dignatarios de la población
78         y por los padres de los escolares.
79         A la izquierda, detrás de los invitados,
80         había una espaciosa plataforma provisional,
81         en la cual estaban sentados los alumnos
82         que iban a tomar parte en los ejercicios:
83         filas de párvulos
84         relavados y emperifollados
85         hasta un grado
86         de intolerable embarazo y malestar:
87         filas de bigardones encogidos y zafios;
88         nevados bancos de niñas y señoritas
89         vestidas de blanco linón y muselina
90         y muy preocupadas
91         de sus brazos desnudos,
92         de las alhajas de sus abuelas,
93         de sus cintas azules y rojas
94         y de las flores que llevaban en el pelo;
95         y todo el resto de la escuela
96         estaba ocupado por los escolares
97         que no tomaban parte en el acto.
98         Los ejercicios comenzaron.
99         Un chico diminuto se levantó
100       y, hurañamente, recitó lo de
101       «no podían ustedes esperar
102       que un niño de mi coma edad hablase en público»,
103       acompañándose con los ademanes trabajosos,
104       exactos y espasmódicos
105       que hubiera empleado una máquina,
106       suponiendo que la máquina
107       estuviese un tanto desarreglada.
108       Pero salió del trance sano y salvo,
109       aunque atrozmente asustado,
110       y se ganó un aplauso general
111       cuando hizo su reverencia manufacturada
112       y se retiró.
113       Una niña ruborizada tartamudeó
114       «María tuvo un corderito», etc.,
115       hizo una cortesía que inspiraba compasión,
116       recibió su recompensa de aplausos
117       y se sentó enrojecida y contenta.
118       Tom Sawyer avanzó con presuntuosa confianza
119       y se lanzó en el inextinguible discurso
120       «O libertad o muerte» con briosa furia
121       y frenética gesticulación,
122       y se atascó a la mitad.
123       Un terrible pánico le sobrecogió de pronto,
124       las piernas le flaquearon y le faltaba la respiración.
125       Verdad
126       es que tenía la manifiesta simpatía del auditorio...,
127       pero también su silencio,
128       que era aún peor que la simpatía.
129       El maestro frunció el ceño,
130       y esto colmó el desastre.
131       Aún luchó un rato,
132       y después se retiró, completamente derrotado.
133       Surgió un débil aplauso,
134       pero murió al nacer.
135       Siguieron otras conocidas joyas
136       del género declamatorio;
137       después hubo un concurso de ortografía;
138       la reducida clase de latín
139       recitó meritoriamente.
140       El número más importante del programa
141       vino después:
142       «Composiciones originales», por las señoritas.
143       Cada una de éstas, a su vez,
144       se adelantó hasta el borde del tablado,
145       se despejó la garganta y leyó su trabajo,
146       con premioso y aprensivo cuidado
147       en cuanto a «expresión» y puntuación.
148       Los temas eran los mismos
149       que habían sido dilucidados en ocasiones análogas,
150       antes que por ellas, por sus madres, sus abuelas
151       a indudablemente por toda su estirpe,
152       en la línea femenina
153       hasta más allá de las Cruzadas.
154       «La amistad» era uno,
155       «Recuerdos del pasado»,
156       «La Religión en la Historia»,
157       «Las ventajas de la instrucción»,
158       «Comparación entre las formas de gobierno»,
159       «Melancolía»,
160       «Amor filial»,
161       «Anhelos del corazón», etcétera, etcétera.
162       Una característica
163       que prevalecía en esas composiciones
164       era una bien nutrida y mimada melancolía;
165       otra, el pródigo despilfarro de «lenguaje escogido»;
166       otra, una tendencia
167       a traer arrastradas por las orejas frases y palabras
168       de especial aprecio,
169       hasta dejarlas mustias
170       y deshechas de cansancio;
171       y una conspicua peculiaridad,
172       que les ponía el sello
173       y las echaba a perder,
174       era el inevitable a insoportable sermón
175       que agitaba su desmedrada cola
176       al final de todas y cada una de ellas.
177       No importa cuál fuera el asunto,
178       se hacía un desesperado esfuerzo
179       para buscarle las vueltas
180       y presentarlo de modo
181       que pudiera parecer edificante
182       a las almas morales y devotas.
183       La insinceridad, que saltaba a los ojos,
184       de tales sermones
185       no fue suficiente
186       para desterrar esa moda de las escuelas,
187       y no lo es todavía;
188       y quizá no lo sea
189       mientras el mundo se tenga en pie.
190       No hay ni una sola escuela en nuestro país
191       en que las señoritas
192       no se crean obligadas
193       a rematar sus composiciones con un sermón;
194       y se puede observar
195       que el sermón de la muchacha más casquivana
196       y menos religiosa de la escuela
197       es siempre el más largo
198       y el más inexorablemente pío.
199       Pero basta de esto,
200       porque las verdades acerca de nosotros mismos
201       dejan siempre, mal sabor de boca,
202       y volvamos a los exámenes.
203       La primera composición leída
204       fue una que tenía por título
205       «¿Es eso, pues, la vida?»
206       Quizá el lector
207       pueda soportar un trozo:
208       En la senda de la vida,
209       ¡con qué ardientes ilusiones
210       la fantasía juvenil
211       saborea de antemano los goces de las fiestas
212       y mundanos placeres!
213       La ardorosa imaginación
214       se afana en pintar cuadros de color de rosa.
215       Con los ojos de la fantasía,
216       frívola esclava de la moda
217       se ve a sí misma
218       en medio de la deslumbrante concurrencia,
219       siendo el centro de todas las miradas.
220       Ve su figura grácil,
221       envuelta, en níveas vestiduras,
222       girando, entre las parejas del baile,
223       ávidas de placeres:
224       su paso es el más ligero;
225       su faz, la más hermosa.
226       El tiempo transcurre veloz
227       en tan deliciosas fantasías,
228       y llega la ansiada hora
229       de penetrar en el olímpico mundo
230       de sus ardientes ensueños.
231       Todo aparece como un cuento de hadas
232       ante sus hechizados ojos,
233       y cada nueva escena le parece más bella.
234       Pero en breve plazo descubre
235       que bajo esa seductora apariencia
236       todo es vanidad;
237       la adulación, que antes encantaba su mente,
238       ahora hiere sus oídos;
239       el salón de baile
240       ha perdido su pérfido encanto;
241       y enferma y con el corazón destrozado,
242       huye convencida
243       de que los placeres terrenales
244       no pueden satisfacer
245       los anhelos del alma.
246       Y así seguía y seguía por el mismo camino.
247       De cuando en cuando, durante la lectura,
248       se alzaba un rumor de aprobación,
249       acompañado de cuchicheos como
250       «¡Qué encanto!»
251       «¡Qué elocuente!»
252       «¡Qué verdad dice!»;
253       y cuando, al fin, terminó
254       con un sermón singularmente aflictivo,
255       los aplausos fueron entusiastas.
256       Después se levantó una muchacha
257       enjuta y melancólica,
258       con la interesante palidez nacida
259       de píldoras y malas digestiones,
260       y leyó un «Poema».
261       Con dos estrofas bastará:
262       UNA DONCELLA DE MISSOURI
263       SE DESPIDE DE ALABAMA
264       ¡Adiós, bella Alabama!
265       ¡Qué amor mi pecho siente
266       Hoy que, por breve plazo, te voy a abandonar!
267       ¡Qué tristes pensamientos se agolpan en mi frente
268       Y qué recuerdos hacen mi llanto desbordar!
269       Porque he vagado a solas
270       bajo tus enramadas,
271       al borde de tus ríos me he sentado a leer,
272       y he escuchado, entre flores,
273       murmurar tus cascadas
274       Cuando Aurora tendía sus rayos por doquier
275       Pero no avergonzada de mi dolor te dejo,
276       Ni mis llorosos ojos de volver, hacia ti,
277       Pues no es de extraña tierra de la que ahora me alejo
278       Ni extraños
279       los que pronto se apartarán de mí.
280       Porque mi hogar estaba en tu seno, Alabama,
281       Cuyos valles y torres de vista perderé.
282       Y si te abandonase sin dolor en el alma
283       Cual de bronce
284       serían mi cabeza y mi «coeur».
285       Había allí muy pocos que supieran
286       lo que «coeur» significaba;
287       no obstante,
288       el poema produjo general satisfacción.
289       Apareció en seguida una señorita de morena tez,
290       ojinegra y pelinegra,
291       la cual permaneció
292       silenciosa unos impresionantes momentos,
293       asumió una expresión trágica,
294       y empezó a leer con pausado tono:
295       UNA VISIÓN
296       Lóbrega y tempestuosa era la noche.
297       En el alto trono del firmamento
298       no fulgía una sola estrella;
299       pero el sordo retumbar del trueno
300       vibraba constantemente en los oídos,
301       mientras los cárdenos relámpagos
302       hendían la nebulosa concavidad del cielo
303       y parecían burlarse del poder ejercido
304       sobre su terrible potencia
305       por el ilustre Franklin.
306       Hasta los bramadores vientos,
307       abandonando sus místicas moradas,
308       se lanzaron, rugiendo, por doquiera,
309       como para aumentar con su ayuda
310       el horror de la escena.
311       En aquellos momentos de tinieblas, de espanto,
312       mi espíritu suspiraba
313       por hallar conmiseración en los humanos;
314       pero en vez de ella,
315       «Mi amiga del alma, mi mentor,
316       mi ayuda y mi guía,
317       mi consuelo en las penas, y en mis gozos
318       mi doble alegría», vino a mi lado.
319       Moviese
320       como uno de esos fúlgidos seres
321       imaginados en los floridos senderos
322       de un fantástico Edén
323       por las almas románticas y juveniles.
324       Tan leve era su paso,
325       que no producía ningún ruido,
326       y a no ser por el mágico escalofrío
327       que producía su contacto
328       se hubiera deslizado,
329       como otras esquivas
330       y rescatadas bellezas,
331       ni advertida ni buscada.
332       Una extraña tristeza se extendió sobre sus facciones,
333       como heladas lágrimas
334       en las vestiduras de diciembre,
335       cuando me señaló
336       los batalladores elementos a lo lejos
337       y me invitó a que contemplase los dos seres
338       que se aparecían...
339       Esta pesadilla
340       ocupaba unas diez páginas manuscritas
341       y acababa con un sermón
342       tan destructivo de toda esperanza
343       para los que no pertenecieran
344       a la secta presbiteriana,
345       que se llevó el primer premio.
346       Esta composición fue considerada
347       como el más meritorio trabajo
348       de los leídos en la velada.
349       El alcalde, al entregar el premio a la autora,
350       hizo un caluroso discurso,
351       en el cual dijo que era aquello
352       «lo más elocuente
353       que jamás había oído,
354       y que el propio Daniel Webster
355       hubiera estado orgulloso de que fuera suyo».
356       Después el maestro,
357       ablandado ya casi hasta la campechanería,
358       puso a un lado la butaca,
359       volvió la espalda al auditorio
360       y empezó a trazar un mapa de América,
361       en el encerado,
362       para los ejercicios de la clase de geografía.
363       Pero aún tenía la mano insegura,
364       a hizo de aquello un lamentable berenjenal;
365       y un rumor de apagadas risas
366       corrió por todo el público.
367       Se dio cuenta de lo que pasaba,
368       y se puso a enmendarlo.
369       Pasó la esponja por algunas líneas,
370       y las trazó de nuevo;
371       pero le salieron aún más absurdas y dislocadas,
372       y las risitas fueron en aumento.
373       Puso ahora toda su atención
374       y empeño en la tarea,
375       resuelto a no dejarse achicar por aquel regocijo.
376       Sentía que todas las miradas
377       estaban fijas en él;
378       creó que había triunfado al fin,
379       y sin embargo las risas seguían
380       cada vez más nutridas y ruidosas.
381       Y había razón para ello.
382       En el techo, sobre la cabeza del maestro,
383       había una trampa
384       que daba a una buhardilla;
385       por ella apareció un gato
386       suspendido de una cuerda atada a su cuerpo.
387       Tenía la cabeza envuelta en un trapo,
388       para que no maullase.
389       Según iba bajando lentamente se curvó hacia arriba
390       y arañó la cuerda;
391       después se dobló hacia abajo,
392       dando zarpazos en el aire intangible.
393       El jolgorio crecía:
394       ya estaba el gato tan sólo a media cuarta
395       de la cabeza del absorto maestro.
396       Siguió bajando, bajando,
397       y hundió las uñas en la peluca,
398       se asió a ella, furibundo,
399       y de pronto tiraron de él hacia arriba,
400       con el trofeo en las garras.
401       ¡Qué fulgores lanzó la calva del maestro!
402       Como que el hijo del pintor se la había dorado.
403       Con aquello acabó la reunión.
404       Los chicos estaban vengados.
405       Habían empezado las vacaciones.

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