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Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-31 Приключениям Тома и Бекки в пещере - Las aventuras de Tom y Becky en la cueva

Capítulo 31 - Глава 31

 Приключениям Тома и Бекки в пещере - Las aventuras de Tom y Becky en la cueva

 

1           Volvamos ahora
2           a las aventuras de Tom y Becky en la cueva.
3           Corretearon por los lóbregos subterráneos
4           con los demás excursionistas,
5           visitando las consabidas maravillas de la caverna,
6           maravillas condecoradas 
7           con nombres un tanto enfáticos,
8           tales como «El Salón», «La Catedral»,
9           «El Palacio de Aladino» y otros por el estilo.
10         Después empezó el juego y algazara del escondite,
11         y Becky y Tom tomaron parte en él con tal ardor,
12         que no tardaron en sentirse fatigados;
13         se internaron entonces por un sinuoso pasadizo,
14         alzando en alto las velas
15         para leer la enmarañada confusión de nombres,
16         fechas, direcciones
17         y lemas con los cuales los rocosos muros
18         habían sido ilustrados – con humo de velas –.
19         Siguieron adelante, charlando,
20         y apenas se dieron cuenta
21         de que estaban ya en una parte de la cueva
22         cuyos muros permanecían inmaculados.
23         Escribieron sus propios nombres
24         bajo una roca salediza,
25         y prosiguieron su marcha.
26         Poco después llegaron a un lugar
27         donde una diminuta corriente de agua,
28         impregnada de un sedimento calcáreo,
29         caía desde una laja,
30         y en el lento pasar de las edades
31         había formado un Niágara con encajes y rizos
32         de brillante a imperecedera piedra.
33         Tom deslizó su cuerpo menudo
34         por detrás de la pétrea cascada
35         para que Becky pudiera verla iluminada.
36         Vio que ocultaba una especie
37         de empinada escalera natural
38         encerrada en la estrechez de dos  muros,
39         y al punto le entró
40         la ambición de ser un descubridor.
41         Becky respondió a su requerimiento.
42         Hicieron una marca con el humo,
43         para servirles más tarde de guía,
44         y emprendieron el avance.
45         Fueron torciendo a derecha a izquierda,
46         hundiéndose
47         en las ignoradas profundidades de la caverna;
48         hicieron otra señal,
49         y tomaron por una ruta lateral
50         en busca de novedades
51         que poder contar a los de allá arriba.
52         En sus exploraciones dieron con una gruta,
53         de cuyo techo pendían
54         multitud de brillantes estalactitas de gran tamaño.
55         Dieron la vuelta a toda la cavidad,
56         sorprendidos y admirados,
57         y luego siguieron
58         por uno de los numerosos túneles
59         que allí desembocaban.
60         Por allí fueron a parar a un maravilloso manantial,
61         cuyo cauce estaba incrustado
62         como con una escarcha de fulgurantes cristales.
63         Se hallaba en una caverna
64         cuyo techo parecía sostenido
65         por muchos y fantásticos pilares
66         formados al unirse
67         las estalactitas con las estalagmitas,
68         obra del incesante goteo
69         durante siglos y siglos.
70         Bajo el techo, grandes ristras
71         de murciélagos
72         se habían agrupado por miles en cada racimo.
73         Asustados por el resplandor de las velas,
74         bajaron en grandes bandadas,
75         chillando y precipitándose contra las luces.
76         Tom sabía sus costumbres
77         y el peligro que en ello había.
78         Cogió a Becky por la mano
79         y tiró de ella hacia la primera abertura que encontró;
80         y no fue demasiado pronto,
81         pues un murciélago apagó de un aletazo la vela
82         que llevaba en la mano
83         en el momento de salir de la caverna.
84         Los murciélagos
85         persiguieron a los niños un gran trecho;
86         pero los fugitivos se metían por todos los pasadizos
87         con que topaban,
88         y al fin se vieron libres de la persecución.
89         Tom encontró poco después un lago subterráneo
90         que extendía su indecisa superficie
91         a lo lejos,
92         hasta desvanecerse en la oscuridad.
93         Quería explorar sus orillas,
94         pero pensó que sería mejor sentarse
95         y descansar un rato
96         antes de emprender la exploración.
97         Y fue entonces cuando, por primera vez,
98         la profunda quietud de aquel lugar
99         se posó como una mano húmeda y fría
100       sobre los ánimos de los dos niños.
101          – No me he dado cuenta – dijo Becky –,
102       pero me parece que hace tanto tiempo
103       que ya no oímos a los demás...
104          – Yo creo, Becky,
105       que estamos mucho más abajo que ellos,
106       y no sé si muy lejos al norte, sur, este
107       o lo que sea.
108       Desde aquí no podemos oírlos.
109       Becky mostró cierta inquietud.
110          – ¿Cuánto tiempo habremos estado aquí, Tom?
111       Más vale que volvamos para atrás.
112          – Sí, será mejor.
113       Puede que sea lo mejor.
114          – ¿Sabrás el camino, Tom?
115       Para mí no es más que un enredijo liadísimo.
116          – Creo que daré con él;
117       pero lo malo son los murciélagos.
118       Si nos apagasen las dos velas
119       sería un apuro grande.
120       Vamos a ver si podemos ir por otra parte,
121       sin pasar por allí.
122          – Bueno; pero espero que no nos perderemos.
123       ¡Qué miedo! –
124       Y la niña se estremeció
125       ante la horrenda posibilidad.
126       Echaron a andar por una galería
127       y caminaron largo rato en silencio,
128       mirando cada nueva abertura
129       para ver si encontraban algo
130       que les fuera familiar en su aspecto.
131       Cada vez que Tom examinaba el camino,
132       Becky no apartaba los ojos de su cara,
133       buscando algún signo tranquilizador,
134       y él decía alegremente:
135          – ¡Nada, no hay que tener cuidado!
136       Ésta no es, pero ya daremos con otra en seguida –.
137       Pero iba sintiéndose menos esperanzado
138       con cada fiasco,
139       y empezó a meterse por las galerías opuestas,
140       completamente al azar,
141       con la vana esperanza
142       de dar con la que hacía falta.
143       Aun seguía diciendo: «¡No importa!»,
144       pero el miedo le oprimía de tal modo el corazón,
145       que las palabras habían perdido su tono alentador
146       y sonaban como si dijera: «¡Todo está perdido!»
147       Becky no se apartaba de su lado,
148       luchando por contener las lágrimas,
149       sin poder conseguirlo.
150          – ¡Tom! – dijo al fin –.
151       No te importen los murciélagos.
152       Volvamos por donde hemos venido.
153       Parece que cada vez estamos más extraviados.
154       Tom se detuvo.
155          – ¡Escucha! – dijo.
156       Silencio absoluto; silencio tan profundo
157       que hasta el rumor de sus respiraciones
158       resaltaba en aquella quietud.
159       Tom gritó.
160       La llamada fue despertando ecos
161       por las profundas oquedades
162       y se desvaneció en la lejanía con un rumor
163       que parecía las convulsiones de una risa burlona.
164          – ¡No! ¡No lo vuelvas a hacer, Tom!
165       ¡Es horrible! – exclamó Becky.
166          – Sí, es horroroso, Becky;
167       pero más vale hacerlo.
168       Puede que nos oigan – y Tom volvió a gritar.
169       El puede constituía un horror
170       aún más escalofriante que la risa diabólica,
171       pues era la confesión de una esperanza
172       que se iba perdiendo.
173       Los niños se quedaron quietos, aguzando el oído:
174       todo inútil.
175       Tom volvió sobre sus pasos, apresurándose.
176       A los pocos momentos
177       una cierta indecisión en sus movimientos
178       reveló a Becky otro hecho fatal:
179       ¡que Tom no podía dar con el camino de vuelta!
180          – Tom, ¡no hiciste ninguna señal!
181          – Becky, ¡he sido un idiota!
182       ¡No pensé que tuviéramos nunca necesidad
183       de volver al mismo sitio!
184       No, no doy con el camino.
185       Todo está tan revuelto...
186          – ¡Tom, estamos perdidos!, ¡estamos perdidos!
187       ¡Ya no saldremos nunca de este horror!
188       ¡Por qué nos separaríamos de los otros!
189       Se dejó caer al suelo
190       y rompió en tan frenético llanto,
191       que Tom se quedó anonadado ante la idea
192       de que Becky podía morirse o perder la razón.
193       Se sentó a su lado, rodeándola con los brazos;
194       reclinó ella la cabeza en su pecho,
195       y dio rienda suelta a sus terrores,
196       sus inútiles arrepentimientos,
197       y los ecos lejanos convirtieron sus lamentaciones
198       en mofadora risa.
199       Tom le pedía que recobrase la esperanza,
200       y ella le dijo que la había perdido del todo.
201       Se culpó él y se colmó a sí mismo de insultos
202       por haberla traído a tan terrible trance,
203       y esto produjo mejor resultado.
204       Prometió ella no desesperar más
205       y levantarse y seguirle a donde la llevase,
206       con tal de que no volviese a hablar así,
207       pues no había sido ella menos culpable que él.
208       Se pusieron de nuevo en marcha,
209       sin rumbo alguno, al azar.
210       Era lo único que podían hacer:
211       andar, no cesar de moverse.
212       Durante un breve rato pareció
213       que la esperanza revivía
214       no porque hubiera razón alguna para ello,
215       sino tan sólo porque es natural en ella revivir
216       cuando sus resortes no se han gastado por la edad
217       y la resignación con el fracaso.
218       Poco después cogió Tom la vela de Becky
219       y la apagó.
220       Aquella economía significaba mucho;
221       no hacía falta explicarla.
222       Becky se hizo cargo
223       y su esperanza se extinguió de nuevo.
224       Sabía que Tom tenía una vela entera
225       y tres o cuatro cabos en el bolsillo...,
226       y sin embargo había que economizar.
227       Después el cansancio empezó a hacerse sentir;
228       los niños trataron de no hacerle caso,
229       pues era terrible pensar en sentarse
230       cuando el tiempo valía tanto.
231       Moverse en alguna dirección,
232       en cualquier dirección,
233       era al fin progresar y podía dar fruto;
234       pero sentarse era invitar a la muerte
235       y acortar su persecución.
236       Al fin las piernas de Becky
237       se negaron a llevarla más lejos.
238       Se sentó en el suelo.
239       Tom se sentó a su lado,
240       y hablaron del pueblo,
241       los amigos que allí tenían,
242       las camas cómodas, y sobre todo, ¡la luz!
243       Becky lloraba, y Tom trató de consolarla;
244       pero todos sus consuelos
245       se iban quedando gastados con el use
246       y más bien parecían sarcasmos.
247       Tan cansada estaba que se fue quedando dormida.
248       Tom se alegró de ello y se quedó mirando
249       la cara dolorosamente contraída de la niña,
250       y vio cómo volvía a quedar
251       natural y serena
252       bajo la influencia de sueños placenteros,
253       y hasta vio aparecer una sonrisa en sus labios.
254       Y lo apacible del semblante de Becky
255       se reflejó con una sensación de paz y consuelo
256       en el espíritu de Tom,
257       sumiéndole en gratos pensamientos
258       de tiempos pasados y de vagos recuerdos.
259       Aun seguía en esas soñaciones,
260       cuando Becky se despertó riéndose;
261       pero la risa se heló al instante en sus labios
262       y se trocó en un sollozo.
263          – ¡No sé cómo he podido dormir!
264       ¡Ojalá no hubiera despertado nunca, nunca!
265       No, Tom; no me mires así.
266       No volveré a decirlo.
267          – Me alegro de que hayas dormido Becky.
268       Ahora ya
269       no te sentirás tan cansada
270       y encontraremos el camino.
271          – Podemos probar, Tom;
272       pero ¡he visto un país tan bonito
273       mientras dormía!
274       Me parece que iremos allí.
275          – Puede que no, Becky; puede que no.
276       Ten valor y vamos a seguir buscando.
277       Se levantaron
278       y otra vez se pusieron en marcha, descorazonados.
279       Trataron de calcular el tiempo
280       que llevaban en la cueva,
281       pero todo lo que sabían era que parecía
282       que habían pasado días y hasta semanas;
283       y sin embargo era evidente que no,
284       pues aun no se habían consumido las velas.
285       Mucho tiempo después de esto –
286       no podían decir cuánto –,
287       Tom dijo que tenían que andar muy calladamente
288       para poder oír el goteo del agua,
289       pues era preciso encontrar un manantial.
290       Hallaron uno a poco trecho,
291       y Tom dijo que ya era hora de darse otro descanso.
292       Ambos estaban desfallecidos de cansancio,
293       pero Becky dijo
294       que aún podría ir un poco más lejos.
295       Se quedó sorprendida al ver que Tom no opinaba así:
296       no lo comprendía.
297       Se sentaron
298       y Tom fijó la vela en el muro, delante de ellos,
299       con un poco de barro.
300       Aunque sus pensamientos no se detenían,
301       nada dijeron por algún tiempo.
302       Becky rompió al fin el silencio:
303          – Tom, ¡tengo tanta hambre!
304       Tom sacó una cosa del bolsillo.
305          – ¿Te acuerdas de esto? – dijo.
306       Becky casi se sonrió.
307          – Es nuestro pastel de bodas, Tom.
308          – Sí, y más valía que fuera tan grande
309       como una barrica,
310       porque esto es todo lo que tenemos.
311          – Lo separé de la merienda
312       para que jugásemos con él...
313       como la gente mayor hace
314       con el pastel de bodas...
315       Pero va a ser...
316       Dejó sin acabar la frase.
317       Tom se hizo dos partes del pastel
318       y Becky comió con apetito la suya,
319       mientras Tom no hizo más que mordisquear
320       la que le tocó.
321       No les faltó agua fresca
322       para completar el festín.
323       Después indicó Becky
324       que debían ponerse en marcha.
325       Tom guardó silencio un rato, y al cabo dijo:
326          – Becky, ¿tienes valor
327       para que te diga una cosa?
328       La niña palideció pero dijo que sí,
329       que se la dijera.
330          – Bueno; pues entonces oye:
331       tenemos que quedarnos aquí,
332       donde hay agua para beber.
333       Ese cabito es lo único que nos queda de las velas.
334       Becky dio rienda suelta al llanto
335       y a las lamentaciones.
336       Él hizo cuanto pudo para consolarla,
337       pero fue en vano.
338          – Tom – dijo después de un rato – ,
339       ¡nos echarán de menos y nos buscarán!
340          – Seguro que sí. Claro que nos buscarán.
341          – ¿Nos estarán buscando ya?
342          – Me parece que sí. Espero que así sea.
343          – ¿Cuando nos echarán de menos, Tom?
344          – Puede ser que cuando vuelvan a la barca.
345          – Para entonces ya será de noche.
346       ¿Notarán que no hemos ido nosotros?
347          – No lo sé. Pero, de todos modos,
348       tu madre te echará de menos
349       en cuanto estén de vuelta en el pueblo.
350       La angustia que se pintó en los ojos de Becky
351       hizo darse cuenta a Tom
352       de la pifia que había cometido.
353       ¡Becky no debía pasar aquella noche en su casa!
354       Los dos se quedaron callados y pensativos.
355       En seguida una nueva explosión de llanto
356       indicó a Tom que el mismo pensamiento
357       que tenía en su mente
358       había surgido también en la de su compañera:
359       que podía pasar casi toda la mañana del domingo
360       antes de que la madre de Becky descubriera
361       que su hija no estaba en casa de los Harper.
362       Los niños permanecieron con los ojos fijos
363       en el pedacito de vela y miraron
364       cómo se consumía lenta a inexorablemente;
365       vieron el trozo de pabilo quedarse solo al fin;
366       vieron alzarse y encogerse la débil llama,
367       subir y bajar,
368       trepar por la tenue columna de humo,
369       vacilar un instante en lo alto, y después...
370       el horror de la absoluta oscuridad.
371       Cuánto tiempo pasó después, hasta que Becky
372       volvió a recobrar poco a poco los sentidos
373       y a darse cuenta
374       de que estaba llorando en los brazos de Tom,
375       ninguno de ellos supo decirlo.
376       No sabían sino que, después de lo que les pareció
377       un intervalo de tiempo larguísimo,
378       ambos despertaron de un pesado sopor
379       y se vieron  otra vez sumidos en sus angustias.
380       Tom dijo que quizá fuese ya domingo,
381       quizá lunes.
382       Quiso hacer hablar a  Becky,
383       pero la pesadumbre de su pena la tenía anonadada,
384       perdida ya toda esperanza.
385       Tom le aseguró que tenía que hacer mucho tiempo
386       que habrían notado su falta
387       y que sin duda alguna los estaban ya buscando.
388       Gritaría, y acaso alguien viniera.
389       Hizo la prueba;
390       pero los ecos lejanos sonaban en la oscuridad
391       de modo tan siniestro
392       que no osó repetirla.
393       Las horas siguieron pasando
394       y el hambre volvió a atormentar a los cautivos.
395       Había quedado un poco de la parte del pastel
396       que le tocó a Tom,
397       y lo repartieron entre los dos;
398       pero se quedaron aún más hambrientos:
399       el mísero bocado
400       no hizo sino aguzarles el ansia de alimentos.
401       A poco rato, dijo Tom:
402          – ¡Chist! ¿No oyes?
403       Contuvieron el aliento y escucharon.
404       Se oía como un grito
405       remotísimo y débil.
406       Tom contestó al punto,
407       y cogiendo a Becky por la mano
408       echó a andar a tientas por la galería
409       en aquella dirección.
410       Se paró y volvió a escuchar:
411       otra vez se oyó el mismo sonido,
412       y al parecer más cercano.
413          – ¡Son ellos!  – exclamó Tom –. ¡Ya vienen!
414       ¡Corre, Becky! ¡Estamos salvados!
415       La alegría enloquecía a los prisioneros.
416       Avanzaban, con todo, muy despacio,
417       porque abundaban los hoyos y despeñaderos
418       y era preciso tomar precauciones.
419       A poco llegaron a uno de ellos
420       y tuvieron que detenerse.
421       Podía tener una vara de hondo
422       o podía tener ciento.
423       Tom se echó de bruces al suelo
424       y estiró el brazo cuanto pudo,
425       sin hallar el fondo.
426       Tenían que quedarse allí y esperar
427       hasta que llegasen los que buscaban.
428       Escucharon:
429       no había duda de que los gritos lejanos
430       se iban haciendo más y más remotos.
431       Un momento después dejaron del todo de oírse
432       ¡Qué mortal desengaño!
433       Aún daba esperanzas a Becky,
434       pero pasó toda una eternidad de anhelosa espera
435       y nada volvió a oírse.
436       Palpando en las tinieblas,
437       volvieron hacia el manantial.
438       El tiempo seguía pasando cansado y lento;
439       volvieron a dormir y a despertarse,
440       más hambrientos y despavoridos.
441       Tom creía
442       que ya debía de ser el martes para entonces.
443       Les vino una idea.
444       Por allí cerca había algunas galerías.
445       Más valía explorarlas
446       que soportar la ociosidad,
447       la abrumadora pesadumbre del tiempo.
448       Sacó del bolsillo la cuerda de la cometa,
449       la ató a un saliente de la roca,
450       y él y Becky avanzaron,
451       soltando la tramilla del ovillo
452       según caminaban a tientas.
453       A los veinte pasos
454       la galería acababa en un corte vertical.
455       Tom se arrodilló,
456       y estirando el brazo cuanto pudo hacia abajo
457       palpó la cortadura
458       y fue corriéndose después hasta el muro;
459       hizo un esfuerzo para alcanzar con la mano
460       un poco más lejos a la derecha,
461       y en aquel momento, a menos de veinte varas,
462       una mano sosteniendo una vela
463       apareció por detrás de un peñasco.
464       Tom lanzó un grito de alegría;
465       en seguida se presentó, siguiendo a la mano,
466       el cuerpo al cual pertenecía...
467       Joe el Indio!
468       Tom se quedó paralizado;
469       no podía moverse.
470       En el mismo instante,
471       con indecible placer, vio
472       que el «español» apretaba los talones
473       y desaparecía de su vista.
474       Tom no se explicaba
475       que Joe no hubiera reconocido su voz
476       y no hubiera venido a matarlo
477       por su delación ante el tribunal.
478       Sin duda los ecos habían desfigurado su voz.
479       Eso tenía que ser, pensaba.
480       El susto
481       le había aflojado todos los músculos del cuerpo.
482       Se prometía a sí mismo
483       que si le quedaban fuerzas bastantes
484       para volver al manantial
485       allí se quedaría,
486       y nada le tentaría a correr el riesgo
487       de volver a encontrarse otra vez con Joe.
488       Tuvo gran cuidado
489       de no decir a Becky lo que había visto.
490       Le dijo que sólo había gritado por probar suerte.
491       Pero el hambre y la desventura
492       acababan al fin por sobreponerse al miedo.
493       Otra interminable espera en el manantial
494       y otro largo sueño trajeron cambios consigo.
495       Los niños se despertaron torturados
496       por un hambre rabiosa.
497       Tom creía que ya estaría en el miércoles o jueves,
498       o quizá en el viernes o sábado,
499       y que los que los buscaban
500       habían abandonado la empresa.
501       Propuso explorar otra galería.
502       Estaba dispuesto a afrontar el peligro de Joe el Indio
503       y cualquier otro terror.
504       Pero Becky estaba muy débil.
505       Se había sumido en una mortal apatía
506       y no quería salir de ella.
507       Dijo que esperaría allí donde estaba,
508       y se moriría... sin tardar mucho.
509       Tom podía explorar
510       con la cuerda de la cometa, si quería;
511       pero le suplicaba que volviera de cuando en cuando
512       para hablarle;
513       y le hizo prometer
514       que cuando llegase el momento terrible
515       estaría a su lado y la cogería de la mano
516       hasta que todo acabase.
517       Tom la besó,
518       con un nudo en la garganta que le ahogaba,
519       a hizo ver que tenía esperanza
520       de encontrar a los buscadores
521       o un escape para salir de la cueva.
522       Y llevando la cuerda en la mano
523       empezó a andar a gatas por otra de las galerías,
524       martirizado por el hambre
525       y agobiado
526       por los presentimientos de fatal desenlace.

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