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Capítulo-3. Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-3. Армия Тома одержала великую победу - El ejército de Tom ganó una gran victoria Capitulo-3

Capítulo 3 - Глава 3

 Глава-3. Армия Тома одержала великую победу

 

1           Tom se presentó a su tía,
2           que estaba sentada junto a la ventana,
3           abierta de par en par,
4           en un alegre cuartito
5           de las traseras de la casa,
6           el cual servía a la vez
7           de alcoba, comedor y despacho.
8           La tibieza del aire estival,
9           el olor de las flores
10         y el zumbido adormecedor de las abejas
11         habían producido su efecto,
12         y la anciana estaba dando cabezadas
13         sobre la calceta...,
14         pues no tenía otra compañía
15         que la del gato
16         y éste se hallaba dormido sobre su falda.
17         Estaba tan segura
18         de que Tom habría ya desertado
19         de su trabajo hacía mucho rato,
20         que se sorprendió
21         de verle entregarse así,
22         con tal intrepidez, en sus manos.
23         Él dijo:
24            – ¿Me puedo ir a jugar, tía?
25            – ¡Qué! ¿Tan pronto?
26         ¿Cuánto has enjalbegado?
27            – Ya está todo, tía.
28            – Tom, no me mientas.
29         No lo puedo sufrir.
30            – No miento, tía; ya está todo hecho.
31         La tía Polly confiaba poco
32         en tal testimonio.
33         Salió a ver por sí misma,
34         y se hubiera dado por satisfecha
35         con haber encontrado
36         un veinticinco por ciento de verdad
37         en lo afirmado por Tom.
38         Cuando vio toda la cerca encalada,
39         y no sólo encalada
40         sino primorosamente reposado
41         con varias manos de lechada,
42         y hasta con una franja de añadidura en el suelo,
43         su asombro no podía expresarse en palabras.
44            – ¡Alabado sea Dios! – dijo –.
45         ¡Nunca lo creyera!
46         No se puede negar:
47         sabes trabajar cuando te da por ahí.
48         Y después añadió, aguando el elogio –.
49         Pero te da por ahí rara vez,
50         la verdad sea dicha.
51         Bueno, anda a jugar;
52         pero acuérdate
53         y no tardes una semana en volver,
54         porque te voy a dar una zurra.
55         Tan emocionada estaba
56         por la brillante hazaña de su sobrino,
57         que lo llevó a la despensa,
58         escogió la mejor manzana
59         y se la entregó,
60         juntamente con una edificante disertación
61         sobre el gran valor
62         y el gusto especial
63         que adquieren los dones
64         cuando nos vienen
65         no por pecaminosos medios,
66         sino por nuestro propio
67         virtuoso esfuerzo.
68         Y mientras terminaba
69         con un oportuno latiguillo bíblico,
70         Tom le escamoteó una rosquilla.
71         Después se fue dando saltos,
72         y vio a Sid en el momento
73         en que empezaba a subir
74         la escalera exterior
75         que conducía a las habitaciones altas,
76         por detrás de la casa.
77         Había abundancia de terrones a mano,
78         y el aire se llenó de ellos en un segundo.
79         Zumbaban en torno de Sid
80         como una granizada,
81         y antes de que tía Polly
82         pudiera volver de su sorpresa
83         y acudir en socorro,
84         seis o siete pellazos habían producido efecto
85         sobre la persona de Sid
86         y Tom había saltado la cerca y desaparecido.
87         Había allí una puerta;
88         pero a Tom, por regla general,
89         le escaseaba el tiempo para poder usarla.
90         Sintió
91         descender la paz sobre su espíritu
92         una vez que ya había ajustado cuentas con Sid
93         por haber descubierto lo del hilo,
94         poniéndolo en dificultades.
95         Dio la vuelta a toda la manzana
96         y vino a parar a una calleja fangosa,
97         por detrás del establo
98         donde su tía tenía las vacas.
99         Ya estaba fuera de todo peligro
100       de captura y castigo,
101       y se encaminó apresurado
102       hacia la plaza pública del pueblo,
103       donde dos batallones de chicos
104       se habían reunido para librar una batalla,
105       según tenían convenido.
106       Tom era general de uno de los dos ejércitos;
107       Joe Harper (un amigo del alma),
108       general del otro.
109       Estos eximios caudillos
110       no descendían
111       hasta luchar personalmente –
112       eso se quedaba para la morralla -,
113       sino que se sentaban mano a mano en una eminencia
114       y desde allí conducían las marciales operaciones
115       dando órdenes
116       que transmitían sus ayudantes de campo.
117       El ejército de Tom
118       ganó una gran victoria
119       tras rudo y tenaz combate.
120       Después se contaron los muertos,
121       se canjearon prisioneros
122       y se acordaron los términos
123       del próximo desacuerdo;
124       y hecho esto,
125       los dos ejércitos formaron y se fueron,
126       y Tom se volvió solo
127       hacia su morada.
128       Al pasar junto a la casa
129       donde vivía Jeff Thatcher
130       vio en el jardín a una niña desconocida:
131       una linda criaturita de ojos azules,
132       con el pelo rubio
133       peinado en dos largas trenzas,
134       delantal blanco de verano
135       y pantalón con puntillas.
136       El héroe, recién coronado de laureles,
137       cayó sin disparar un tiro.
138       Una cierta Amy Lawrence
139       se disipó en su corazón
140       y no dejó ni un recuerdo detrás.
141       Se había creído locamente enamorado,
142       le había parecido su pasión,
143       un fervoroso culto,
144       y he aquí que no era más que
145       una trivial y efímera debilidad.
146       Había dedicado meses a su conquista,
147       apenas hacía una semana
148       que ella se había rendido,
149       él había sido durante siete breves días
150       el más feliz y orgulloso de los chicos;
151       y allí en un instante
152       la había despedido de su pecho
153       sin un adiós.
154       Adoró a esta repentina
155       y seráfica aparición
156       con furtivas miradas
157       hasta que notó que ella le había visto;
158       fingió entonces
159       que no había advertido su presencia,
160       y empezó «a presumir»
161       haciendo toda suerte de absurdas
162       a infantiles habilidades
163       para ganarse su admiración.
164       Continuó por un rato la grotesca exhibición;
165       pero al poco, y mientras realizaba ciertos
166       ejercicios gimnásticos arriesgadísimos,
167       vio con el rabillo del ojo
168       que la niña se dirigía hacia la casa.
169       Tom se acercó a la valla
170       y se apoyó en ella, afligido,
171       con la esperanza de que aún se detendría un rato.
172       Ella se paró un momento en los escalones
173       y avanzó hacia la puerta.
174       Tom lanzó un hondo suspiro
175       al verla poner el pie en el umbral;
176       pero su faz se iluminó de pronto,
177       pues la niña arrojó un pensamiento
178       por encima de la valla,
179       antes de desaparecer.
180       El rapaz echó a correr
181       y dobló la esquina,
182       deteniéndose a corta distancia
183       de la flor;
184       y entonces se entoldó los ojos con la mano
185       y empezó a mirar calle abajo,
186       como si hubiera descubierto en aquella dirección
187       algo de gran interés.
188       Después cogió una paja del suelo
189       y trató de sostenerla en equilibrio
190       sobre la punta de la nariz,
191       echando hacia atrás la cabeza;
192       y mientras se movía de aquí para allá,
193       para sostener la paja,
194       se fue acercando más y más
195       al pensamiento,
196       y al cabo le puso encima su pie desnudo,
197       lo agarró con prensiles dedos,
198       se fue con él renqueando
199       y desapareció tras de la esquina.
200       Pero nada más que por un instante:
201       el preciso para colocarse la flor en un ojal,
202       por dentro de la chaqueta,
203       próxima al corazón
204       o, probablemente, al estómago,
205       porque no era ducho en anatomía,
206       y en modo alguno supercrítico.
207       Volvió en seguida
208       y rondó en torno de la valla hasta la noche
209       «presumiendo» como antes;
210       pero la niña no se dejó ver,
211       y Tom se consoló pensando
212       que quizá se habría acercado
213       a alguna ventana
214       y habría visto sus homenajes.
215       Al fin se fue a su casa, de mala gana,
216       con la cabeza llena de ilusiones.
217       Durante la cena
218       estaba tan inquieto y alborotado,
219       que su tía se preguntaba
220       «qué es lo que le pasaría a ese chico».
221       Sufrió una buena reprimenda
222       por el apedreamiento,
223       y no le importó ni un comino.
224       Trató de robar azúcar,
225       y recibió un golpe en los nudillos.
226          – Tía – dijo –,
227       a Sid no le pegas cuando la toma.
228       – No; pero no la atormenta a una
229       como me atormentas tú.
230       No quitarías mano al azúcar
231       si no te estuviera mirando.
232       A poco se metió la tía en la cocina, y Sid,
233       glorioso de su inmunidad,
234       alargó la mano hacia el azucarero,
235       lo cual era alarde afrentoso para Tom,
236       a duras penas soportable.
237       Pero a Sid se le escurrieron los dedos
238       y el azucarero cayó
239       y se hizo pedazos.
240       Tom se quedó en suspenso,
241       en un rapto de alegría;
242       tan enajenado,
243       que pudo contener la lengua
244       y guardar silencio.
245       Pensaba que no diría palabra,
246       ni siquiera cuando entrase su tía,
247       sino que seguiría sentado y quedo
248       hasta que ella preguntase
249       quién había hecho el estropicio;
250       entonces se lo diría,
251       y no habría cosa más gustosa en el mundo
252       que ver al «modelo» atrapado.
253       Tan entusiasmado estaba
254       que apenas se pudo contener
255       cuando volvió la anciana
256       y se detuvo ante las ruinas
257       lanzando relámpagos de cólera
258       por encima de los lentes.
259       «¡Ahora se arma!» - pensó Tom.
260       Y en el mismo instante
261       estaba despatarrado en el suelo.
262       La recia mano vengativa
263       estaba levantada en el aire
264       para repetir el golpe,
265       cuando Tom gritó:
266          – ¡Quieta! ¿Por qué me zurra?
267       ¡Sid es el que lo ha roto!
268       Tía Polly se detuvo perpleja,
269       y Tom esperaba una reparadora compasión.
270       Pero cuando ella recobró la palabra,
271       se limitó a decir:
272          – ¡Vaya!
273       No te habrá venido de más una tunda,
274       se me figura.
275       De seguro
276       que habrás estado haciendo alguna otra trastada
277       mientras yo no estaba aquí.
278       Después le remordió la conciencia,
279       y ansiaba decir
280       algo tierno y cariñoso;
281       pero pensó que esto se interpretaría
282       como una confesión de haber obrado mal
283       y la disciplina no se lo permitió;
284       prosiguió, pues, sus quehaceres
285       con un peso sobre el corazón.
286       Tom, sombrío y enfurruñado,
287       se agazapó en un rincón,
288       y exageró, agravándolas, sus cuitas.
289       Bien sabía que su tía
290       estaba, en espíritu, de rodillas ante él,
291       y eso le proporcionaba una triste alegría.
292       No quería arriar la bandera
293       ni darse por enterado
294       de las señales del enemigo.
295       Bien sabía
296       que una mirada ansiosa se posaba sobre él
297       de cuando en cuando,
298       a través de lágrimas contenidas;
299       pero se negaba a reconocerlo.
300       Se imaginaba a sí mismo
301       postrado y moribundo
302       y a su tía inclinada sobre él,
303       mendigando una palabra de perdón;
304       pero volvía la cara a la pared,
305       y moría sin que la palabra
306       llegase a salir de sus labios.
307       ¿Qué pensaría entonces su tía?
308       Y se figuraba
309       traído a casa desde el río, ahogado,
310       con los rizos empapados,
311       las manos fláccidas
312       y su mísero corazón en reposo.
313       ¡Cómo se arrojaría sobre él,
314       y lloraría a mares,
315       y pediría a Dios
316       que le devolviese su chico,
317       jurando que nunca volvería
318       a tratarle mal!
319       Pero él permanecería pálido y frío,
320       sin dar señal de vida...;
321       ¡pobre mártir
322       cuyas penas habían ya acabado para siempre!
323       De tal manera excitaba su enternecimiento
324       con lo patético de esos ensueños,
325       que tenía que estar tragando saliva,
326       a punto de atosigarse;
327       y sus ojos enturbiados nadaban en agua,
328       la cual se derramaba al parpadear
329       y se deslizaba
330       y caía a gotas por la punta de la nariz.
331       Y tal voluptuosidad experimentaba
332       al mirar y acariciar así sus penas,
333       que no podía tolerar la intromisión
334       de cualquier alegría terrena
335       o de cualquier inoportuno deleite;
336       era cosa tan sagrada
337       que no admitía contactos profanos;
338       y por eso, cuando su prima Mary
339       entró dando saltos de contenta,
340       encantada de verse otra vez en casa
341       después de una eterna ausencia
342       de una semana en el campo,
343       Tom se levantó
344       y, sumido en brumas y tinieblas,
345       salió por una puerta
346       cuando ella entró por la otra
347       trayendo consigo la luz y la alegría.
348       Vagabundeó lejos de los sitios
349       frecuentados por los rapaces
350       y buscó parajes desolados,
351       en armonía con su espíritu.
352       Una larga almadía de troncos,
353       en la orilla del río, le atrajo;
354       y sentándose en el borde, sobre el agua,
355       contempló la vasta
356       y desolada extensión de la corriente.
357       Hubiera deseado morir ahogado;
358       pero de pronto, y sin darse cuenta,
359       y sin tener que pasar
360       por el desagradable y rutinario programa
361       ideado para estos casos por la Naturaleza.
362       Después se acordó de su flor.
363       La sacó, estrujada y lacia,
364       y su vista acrecentó en alto grado
365       su melancólica felicidad.
366       Se preguntó
367       si ella se compadecería si lo supiera.
368       ¿Lloraría?
369       ¿Querría poder echarle los brazos al cuello
370       y consolarlo?
371       ¿O le volvería fríamente la espalda,
372       como todo el resto de la humanidad?
373       Esta visión le causó
374       tales agonías de delicioso sufrimiento,
375       que la reprodujo una y otra vez
376       en su magín
377       y la volvía a imaginar
378       con nuevos y variados aspectos,
379       hasta dejarla gastada
380       y pelada por el uso.
381       Al fin se levantó dando un suspiro,
382       y partió entre las sombras.
383       Serían las nueve y media o las diez
384       cuando vino a dar a la calle ya desierta,
385       donde vivía la amada desconocida.
386       Se detuvo un momento:
387       ningún ruido llegó a sus oídos;
388       una bujía proyectaba un mortecino resplandor
389       sobre la cortina de una ventana del piso alto.
390       ¿Estaba ella allí?
391       Trepó por la valla,
392       marchó con cauteloso paso,
393       por entre las plantas,
394       hasta llegar bajo la ventana;
395       miró hacia arriba largo rato, emocionado;
396       después se echó en el suelo,
397       tendiéndose de espaldas,
398       con las manos cruzadas sobre el pecho
399       y en ellas la pobre flor marchita.
400       Y así quisiera morir...,
401       abandonado de todos,
402       sin cobijo sobre su cabeza,
403       sin una mano querida
404       que enjugase el sudor de su frente,
405       sin una cara amiga
406       que se inclinase sobre él, compasiva,
407       en el trance final.
408       Y así lo vería ella
409       cuando se asomase a mirar
410       la alegría de la mañana...,
411       y, ¡ay! ¿dejaría caer una lágrima
412       sobre el pobre cuerpo inmóvil,
413       lanzaría un suspiro al ver una vida juvenil
414       tan intempestivamente tronchada?
415       La ventana se abrió;
416       la voz áspera de una criada
417       profanó el augusto silencio,
418       y un diluvio de agua
419       dejó empapados los restos del mártir
420       tendido en tierra.
421       El héroe, medio ahogado,
422       se irguió de un salto, resoplando;
423       se oyó el zumbido de una piedra en el aire,
424       entremezclado con el murmullo de una imprecación;
425       después, como un estrépito de cristales rotos;
426       y una diminuta forma fugitiva
427       saltó por encima de la valla
428       y se alejó, disparada, en las tinieblas.
429       Poco después, cuando Tom,
430       desnudo para acostarse
431       examinaba sus ropas remojadas,
432       a la luz de un cabo de vela,
433       Sid se despertó;
434       pero si es que tuvo alguna idea
435       de hacer «alusiones personales»,
436       lo pensó mejor
437       y se estuvo quedo...,
438       pues en los ojos de Tom
439       había un brillo amenazador.
440       Tom se metió en la cama
441       sin añadir a sus enojos el de rezar,
442       y Sid apuntó en su memoria
443       esta omisión.

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