+34 667881801
+7 9616934202
Сегодня
Наше видео
Погода
Santander
+11...+17° C
Поделитесь с друзьями
Позвонить нам на Skype
Skype Me™!

Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-26 Заколдованный дом - Casa encantada

Capítulo 26 - Глава 26

 Заколдованный дом - Casa encantada

 

1           Serían las doce del siguiente día
2           cuando los dos amigos llegaron al árbol muerto:
3           iban en busca de sus herramientas.
4           Tom sentía gran impaciencia
5           por ir a la casa encantada;
6           Huck la sentía también,
7           aunque en grado prudencial,
8           pero de pronto dijo:
9              – Oye, Tom, ¿sabes qué día es hoy?
10         Tom repasó mentalmente los días de la semana
11         y levantó de repente los ojos alarmados.
12            – ¡Anda!, no se me había ocurrido pensar en eso.
13            – Tampoco a mí;
14         pero me vino de golpe la idea de que era viernes.
15            – ¡Qué fastidio!
16         Todo cuidado es poco, Huck.
17         Acaso hayamos escapado de buena
18         por no habernos metido en esto en un viernes.
19            – ¡Acaso!... Seguro que sí.
20         Puede ser que haya días de buena suerte,
21         ¡pero lo que es los viernes...!
22            – ¡Todo el mundo sabe eso!
23         No creas que has sido tú el primero
24         que lo ha descubierto.
25            – ¿He dicho yo que era el primero?
26         Y no es sólo que sea viernes,
27         sino que además anoche tuve un mal sueño:
28         soñé con ratas.
29            – ¡No! Señal de apuros.
30         ¿Reñían?
31            – No.
32            – Eso es bueno, Huck.
33         Cuando no riñen es sólo señal
34         de que anda rondando un apuro.
35         No hay más que andar listo
36         y librarse de él.
37         Vamos a dejar eso por hoy, y jugaremos.
38         ¿Sabes jugar a Robin Hood?
39            – No; ¿quién es Robin Hood?
40            – Pues era uno de los más grandes hombres
41         que hubo en Inglaterra... y el mejor.
42         Era un bandido.
43            – ¿Qué gusto! ¡Ojalá lo fuera yo!
44         ¿A quién robaba?
45            – Únicamente a los sheriff y obispos
46         y a los ricos y reyes
47         y gente así.
48         Nunca se metía con los pobres.
49         Los quería mucho.
50         Siempre iba a partes iguales con ellos,
51         hasta el último centavo.
52            – Bueno, pues debía de ser
53         un hombre con toda la barba.
54            – Ya lo creo.
55         Era la persona más noble
56         que ha habido nunca.
57         Podía a todos los hombres de Inglaterra
58         con una mano atada atrás;
59         y cogía su arco de tejo
60         y atravesaba una moneda de diez centavos,
61         sin marrar una vez,
62         a milla y media de distancia.
63            – ¿Qué es un arco de tejo?
64            – No lo sé.
65         Es una especie de arco, por supuesto.
66         Y si daba a la moneda nada más que en el borde,
67         se tiraba al suelo y lloraba,
68         echando maldiciones.
69         Jugaremos a Robin Hood;
70         es muy divertido.
71         Yo te enseñaré.
72            – Conforme.
73         Jugaron, pues, a Robin Hood toda la tarde,
74         echando de vez en cuando una ansiosa mirada
75         a la casa de los duendes
76         y hablando de los proyectos para el día siguiente
77         y de lo que allí pudiera ocurrirles.
78         Al ponerse el sol
79         emprendieron el regreso
80         por entre las largas sombras de los árboles
81         y pronto desaparecieron bajo las frondosidades
82         del monte Cardiff.
83         El sábado, poco después de mediodía,
84         estaban otra vez junto al árbol seco.
85         Echaron una pipa, charlando a la sombra,
86         y después cavaron un poco
87         en el último hoyo,
88         no con grandes esperanzas
89         y tan sólo porque Tom dijo
90         que había muchos casos
91         en que algunos habían desistido de hallar un tesoro
92         cuando ya estaban a dos dedos de él,
93         y después otro había pasado por allí
94         y lo había sacado con un solo golpe de pala.
95         La cosa falló esta vez, sin embargo;
96         así es que los muchachos
97         se echaron al hombro las herramientas
98         y se fueron, con la convicción
99         de que no habían bromeado con la suerte,
100       sino que habían llenado todos los requisitos
101       y ordenanzas pertinentes
102       al oficio de cazadores de tesoros.
103       Cuando llegaron a la casa encantada
104       había algo tan fatídico y medroso
105       en el silencio de muerte
106       que allí reinaba bajo el sol abrasador,
107       y algo tan desalentador
108       en la soledad y desolación de aquel lugar,
109       que por un instante tuvieron miedo
110       de aventurarse dentro.
111       Después, se deslizaron hacia la puerta
112       y atisbaron, temblando, el interior.
113       Vieron una habitación
114       en cuyo piso, sin pavimento, crecía la hierba
115       y con los muros sin revocar;
116       una chimenea destrozada,
117       las ventanas sin cierres
118       y una escalera ruinosa;
119       y por todas partes
120       telas de araña colgantes y desgarradas.
121       Entraron de puntillas,
122       latiéndoles el corazón,
123       hablando en voz baja,
124       alerta el oído para atrapar el más leve ruido
125       y con los músculos tensos
126       y preparados para la huida.
127       A poco la familiaridad
128       aminoró sus temores
129       y pudieron examinar minuciosamente
130       el lugar en que estaban,
131       sorprendidos y admirados
132       de su propia audacia.
133       En seguida quisieron
134       echar una mirada al piso de arriba.
135       Subir era cortarse la retirada,
136       pero se azuzaron el uno al otro
137       y eso no podía tener más que un resultado:
138       tiraron las herramientas en un rincón y subieron.
139       Allí había las mismas señales de abandono y ruina.
140       En un rincón encontraron un camaranchón
141       que prometía misterioso;
142       pero la promesa fue un fraude:
143       nada había allí.
144       Estaban ya rehechos y envalentonados.
145       Se disponían a bajar
146       y ponerse al trabajo
147       cuando...
148          – ¡Chist! – dijo Tom.
149          – ¿Qué? ¡Ay Dios! ¡Corramos!
150          – Estate quieto, Huck. No te muevas.
151       Vienen derechos hacia la puerta.
152       Se tendieron en el suelo,
153       con los ojos pegados a los resquicios de las tarimas,
154       y esperaron en una agonía de espanto.
155       – Se han parado...
156       No, vienen...
157       Ahí están.
158       No hables, Huck.
159       ¡Dios, quién se viera lejos!
160       Dos hombres entraron.
161       Cada uno de los chicos se dijo a sí mismo:
162          – Ahí está el viejo español sordomudo
163       que ha andado una o dos veces por el pueblo
164       estos días;
165       al otro no lo he visto nunca.
166       «El otro» era
167       un ser haraposo y sucio
168       y de no muy atrayente fisonomía.
169       El español estaba envuelto en un sarape;
170       tenía unas barbas blancas y aborrascadas,
171       largas greñas, blancas también,
172       que le salían por debajo del ancho sombrero,
173       y llevaba anteojos verdes.
174       Cuando entraron,
175       «el otro» iba hablando en voz baja.
176       Se sentaron en el suelo,
177       de cara a la puerta y de espaldas al muro,
178       y el que llevaba la palabra continuó hablando.
179       Poco a poco sus ademanes
180       se hicieron menos cautelosos
181       y más audibles sus palabras.
182       – No – dijo –.
183       Lo he pensado bien y no me gusta.
184       Es peligroso.
185       – ¡Peligroso! – refunfuñó el español «sordomudo»,
186       con gran sorpresa de los muchachos –.
187       ¡Gallina!
188       Su voz dejó a aquéllos atónitos y estremecidos.
189       ¡Era Joe el Indio!
190       Hubo un largo silencio;
191       después dijo Joe:
192          – No es más peligroso que el golpe de allá arriba,
193       y nada nos vino de él.
194          – Eso es diferente.
195       Tan lejos río arriba y sin ninguna otra casa cerca.
196       Nunca se podría saber
197       que lo habíamos intentado
198       si nos fallaba.
199          – Bueno; ¿y qué cosa hay de más peligro
200       que venir aquí de día?
201       Cualquiera que nos viese sospecharía.
202          – Ya lo sé.
203       Pero no había ningún otro sitio tan a la mano
204       después de aquel golpe idiota.
205       Yo quiero irme de esta conejera.
206       Quise irme ayer
207       pero de nada servía tratar
208       de asomar fuera la oreja
209       con aquellos condenados chicos
210       jugando allí en lo alto, frente por frente.
211       Los «condenados chicos»
212       se estremecieron de nuevo al oír esto,
213       y pensaron en la suerte
214       que habían tenido el día antes
215       en acordarse de que era viernes
216       y dejarlo para el siguiente.
217       ¡Cómo se dolían
218       de no haberlo dejado para otro año!
219       Los dos hombres sacaron algo de comer
220       y almorzaron.
221       Después de una larga y silenciosa meditación
222       dijo Joe el Indio:
223          – У óyeme, muchacho:
224       tú te vuelves río arriba a tu tierra.
225       Esperas allí hasta que oigas de mí.
226       Yo voy a arriesgarme a caer por el pueblo
227       nada más que otra vez,
228       para echar una mirada por allí.
229       Daremos el golpe «peligroso»
230       después de que yo haya atisbado un poco
231       y vea que las cosas se presentan bien.
232       Después, ¡a Texas!
233       Haremos el camino juntos.
234       Aquello parecía aceptable.
235       Después los dos empezaron a bostezar,
236       y Joe dijo:
237          – Estoy muerto de sueño.
238       A ti te toca vigilar.
239       Se acurrucó entre las hierbas
240       y a poco empezó a roncar.
241       Su compañero le hurgó para que guardase silencio.
242       Después el centinela comenzó a dar cabezadas,
243       bajando la cabeza cada vez más,
244       y a poco rato los dos roncaban a la par.
245       Los muchachos respiraron satisfechos.
246          – ¡Ahora es la nuestra! – murmuró Tom– .
247       ¡Vámonos!
248          – No puedo – respondió Huck–:
249       me caería muerto si se despertasen.
250       Tom insistía;
251       Huck no se determinaba.
252       Al fin Tom se levantó,
253       lentamente y con gran cuidado,
254       y echó a andar solo.
255       Pero al primer paso
256       hizo dar tal crujido al desvencijado pavimento,
257       que volvió a tenderse en el suelo
258       anonadado de espanto.
259       No osó repetir el intento.
260       Allí se quedaron
261       contando los interminables momentos,
262       hasta parecerles que el tiempo ya no corría
263       y que la eternidad iba envejeciendo;
264       y después notaron con placer
265       que al fin se estaba poniendo el sol.
266       En aquel momento cesó uno de los ronquidos.
267       Joe el Indio se sentó, miró alrededor
268       y dirigió una aviesa sonrisa a su camarada,
269       el cual tenía colgando la cabeza entre las rodillas.
270       Le empujó con el pie, diciéndole:
271          – ¡Vamos! ¡Vaya un vigilante que estás hecho!
272       Pero no importa; nada ha ocurrido.
273          – ¡Diablo! ¿Me he dormido?
274          – Unas miajas.
275       Ya es tiempo de ponerse en marcha, compadre.
276       ¿Qué vamos a hacer
277       con lo poco de pasta que nos queda?
278          – No sé qué te diga;
279       me parece que dejarla aquí
280       como siempre hemos hecho.
281       De nada sirve que nos lo llevemos
282       hasta que salgamos hacia el Sur.
283       Seiscientos cincuenta dólares en plata
284       pesan un poco para llevarlos.
285          – Bueno; está bien...;
286       no importa volver otra vez por aquí.
287          – No; pero habrá que venir de noche,
288       como hacíamos antes. Es mejor.
289          – Sí, pero mira: puede pasar mucho tiempo
290       antes de que se presente una buena ocasión
291       para este golpe;
292       pueden ocurrir accidentes,
293       porque el sitio no es muy bueno.
294       Vamos a enterrarlo de verdad y a enterrarlo hondo.
295          – ¡Buena idea! – dijo el compinche;
296       y atravesando la habitación de rodillas,
297       levantó una de las losas del fogón
298       y sacó un talego
299       del que salía un grato tintineo.
300       Extrajo de él veinte o treinta dólares para él
301       y otros tantos para Joe,
302       y entregó el talego a éste,
303       que estaba arrodillado en un rincón,
304       haciendo un agujero en el suelo con su cuchillo.
305       En un instante olvidaron los muchachos
306       todos sus temores y angustias.
307       Con ávidos ojos seguían
308       hasta los menores movimientos.
309       ¡Qué suerte!
310       ¡No era posible imaginar aquello!
311       Seiscientos dólares
312       era dinero sobrado
313       para hacer ricos a media docena de chicos.
314       Aquello era la casa de tesoros
315       bajo los mejores auspicios:
316       ya no habría enojosas incertidumbres
317       sobre dónde había que cavar.
318       Se hacían guiños a indicaciones con la cabeza:
319       elocuentes signos fáciles de interpretar
320       porque no significaban más que esto:
321       «Dime, ¿no estás contento de estar aquí?»
322       El cuchillo de Joe tropezó con algo.
323          – ¡Hola! – dijo aquél.
324          – ¿Qué es eso? – preguntó su compañero.
325          – Una tabla medio podrida...
326       No; es una caja.
327       Echa una mano
328       y veremos para qué está aquí.
329       No hace falta: le he hecho un boquete.
330       Metió por él la mano y la sacó en seguida.
331          – ¡Cristo! ¡Es dinero!
332       Ambos examinaron el puñado de monedas.
333       Eran de oro.
334       Tan sobreexcitados como ellos
335       estaban los dos rapaces allá arriba,
336       y no menos contados.
337       El compañero de Joe dijo:
338          – Esto lo arreglaremos a escape.
339       Aquí hay un pico viejo entre la broza,
340       en el rincón, al otro lado de la chimenea.
341       Acabo de verlo.
342       Fue corriendo y volvió con el pico
343       y la gala de los muchachos.
344       Joe el Indio cogió el pico,
345       lo examinó minuciosamente,
346       sacudió la cabeza,
347       murmuró algo entre dientes
348       y comenzó a usarlo.
349       En un momento desenterró la caja.
350       No era muy grande
351       y estaba reforzada con herrajes,
352       y había sido muy recia
353       antes de que el lento pasar de los años la averiase.
354       Los dos hombres contemplaron el tesoro
355       con beatífico silencio.
356          – Compadre, aquí hay miles de dólares –
357       dijo Joe el Indio.
358          – Siempre se dijo
359       que los de la cuadrilla de Murrel
360       anduvieron por aquí un verano – 
361       observó el desconocido.
362          – Ya lo sé – dijo Joe –,
363       y esto tiene traza de ser cosa de ellos.
364          – Ahora ya no necesitarás dar aquel golpe.
365       El mestizo frunció el ceño.
366          – Tú no me conoces – dijo –.
367       Por lo menos no sabes nada del caso.
368       No se trata sólo de un robo:
369       es una venganza  –
370       y un maligno fulgor brilló en sus ojos –.
371       Necesitaré que me ayudes.
372       Cuando esté hecho..., entonces, a Texas.
373       Vete a tu casa con tu parienta, y tus chicos,
374       y estate preparado para cuando yo diga.
375          – Bueno, si tú lo dices.
376       ¿Qué haremos con esto?
377       ¿Volverlo a enterrar?
378          – Sí. (Gran júbilo en el piso de arriba.)
379       No, ¡de ningún modo!,
380       ¡no! (Profundo desencanto en lo alto.)
381       Ya no me acordaba.
382       Ese pico tiene pegada tierra fresca.
383       (Terror en los muchachos.)
384       ¿Qué hacían aquí esa pala y ese pico?
385       ¿Quién los trajo aquí...
386       y dónde se ha ido el que los trajo?
387       ¡Quiá! ¿Enterrarlo aquí
388       y que vuelvan
389       y vean el piso removido?
390       No en mis días.
391       Lo llevaremos a mi cobijo.
392           – ¡Claro que sí!
393       Podíamos haberlo pensado antes.
394       ¿Piensas que al número uno?
395          – No, al número dos, debajo de la cruz.
396       El otro sitio no es bueno..., demasiado conocido.
397          – Muy bien.
398       Ya está casi lo bastante oscuro para irnos.
399       Joe el Indio fue de ventana en ventana
400       atisbando cautelosamente.
401       Después dijo:
402          – ¿Quién podrá haber traído aquí
403       esas herramientas?
404       ¿Te parece que puedan estar arriba?
405       Los muchachos se quedaron sin aliento.
406       Joe el Indio puso la mano sobre el cuchillo,
407       se detuvo un momento, indeciso,
408       y después dio media vuelta
409       y se dirigió a la escalera.
410       Los chicos se acordaron del camaranchón,
411       pero estaban sin fuerzas, desfallecidos.
412       Los pasos crujientes se acercaban por la escalera...
413       La insufrible angustia de la situación
414       despertó sus energías muertas,
415       y estaban ya a punto de lanzarse hacia el cuartucho,
416       cuando se oyó un chasquido y el derrumbamiento
417       de maderas podridas,
418       y Joe el Indio se desplomó,
419       entre las ruinas de la escalera.
420       Se incorporó, echando juramentos,
421       y su compañero le dijo.
422          – ¿De qué sirve todo eso?
423       Si hay alguien y está allá arriba,
424       que siga ahí,
425       ¿qué nos importa?
426       Si quiere bajar y buscar camorra,
427       ¿quién se lo impide?
428       Dentro de quince minutos es de noche...,
429       y que nos sigan si les apetece;
430       no hay inconveniente.
431       Pienso yo que quienquiera
432       que trajo estas cosas aquí
433       nos echó la vista
434       y nos tomó por trasgos o demonios,
435       o algo por el estilo.
436       Apuesto a que aún no ha acabado de correr.
437       Joe refunfuñó un rato,
438       después convino con su amigo
439       en que lo poco que todavía queda de claridad
440       debía aprovecharse
441       en preparar las cosas para la marcha.
442       Poco después se deslizaron fuera de la casa,
443       en la oscuridad, cada vez más densa,
444       del crepúsculo,
445       y se encaminaron hacia el río
446       con su preciosa caja.
447       Tom y Huck se levantaron desfallecidos,
448       pero enormemente tranquilizados,
449       y los siguieron con la vista
450       a través de los resquicios por entre los troncos
451       que formaban el muro.
452       ¿Seguirlos?
453       No estaban para ello.
454       Se contentaron
455       con descender otra vez a tierra firme,
456       sin romperse ningún hueso,
457       y tomaron la senda
458       que llevaba al pueblo por encima del monte.
459       Hablaron poco;
460       estaban harto ocupados en aborrecerse a sí mismos,
461       en maldecir la mala suerte
462       que les había hecho llevar allí el pico y la pala.
463       A no ser por eso,
464       jamás hubiera sospechado Joe.
465       Allí habría escondido el oro y la plata
466       hasta que, satisfecha su «venganza»,
467       volviera a recogerlos,
468       y entonces hubiera sufrido el desencanto
469       de encontrarse con que el dinero había volado.
470       ¡Qué mala suerte haber dejado allí las herramientas!
471       Resolvieron estar en acecho
472       para cuando el falso español volviera al pueblo
473       buscando la ocasión
474       para realizar sus propósitos de venganza,
475       y seguirle hasta el «número dos»,
476       fuera aquello lo que fuera.
477       Después se le ocurrió a Tom una siniestra idea:
478          – ¿Venganza? – dijo –.
479       ¿Y si fuera de nosotros, Huck?
480          – ¡No digas eso! –
481       exclamó Huck, a punto de desmayarse.
482       Discutieron el asunto,
483       y para cuando llegaron al pueblo
484       se habían puesto de acuerdo en creer
485       que Joe pudiera referirse a algún otro,
486       o al menos que sólo se refería a Tom,
487       puesto que él era el único
488       que había declarado.
489       ¡Menguado consuelo era para Tom
490       verse solo en el peligro!
491       Estar en compañía hubiera sido una positiva mejora,
492       pensó.

Перейти к следующей главе

наверх

   


Пришлите свое сообщение по этому адресу, и мы ответим вам в ближайшее время.

imagen

Design