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Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-29 Сногсшибательная новость - Una jubilante noticia

Capítulo 29 - Глава 29

 Сногсшибательная новость - Una jubilante noticia

 

1           Lo primero que llegó a oídos de Tom
2           en la mañana del viernes
3           fue una jubilante noticia:
4           la familia del juez Thatcher
5           había regresado al pueblo aquella noche.
6           Tanto el Indio Joe como el tesoro
7           pasaron en seguida a segundo término,
8           y Becky ocupó el lugar preferente
9           en el interés del muchacho.
10         La vio
11         y gozaron hasta hartarse
12         jugando al escondite y a las cuatro esquinas
13         con una bandada de condiscípulos.
14         La felicidad del día
15         tuvo digno remate y corona.
16         Becky había importunado a su madre
17         para que celebrase al siguiente día
18         la merienda campestre,
19         de tanto tiempo atrás prometida
20         y siempre aplazada,
21         y la mamá accedió.
22         El gozo de la niña no tuvo límites,
23         y el de Tom no fue menor.
24         Las invitaciones se hicieron al caer la tarde
25         a instantáneamente cundió
26         una fiebre de preparativos
27         y de anticipado júbilo entre la gente menuda.
28         La nerviosidad de Tom
29         le hizo permanecer despierto hasta muy tarde,
30         y estaba muy esperanzado
31         de oír el «¡miau!» de Huck
32         y de poder asombrar con su tesoro
33         al siguiente día a Becky
34         y demás comensales de la merienda;
35         pero se frustró su esperanza.
36         No hubo señales aquella noche.
37         Llegó al fin la mañana,
38         y para las diez o las once
39         una alborotada y ruidosa compañía
40         se hallaba reunida en casa del juez,
41         y todo estaba presto
42         para emprender la marcha.
43         No era costumbre que las personas mayores
44         aguasen estas fiestas con su presencia.
45         Se consideraba a los niños seguros
46         bajo las alas protectoras
47         de unas cuantas señoritas de dieciocho años
48         y unos cuantos caballeretes de veintitrés
49         o cosa así.
50         La vieja barcaza de vapor
51         que servía para cruzar el río
52         había sido alquilada para la fiesta,
53         y a poco la jocunda comitiva,
54         cargada de cestas con provisiones,
55         llenó la calle principal.
56         Sid estaba malo y se quedó sin fiesta;
57         Mary se quedó en casa
58         para hacerle compañía.
59         La última advertencia
60         que la señora de Thatcher hizo a Becky fue:
61            – No volveréis hasta muy tarde.
62         Quizá sea mejor
63         que te quedes a pasar la noche
64         con alguna de las niñas
65         que viven cerca del embarcadero.
66            – Entonces me quedaré con Susy Harper, mamá.
67            – Muy bien. Y ten cuidado,
68         y sé buena, y no des molestias.
69         Poco después, ya en marcha, dijo Tom a Becky:
70            – Oye voy a decirte lo que hemos de hacer.
71         En vez de ir a casa de Joe Harper
72         subimos al monte
73         y vamos a casa de la viuda de Douglas.
74         Tendrá helados.
75         Los toma casi todos los días...,
76         carretadas de ellos.
77         Y se ha de alegrar de que vayamos.
78            – ¡Qué divertido será!
79         Después Becky reflexionó un momento y aсadió:
80            – Pero ¿qué va a decir mamá?
81            – ¿Cómo va a saberlo?
82         La niña rumió un rato la idea
83         y dijo vacilante:
84            – Me parece que no está bien... pero...
85            – Pero... ¡nada!
86         Tu madre no lo ha de saber,
87         y así, ¿dónde está el mal?
88         Lo que ella quiere
89         es que estés en lugar seguro,
90         y apuesto a que te hubiera dicho
91         que fueses allí
92         si se le llega a ocurrir.
93         De seguro que sí.
94         La generosa hospitalidad de la viuda
95         era un cebo tentador.
96         Y ello y las persuasiones de Tom ganaron la batalla.
97         Se decidió, pues, a no decir nada a nadie
98         en cuanto al programa nocturno.
99         Después se le ocurrió a Tom
100       que quizá Huck pudiera ir aquella noche
101       y hacer la señal.
102       Esta idea le quitó gran parte del entusiasmo
103       por su proyecto.
104       Pero, con todo,
105       no se avenía a renunciar
106       a los placeres de la mansión de la viuda.
107       ¿Y por qué había de renunciar? – pensaba –.
108       Si aquella noche no hubo señal,
109       ¿era más probable que la hubiera la noche siguiente?
110       El placer cierto que le aguardaba
111       le atraía más
112       que el incierto tesoro;
113       y, como niño que era,
114       decidió dejarse llevar por su inclinación
115       y no volver a pensar en el cajón de dinero
116       en todo el resto del día.
117       Tres millas más abajo de la población
118       la barcaza se detuvo
119       a la entrada de una frondosa ensenada
120       y echó las amarras.
121       La multitud saltó a tierra,
122       y en un momento las lejanías del bosque
123       y los altos peñascales
124       resonaron por todas partes con gritos y risas.
125       Todos los diversos procedimientos
126       de llegar a la sofocación y al cansancio
127       se pusieron en práctica,
128       y después los expedicionarios
129       fueron regresando poco a poco al punto de reunión,
130       armados de fieros apetitos,
131       y comenzó la destrucción y aniquilamiento
132       de los gustosos alimentos.
133       Después del banquete hubo un rato de charla
134       y refrescante descanso
135       bajo los corpulentos y desparramados robles.
136       Al fin, alguien gritó:
137          – ¿Quién quiere venir a la cueva?
138       Todos estaban dispuestos.
139       Se buscaron paquetes de bujías
140       y en seguida todo el mundo
141       se puso en marcha monte arriba.
142       La boca de la cueva estaba en la ladera,
143       y era una abertura en forma de A.
144       La recia puerta de roble estaba abierta.
145       Dentro había una pequeña cavidad,
146       fría como una cámara frigorífica,
147       construida por la Naturaleza
148       con sólidos muros de roca caliza
149       que rezumaba humedad, como un sudor frío.
150       Era romántico y misterioso estar allí
151       en la profundidad sombría
152       y ver allá fuera
153       el verde valle resplandeciente de sol.
154       Pero lo impresionante de la situación
155       se disipó pronto
156       y el alboroto se reanudó en seguida.
157       En el momento en que cualquiera encendía una vela
158       todos se lanzaban sobre él,
159       se tramaba una viva escaramuza de ataque y defensa,
160       hasta que la bujía rodaba por el suelo
161       o quedaba apagada de un soplo,
162       entre grandes risas
163       y nuevas repeticiones de la escena.
164       Pero todo acaba,
165       y al fin la procesión empezó a subir
166       la abrupta cuesta de la galería principal,
167       y la vacilante hilera de luces
168       permitía entrever los ingentes muros de roca
169       casi hasta el punto
170       en que se juntaban a veinte metros de altura.
171       Esta galería principal
172       no tenía más de tres o cuatro metros de ancho.
173       A cada pocos pasos
174       otras altas resquebrajaduras,
175       aun más angostas,
176       se abrían por ambos lados,
177       pues la Cueva de MacDougal no era sino
178       un vasto laberinto de retorcidas galerías
179       que se separaban unas de otras,
180       se volvían a encontrar y no conducían a parte alguna.
181       Se decía que podía uno vagar días y noches
182       por la intrincada red de grietas y fisuras
183       sin llegar nunca al término de la cueva,
184       y que se podía bajar y bajar
185       a las profundidades de la tierra
186       y por todas partes era lo mismo:
187       un laberinto debajo del otro
188       y todos ellos sin fin ni término.
189       Nadie se sabía la caverna.
190       Era cosa imposible.
191       La mayor parte de los muchachos
192       conocía sólo un trozo,
193       y no acostumbraba a aventurarse
194       mucho más allá de la parte conocida.
195       Tom Sawyer sabía tanto como cualquier otro.
196       La comitiva avanzó por la galería principal
197       como tres cuartos de milla,
198       y después grupos y parejas
199       fueron metiéndose por las cavernas laterales,
200       correteando por las tétricas galerías
201       para sorprenderse unos a otros
202       en las encrucijadas donde aquéllas se unían.
203       Unos grupos podían eludir
204       la persecución de los otros
205       durante más de media hora
206       sin salir del terreno conocido.
207       Poco a poco, un grupo tras otro,
208       fueron llegando a la boca de la cueva,
209       sin aliento; cansados de reír,
210       cubiertos de la cabeza a los pies
211       de goterones de esperma,
212       manchados de barro
213       y encantados de lo que se habían divertido.
214       Se quedaban todos sorprendidos
215       de no haberse dado cuenta del transcurso del tiempo
216       y de que ya la noche se viniera encima.
217       Hacía media hora
218       que la campana del barco los estaba llamando;
219       pero, aquel final de las aventuras del día
220       les parecía también novelesco y romántico
221       y, por consiguiente, satisfactorio.
222       Cuando el vapor,
223       con su jovial y ruidoso cargamento,
224       avanzó en la corriente,
225       a nadie importaba un ardite por el tiempo perdido,
226       a no ser al capitán de la embarcación.
227       Huck estaba ya en acecho
228       cuando las luces del vapor
229       se deslizaron, relampagueantes, frente al muelle.
230       No oyó ruido alguno a bordo
231       porque la gente joven estaba ya muy formal
232       y apaciguada,
233       como ocurre siempre
234       a quien está medio muerto de cansancio.
235       Se preguntaba qué barco sería aquél
236       y por qué no atracaba en el muelle,
237       y con esto no volvió a acordarse más de él
238       y puso toda su atención en sus asuntos.
239       La noche se estaba poniendo anubarrada y oscura.
240       Dieron las diez,
241       y cesó el ruido de vehículos;
242       luces dispersas
243       empezaron a hacer guiños en la oscuridad,
244       los transeúntes rezagados desaparecieron,
245       la población se entregó al sueño
246       y dejó al pequeño vigilante
247       a solas con el silencio y los fantasmas.
248       Sonaron las once
249       y se apagaron las luces de las tabernas,
250       y entonces la oscuridad lo invadió todo.
251       Huck esperó un largo rato,
252       que le pareció interminable y tedioso,
253       pero no ocurrió nada.
254       Su fe se debilitaba.
255       ¿Serviría de algo?
256       ¿Sería realmente de alguna utilidad?
257       ¿Por qué no desistir
258       y marcharse a acostar?
259       Oyó un ruido.
260       En un instante fue todo atención.
261       La puerta de la calleja se abrió suavemente.
262       Se puso de un salto
263       en el rincón del almacén de ladrillos.
264       Un momento después
265       dos hombres pasaron ante él rozándole,
266       y uno de ellos parecía llevar algo bajo el brazo.
267       ¡Debía de ser aquella caja!
268       Así, pues, se llevaban el tesoro.
269       ¿Por qué llamar entonces a Tom?
270       Sería insensato:
271       los dos hombres desaparecerían con la caja
272       para no volverlos a ver jamás.
273       No; se iba a pegar a sus talones y seguirlos;
274       confiaba en la oscuridad para no ser descubierto.
275       Así arguyendo consigo mismo,
276       Huck saltó de su escondrijo
277       y se deslizó tras ellos
278       como un gato, con los pies desnudos,
279       dejándoles la delantera precisa
280       para no perderlos de vista.
281       Siguieron un trecho
282       subiendo por la calle frontera al río
283       y torcieron a la izquierda por una calle transversal.
284       Avanzaron por allí en línea recta,
285       hasta llegar a la senda
286       que conducía al monte Cardiff,
287       y tomaron por ella.
288       Pasaron por la antigua casa del galés,
289       a mitad de la subida del monte,
290       y sin vacilar siguieron cuesta arriba.
291       «Bien está – pensó Huck –,
292       van a enterrarla en la cantera abandonada».
293       Continuaron hasta la cumbre;
294       se metieron por el estrecho sendero
295       entre los matorrales,
296       y al punto se desvanecieron en las sombras.
297       Huck se apresuró y acortó la distancia,
298       pues ahora ya no podrían verle.
299       Trotó durante un rato;
300       después moderó el paso,
301       temiendo que se iba acercando demasiado;
302       siguió andando un trecho y se detuvo.
303       Escuchó, no se oía ruido alguno,
304       y sólo creía oír
305       los latidos de su propio corazón.
306       El graznido de una lechuza
307       llegó hasta él desde el otro lado de la colina...
308       ¡Mal agüero!...;
309       pero no se oían pasos.
310       ¡Cielos!, ¿estaría todo perdido?
311       Estaba a punto de lanzarse a correr
312       cuando oyó un carraspeo a dos pasos de él.
313       El corazón se le subió a la garganta,
314       pero se lo volvió a tragar,
315       y se quedó allí,
316       tiritando como si media docena de intermitentes
317       le hubieran atacado a un tiempo,
318       y tan débil, que creyó
319       que se iba a desplomar en el suelo.
320       Conocía bien el sitio:
321       sabía que estaba a cinco pasos del portillo
322       que conducía a la finca de la viuda de Douglas.
323       «Muy bien – pensó –, que lo entierren aquí;
324       no ha de ser difícil encontrarlo.»
325       Una voz le interrumpió, apenas audible:
326       la de Joe el Indio.
327          – ¡Maldita mujer!
328       Quizás tenga visitas...
329       Hay luces, tan tarde como es.
330          – Yo no las veo.
331       Esta segunda voz era la del desconocido,
332       el forastero de la casa de los duendes.
333       Un escalofrío corrió por todo el cuerpo de Huck.
334       ¡Ésta era, pues, la empresa de venganza!
335       Su primera idea fue huir;
336       después se acordó
337       de que la viuda había sido buena con él
338       más de una vez,
339       y acaso aquellos hombres iban a matarla.
340       ¡Si se atreviera a prevenirla!
341       Pero bien sabía que no habría de atreverse:
342       podían venir y atraparlo.
343       Todo ello y mucho más
344       pasó por su pensamiento en el instante
345       que medió entre las palabras del forastero
346       y la respuesta de Joe el Indio.
347          – Porque tienes las matas delante.
348       Ven por aquí y lo verás. ¿Ves?
349          – Sí. Parece que hay gente con ella.
350       Más vale dejarlo.
351          – ¡Dejarlo,
352       y precisamente cuando me voy para siempre
353       de esta tierra!
354       ¡Dejarlo, y acaso
355       no se presente nunca otra ocasión!
356       Ya te he dicho, y lo repito,
357       que no me importa su bolsa:
358       puedes quedarte con ella.
359       Pero me trató mal su marido,
360       me trató mal muchas veces,
361       y, sobre todo, él fue el juez de paz
362       que me condenó por vagabundo.
363       Y no es eso todo;
364       no es ni siquiera la milésima parte.
365       Me hizo azotar,
366       ¡azotar delante de la cárcel como a un negro,
367       con todo el pueblo mirándome!
368       ¡Azotado!, ¿entiendes?
369       Se fue sin pagármelo, porque se murió.
370       Pero cobraré en ella.
371          – No, no la mates. No hagas eso.
372          – ¡Matar! ¿Quién habla de matar?
373       Le mataría a él si le tuviera a mano;
374       pero no a ella.
375       Cuando quiere uno vengarse de una mujer
376       no se la mata, ¡bah!,
377       se le estropea la cara.
378       No hay más que desgarrarle las narices
379       y cortarle las orejas como a una verraca!
380          – ¡Por Dios! ¡Eso es...!
381          – Guárdate tu parecer.
382       Es lo más seguro para ti.
383       Pienso atarla a la cama.
384       Si se desangra y se muere, eso no es cuenta mía:
385       no he de llorar por ello.
386       Amigo mío, me has de ayudar en esto,
387       que es negocio mío,
388       y para eso estás aquí:
389       quizá no pudiera manejarme yo solo.
390       Si te echas atrás, te mato, ¿lo entiendes?
391       Y si tengo que matarte a ti,
392       la mataré a ella también,
393       y me figuro que entonces nadie ha de saber
394       quién lo hizo.
395          – Bueno: si se ha de hacer, vamos a ello.
396       Cuanto antes, mejor...; estoy todo temblando.
397          – ¿Hacerlo ahora y habiendo gente allí?
398       Anda con ojo
399       que voy a sospechar de ti, ¿sabes?
400       No; vamos a esperar a que se apaguen las luces.
401       No hay prisa.
402       Huck comprendió que iba a seguir un silencio
403       aun más medroso
404       que cien criminales coloquios:
405       así es que contuvo el aliento
406       y dio un paso hacia atrás,
407       plantando primero un pie cuidadosa y firmemente,
408       y después manteniéndose en precario equilibrio
409       sobre el otro
410       y estando a punto de caer a la derecha o la izquierda.
411       Retrocedió otro paso
412       con el mismo minucioso cuidado
413       y no menos riesgo;
414       después, otro y otro, y ..
415       ¡una rama crujió bajo el pie!
416       Se quedó sin respirar y escuchó.
417       No se oía nada:
418       la quietud era absoluta;
419       su gratitud a la suerte, infinita.
420       Después volvió sobre sus pasos
421       entre los muros de matorrales:
422       dio la vuelta con las mismas precauciones
423       que si fuera una embarcación,
424       y anduvo ya más ligero,
425       aunque no con menos cuidado.
426       No se sentía seguro
427       hasta que llegó a la cantera,
428       y allí apretó los talones y echó a correr.
429       Fue volando cuesta abajo hasta la casa del galés.
430       Aporreó la puerta, y a poco
431       las cabezas del viejo y de sus dos muchachotes
432       aparecieron en diferentes ventanas.
433          – ¿Qué escándalo es ése?
434       ¿Quién llama? ¿Qué quiere?
435          – ¡Ábranme, de prisa! Ya lo diré todo.
436          – ¿Quién es usted?
437          – Huckleberry Finn... ¡De prisa, ábranme!
438          – ¡Huckleberry Finn!
439       No es nombre que haga abrir muchas puertas,
440       me parece.
441       Pero abridle la puerta, muchachos,
442       y veamos qué es lo que le pasa.
443          – ¡Por Dios,
444       no digan que lo he dicho yo! –
445       fueron sus primeras palabras
446       cuando se vio dentro –.
447       No lo digan, por Dios,
448       porque me matarán, de seguro;
449       pero la viuda ha sido a veces buena conmigo
450       y quiero decirlo;
451       lo diré si me prometen
452       que no dirán nunca que fui yo.
453          – Apuesto a que algo de peso tiene que decir,
454       o no se pondría así.
455       Fuera con ello, muchacho,
456       que aquí nadie ha de decir nada.
457       Tres minutos después
458       el viejo y sus dos hijos,
459       bien armados,
460       estaban en lo alto del monte,
461       y penetraban en el sendero de los matorrales,
462       con las armas preparadas.
463       Huck los acompañó hasta allí,
464       se agazapó tras un peñasco
465       y se puso a escuchar.
466       Hubo un postrado y anheloso silencio;
467       después, de pronto,
468       una detonación de arma de fuego y un grito.
469       Huck no esperó a saber detalles.
470       Pegó un salto y echó a correr monte abajo
471       como una liebre.

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