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Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-33 Господин судья, в пещере, индеец Джо!- ¡Señor juez, Joe el Indio está en la cueva!

Capítulo 33 - Глава 33

 Господин судья, в пещере, индеец Джо!- ¡Señor juez, Joe el Indio está en la cueva!

 

1           En pocos minutos
2           cundió la noticia,
3           y una docena de botes estaban en marcha,
4           y detrás siguió el vapor, repleto de pasajeros.
5           Tom Sawyer iba en el mismo bote
6           que conducía al Juez.
7           Al abrir la puerta de la cueva
8           un lastimoso espectáculo se presentó a la vista
9           en la densa penumbra de la entrada.
10         Joe el Indio estaba tendido en el suelo, muerto,
11         con la cara pegada a la juntura de la puerta,
12         como si sus ojos anhelantes
13         hubieran estado fijos hasta el último instante
14         en la luz y en la gozosa libertad del mundo exterior.
15         Tom se sintió conmovido
16         porque sabía por experiencia propia
17         cómo habría sufrido aquel desventurado.
18         Sentía compasión por él,
19         pero al propio tiempo
20         una bienhechora sensación de descanso y seguridad,
21         que le hacía ver,
22         pues hasta entonces
23         no había sabido apreciarlo por completo,
24         la enorme pesadumbre del miedo
25         que le agobiaba
26         desde que había levantado su voz
27         contra aquel proscrito sanguinario.
28         Junto a Joe estaba su cuchillo,
29         con la hoja partida.
30         La gran viga que servía de base a la puerta
31         había sido cortada poco a poco, astilla por astilla,
32         con infinito trabajo:
33         trabajo que, además, era inútil,
34         pues la roca formaba un umbral por fuera
35         y sobre aquel durísimo material
36         la herramienta no había producido efecto;
37         el único daño había sido para el propio cuchillo.
38         Pero aunque no hubiera habido
39         el obstáculo de la piedra,
40         el trabajo también hubiera sido inútil,
41         pues aun cortada la viga por completo
42         Joe no hubiera podido hacer pasar su cuerpo
43         por debajo de la puerta,
44         y él lo sabía de antemano.
45         Había estado, pues, desgastando con el cuchillo
46         únicamente por hacer algo;
47         para no sentir pasar el tiempo,
48         para dar empleo a sus facultades
49         impotentes y enloquecidas.
50         Siempre se encontraban algunos cabos de vela
51         clavados en los intersticios de la roca
52         que formaba este vestíbulo,
53         dejados allí por los excursionistas;
54         pero no se veía ninguno.
55         El prisionero los había buscado para comérselos.
56         También había logrado
57         cazar algunos murciélagos,
58         y los había devorado sin dejar más que las uñas.
59         El desventurado había muerto de hambre.
60         Allí cerca
61         se había ido elevando lentamente desde el suelo,
62         durante siglos y siglos, una estalagmita
63         construida por la gota de agua
64         que caía de una estalactita en lo alto.
65         El prisionero había roto la estalagmita
66         y sobre el muñón había colocado un canto
67         en el cual había tallado una ligera oquedad
68         para recibir la preciosa gota,
69         que caía cada veinte minutos,
70         con la precisión desesperante
71         de un mecanismo de relojería:
72         una cucharadita cada veinticuatro horas.
73         Aquella gota estaba cayendo
74         cuando las pirámides de Egipto eran nuevas,
75         cuando cayó Troya,
76         cuando se pusieron los cimientos de Roma,
77         cuando Cristo fue crucificado,
78         cuando el Conquistador creó el imperio británico,
79         cuando Colón se hizo a la vela.
80         Está cayendo ahora;
81         caerá todavía, cuando todas esas cosas
82         se hayan desvanecido en las lejanías de la historia
83         y en la penumbra de la tradición
84         y se hayan perdido para siempre
85         en la densa noche del olvido.
86         ¿Tienen todas las cosas una finalidad y una misión?
87         ¿Ha estado esta gota cayendo pacientemente
88         cinco mil años
89         para estar preparada a satisfacer la necesidad
90         de este efímero insecto humano,
91         y tiene algún otro importante fin
92         que llenar dentro de diez mil años?
93         No importa.
94         Hace ya muchos
95         que el desdichado mestizo ahuecó la piedra
96         para recoger las gotas inapreciables;
97         pero aun hoy día
98         nada atrae y fascina
99         los ojos del turista
100       como la trágica piedra
101       y el pausado gotear del agua,
102       cuando va a contemplar
103       las maravillas de la cueva de McDougal.
104       «La copa de Joe el Indio»
105       ocupa el primer lugar en la lista
106       de las curiosidades de la caverna.
107       Ni siquiera el «Palacio de Aladino»
108       puede competir con ella.
109       Joe el Indio fue enterrado
110       cerca de la boca de la cueva;
111       la gente acudió al acto
112       en botes y carros
113       desde el pueblo
114       y desde todos los caseríos y granjas
115       de siete millas a la redonda;
116       trajeron con ellos los chiquillos
117       y toda suerte de provisiones de boca,
118       y confesaban que lo habían pasado
119       casi tan bien en el entierro
120       como lo hubieran pasado viéndolo ahorcar.
121       Este entierro impidió
122       que tomase mayores vuelos una cosa
123       que estaba ya en marcha:
124       la petición de indulto a favor de Joe el Indio
125       al gobernador del Estado.
126       La petición tenía ya numerosas firmas;
127       se habían celebrado
128       multitud de lacrimosos y elocuentes mítines
129       y se había elegido un comité de mujeres sin seso
130       para ver al gobernador,
131       enlutadas y llorosas, a implorarle
132       que se condujese como un asno benévolo
133       y echase a un lado todos sus deberes.
134       Se decía que Joe el Indio
135       había matado a cinco habitantes de la localidad;
136       pero ¿qué importaba eso?
137       Si hubiera sido Satanás en persona
138       no hubieran faltado gentes tiernas de corazón
139       para poner sus firmas al pie
140       de una solicitud de perdón
141       y mojarla con una lágrima
142       siempre pronta a escaparse
143       del inseguro y agujereado depósito.
144       Al día siguiente del entierro,
145       Tom se llevó a Huck a un lugar solitario
146       para departir con él graves asuntos.
147       Ya para entonces la viuda de Douglas y el galés
148       habían informado a Huck
149       de todo lo concerniente a la aventura de Tom;
150       pero éste dijo que debía de haber una cosa
151       de la cual no le habían dicho nada,
152       y de ella precisamente quería hablarle ahora.
153       A Huck se le ensombreció el semblante.
154          – Ya sé lo que es – dijo –.
155       Tú fuiste al número dos
156       y no encontraste más que whisky.
157       Nadie me ha dicho que fueras tú;
158       pero yo me figuré que tú eras
159       en cuanto oí hablar de los del whisky;
160       y me figuré que no habías cogido el dinero,
161       porque ya te hubieras puesto al habla conmigo
162       de un modo o de otro,
163       y me lo hubieras contado a mí
164       aunque no se lo dijeses a nadie más.
165       Ya me daba el corazón
166       que nunca nos haríamos con aquel tesoro.
167          – No, Huck, no acusé yo al amo de la posada.
168       Tú sabes que nada le había ocurrido
169       cuando yo fui a la merienda.
170       ¿No te acuerdas
171       que tú ibas a estar allí de centinela aquella noche?
172          – ¡Es verdad!
173       Parece que ya hace años de eso.
174       Fue la noche
175       en que fui siguiendo a Joe el Indio
176       hasta la casa de la viuda.
177          – ¿La seguiste tú?
178          – Sí..., pero no hables de eso.
179       Puede ser que Joe haya dejado amigos.
180       No quiero que vengan contra mí
181       y me jueguen malas partidas.
182       Si no hubiera sido por mí
183       estaría a estas horas en Texas, tan fresco.
184       Entonces contó Huck, confidencialmente,
185       todos los detalles de su aventura,
186       pues el galés sólo le había contado a Tom
187       una parte de ella.
188          – Bueno – dijo Huck después,
189       volviendo al asunto principal –,
190       quienquiera que cogió el whisky,
191       echó mano también al dinero
192       y, a lo que a mí me parece,
193       ya no lo veremos nosotros, Tom.
194          – Huck, el dinero no estuvo nunca
195       en el número dos.
196          – ¡Qué! – exclamó Huck
197       examinando ansiosamente la cara de su compañero –
198       ¿Estás otra vez en la pista de esos cuartos?
199          – ¡Están en la cueva!
200       Los ojos de Huck resplandecieron.
201          – ¡Vuelve a decirlo, Tom!
202          – El dinero está en la cueva.
203          – Tom, ¡di la verdad!
204       ¿Es en broma o en serio?
205          – En serio, Huck.
206       En mi vida hablé más en serio.
207       ¿Quieres venir a la cueva
208       y ayudarme a sacarlo?
209          – ¡Ya lo creo! Cuando quieras,
210       si está
211       donde podamos llegar sin que nos perdamos.
212          – Hacerlo es lo más fácil del mundo.
213          – ¡Qué gusto!
214       ¿Y qué te hace pensar que el dinero está allí?
215          – Espérate a que estemos allí, Huck.
216       Si no lo encontramos
217       me comprometo a darte mi tambor
218       y todo lo que tengo en el mundo.
219       Te lo juro.
220          – Muy bien.
221       ¿Cuándo quieres que vayamos?
222          – Ahora mismo, si tú lo dices.
223       ¿Tendrás bastantes fuerzas?
224          – ¿Está muy adentro de la cueva?
225       Ya hace tres o cuatro días que me tengo de pie;
226       pero no podré andar más de una milla,
227       al menos me parece que podría andarla.
228          – Hay cinco millas hasta allí,
229       por el camino que iría otro cualquiera
230       que no fuera yo;
231       pero hay un atajo
232       que nadie sabe más que yo.
233       Huck, yo te llevaré hasta allí en un bote.
234       Voy a dejar que el bote baje con la corriente
235       hasta cierto sitio,
236       y luego lo traeré yo solo remando.
237       No necesitas mover una mano.
238          – Vámonos en seguida, Tom.
239          – Está bien; necesitamos pan y algo de comida,
240       las pipas, un par de saquitos,
241       dos o tres cuerdas de cometas
242       y algunas de esas cosas nuevas
243       que llaman cerillas fosfóricas.
244       ¡Cuántas veces las eché de menos
245       cuando estuve allí la otra vez!
246       Un poco después de mediodía los muchachos
247       tomaron en préstamo un pequeño bote,
248       de un vecino que estaba ausente,
249       y en seguida se pusieron en marcha.
250       Cuando ya estaban algunas millas más abajo
251       del «Barranco de la Cueva», dijo Tom:
252          – Ahora estás viendo esa ladera
253       que parece toda igual
254       según se baja desde el «Barranco de la Cueva»:
255       no hay casas, serrerías,
256       nada sino matorrales,
257       todos parecidos.
258       Pero, ¿ves aquel sitio blanco allá arriba,
259       donde ha habido un desprendimiento de tierras?
260       Pues ésa es una de mis señales.
261       Ahora vamos a desembarcar.
262       Saltaron a tierra.
263          – Mira, Huck, desde donde estás ahora
264       podías tocar el agujero con una caña de pescar.
265       Anda a ver si das con él.
266       Huck buscó por todas partes y nada encontró.
267       Tom, con aire de triunfo,
268       penetró en una espesura de matorrales.
269          – ¡Aquí está! – dijo – . Míralo, Huck.
270       Es el agujero mejor escondido
271       que hay en todo el país.
272       No se lo digas a nadie.
273       Siempre he estado queriendo ser bandolero,
274       pero sabía que necesitaba una cosa como ésta,
275       y la dificultad estaba en tropezar con ella.
276       Ahora ya la tenemos,
277       y hay que guardar el secreto.
278       Sólo se lo diremos a Joe Harper
279       y Ben Rogers,
280       porque, por supuesto, tiene que haber una cuadrilla,
281       y si no, no parecería bien.
282       ¡La cuadrilla de Tom Sawyer!...
283       Suena bien, ¿no es verdad, Huck?
284          – Ya lo creo, Tom.
285       ¿Y a quién vamos a robar?
286          – Pues a casi todo el mundo.
287       Secuestrar gente... es lo que más se acostumbra.
288          – Y matarlos.
289          – No, no siempre.
290       Tenerlos escondidos en la cueva
291       hasta que paguen rescate.
292          – ¿Qué es rescate?
293          – Dinero.
294       Se les hace que sus parientes
295       reúnan todo el dinero que puedan,
296       y después que se los ha tenido un año presos,
297       si no pagan, se les mata.
298       Únicamente no se mata a las mujeres:
299       se las tiene encerradas, pero se les perdona la vida.
300       Son siempre guapísimas y ricas
301       y están la mar de asustadas.
302       Se les roba los relojes y cosas así,
303       pero siempre se quita uno el sombrero
304       y se les habla con finura.
305       No hay nadie tan fino como los bandoleros:
306       eso lo puedes ver en cualquier libro.
307       Bueno, las mujeres acaban por enamorarse de uno,
308       y después que han estado en la cueva
309       una semana o dos
310       ya no lloran más,
311       y después de eso
312       ya no hay modo de hacer que se marchen.
313       Si uno las echa fuera,
314       en seguida dan la vuelta
315       y allí están otra vez.
316       Así está en todos los libros.
317          – Pues entonces es la mejor cosa del mundo.
318       Me parece que es mejor que ser pirata.
319          – Sí; en algunas cosas es mejor,
320       porque se está más cerca de casa
321       y de los circos y de todo eso...
322       Para entonces ya estaban hechos los preparativos,
323       y los muchachos, yendo Tom delante,
324       penetraron por el boquete.
325       Llegaron trabajosamente hasta el final del túnel;
326       después ataron las cuerdas
327       y prosiguieron la marcha.
328       A los pocos pasos estaban en el manantial,
329       y Tom sintió
330       correrle un escalofrío por todo el cuerpo.
331       Enseñó a Huck el trocito de pabilo
332       sujeto al muro con una pella de barro,
333       y le contó cómo Becky y él
334       habían estado mirando la agonía de la llama
335       hasta que se apagó.
336       Siguieron hablando en voz muy baja,
337       porque el silencio y la lobreguez de aquel lugar
338       sobrecogían sus espíritus.
339       Marcharon adelante
340       y entraron después por la otra galería,
341       explorada por Tom,
342       hasta que llegaron al borde cortado a pico.
343       Con las velas pudieron ver
344       que no era realmente un despeñadero,
345       sino un declive de arcilla
346       de siete o diez metros de altura.
347       Tom murmuró:
348          – Ahora voy a enseñarte una cosa, Huck. –
349       Levantó la vela cuanto pudo y prosiguió: – 
350       Mira al otro lado de la esquina
351       estirándote todo lo que puedas.
352       Allí en aquel peñasco grande...,
353       pintada con humo de vela...
354          – ¡Es una cruz, Tom!
355          – Y ahora, ¿dónde está tu número dos?
356       «Debajo de la cruz», ¿eh?
357       Allí mismo es donde vi
358       a Joe el Indio sacar la mano con la vela.
359       Huck se quedó mirando un rato
360       al místico emblema
361       y luego dijo con voz trémula:
362          – ¡Vamos a escapar de aquí, Tom!
363          – ¡Qué! ¿Y dejar el tesoro?
364          – Sí, dejarlo.
365       El ánima de Joe el Indio anda por aquí, seguro.
366          – No, Huck, no anda por ahí.
367       Rondará por el sitio donde murió,
368       allá en la entrada de la cueva,
369       a cinco millas de aquí.
370          – No, Tom.
371       Estará aquí rondando los dólares.
372       Yo sé lo que les gusta a los fantasmas, y tú también.
373       Tom empezaba a pensar
374       que acaso Huck tuviera razón.
375       Mil temores le asaltaban.
376       Pero de pronto se le ocurrió una idea:
377          – ¡No seamos tontos, Huck!
378       ¡El espíritu de Joe el Indio no puede venir a rondar
379       donde hay una cruz!
380       El argumento no tenía vuelta de hoja.
381       Produjo su efecto.
382          – No se me ha ocurrido, Tom; pero es verdad.
383       Suerte ha sido que esté ahí la cruz.
384       Bajaremos por aquí
385       y nos pondremos a buscar la caja.
386       Tom bajó primero,
387       excavando huecos en la arcilla
388       para servir de peldaños.
389       Huck siguió detrás.
390       Cuatro galerías se abrían en la caverna
391       donde estaba la roca grande.
392       Los muchachos recorrieron tres de ellas
393       sin resultado.
394       En la más próxima a la base de la roca
395       encontraron un escondrijo
396       con una yacija de mantas extendida en el suelo;
397       había además unos tirantes viejos,
398       unas cortezas de tocino
399       y los huesos, mondos y bien roídos,
400       de dos o tres gallinas.
401       Pero no había la caja con dinero.
402       Los muchachos buscaron y rebuscaron en vano.
403       Tom reflexionó.
404          – El dijo bajo la cruz.
405       Bien; esto viene a ser
406       lo que está más cerca de la cruz.
407       No puede ser bajo la roca misma
408       porque no queda hueco entre ella y el piso.
409       Rebuscaron de nuevo por todas partes
410       y al cabo se sentaron desalentados.
411       A Huck no se le ocurría ninguna idea.
412          – Mira, Huck – dijo Tom después de un rato –;
413       hay pisadas y goterones de vela en el barro
414       por un lado de esta peña, pero no por los otros.
415       ¿Por qué es eso?
416       Apuesto a que el dinero está debajo de la peña.
417       Voy a cavar en la arcilla.
418          – ¡No está eso mal, Tom! – 
419       dijo Huck reanimándose.
420       El «verdadero Barlow» de Tom
421       entró en seguida en acción,
422       y no habían ahondado cuatro pulgadas
423       cuando tocó maderas.
424          – ¡Eh, Huck! ¿Lo oyes?
425       Huck empezó a escarbar con furia.
426       Pronto descubrieron unas tablas y las levantaron.
427       Ocultaban una ancha grieta natural
428       que se prolongaba bajo la roca.
429       Tom se metió dentro,
430       alumbrando con la vela lo más lejos que pudo
431       por debajo de la peña;
432       pero dijo que veía el fin de aquello.
433       Propuso que lo explorasen
434       y se metió por debajo de la roca, con Huck a la zaga.
435       La estrecha cavidad descendía gradualmente.
436       Siguieron su quebrado curso,
437       primero hacia la derecha, y a la izquierda después.
438       Tom dobló una rápida curva
439       y exclamó:
440          – ¡Huck, Huck!, ¡mira aquí!
441       Era la caja del tesoro,
442       sin duda posible,
443       colocada en una diminuta caverna,
444       en compañía de un barril de pólvora,
445       dos fusiles con fundas de cuero,
446       dos o tres pares de mocasines viejos,
447       un cinturón y otras cosas heterogéneas,
448       todo empapado por la humedad de las goteras.
449          – ¡Ya lo tenemos! – dijo Huck
450       hundiendo las manos en las mohosas monedas – 
451       ¡Pero si somos ricos, Tom!
452          – Huck, yo siempre pensé que sería para nosotros.
453       Parece cosa demasiado buena
454       para creerla,
455       pero aquí lo tenemos. ¡Aquí está!
456       Ahora, no gastaremos tiempo;
457       vamos a sacarlo fuera.
458       Déjame ver si puedo sacar la caja.
459       Pesaba unos veinticinco kilos.
460       Tom podía levantarla un poco,
461       pero no podía cargar con ella.
462          – Ya lo pensaba yo – dijo –;
463       parecía que les pesaba mucho
464       cuando se la llevaban de la casa encantada,
465       y me fijé en ello.
466       He hecho bien en traer las talegas.
467       En un momento metieron el dinero en los sacos
468       y los subieron hasta la roca donde estaba la cruz.
469          – Ahora vamos a buscar las escopetas
470       y aquellas otras cosas – dijo Huck.
471          – No, Huck; déjalas allí.
472       Son precisamente lo que nos hace falta
473       cuando nos metamos en el bandidaje.
474       Vamos a tenerlas allí siempre,
475       y, además, celebraremos allí nuestras orgías.
476       Es un sitio que ni pintado para orgías.
477          – ¿Qué son orgías?
478          – No lo sé.
479       Pero los bandoleros siempre tienen orgías
480       y, por supuesto,
481       nosotros tendremos que tenerlas también.
482       Vamos andando, Huck,
483       que hemos estado aquí mucho tiempo
484       y se nos hace tarde.
485       Además, tengo hambre.
486       Comeremos y fumaremos en el bote.
487       Aparecieron después en la espesura del matorral.
488       Miraron cautelosamente en tomo,
489       vieron que no andaba nadie por allí,
490       y poco después estaban almorzando en el bote.
491       Cuando el sol descendía ya hacia el ocaso
492       desatracaron y emprendieron la vuelta.
493       Tom fue bordeando la orilla
494       durante el largo crepúsculo,
495       charlando alegremente con Huck,
496       y desembarcaron ya de noche.
497          – Ahora, Huck – dijo Tom –,
498       vamos a esconder el dinero
499       en el desván de la leñera de la viuda,
500       y yo iré por la mañana a contarlo
501       para hacer el reparto,
502       después buscaremos un sitio en el bosque
503       donde esté seguro.
504       Tú te quedas aquí y cuidas de los sacos,
505       mientras yo voy corriendo
506       y cojo el carrito de Benny Taylor.
507       No tardo un minuto.
508       Desapareció, y a poco se presentó con el carro,
509       puso en él los dos sacos,
510       los tapó con unos trapos
511       y echó a andar arrastrando su carga.
512       Cuando llegaron frente a la casa del galés
513       se pararon para descansar.
514       Ya se disponían a seguir su camino,
515       cuando salió el galés a la puerta.
516          – ¡Eh!, ¿quién va ahí? – dijo.
517          – Huck y Tom Sawyer.
518          – ¡Magnífico! Veníos conmigo, chicos,
519       que estáis haciendo esperar a todos.
520       ¡Hala, deprisa! Yo os llevaré el carro.
521       Pues pesa más de lo que parece...
522       ¿Qué lleváis aquí, ladrillos o hierro viejo?
523          – Metal viejo – contestó Tom.
524          – Ya me parecía.
525       Los chicos de este pueblo
526       gastan más trabajo y más tiempo
527       en buscar cuatro pedazos de hierro viejo
528       para venderlo en la fundición,
529       que gastarían en ganar doble dinero
530       trabajando como Dios manda.
531       Pero así es la humanidad.
532       ¡Deprisa, chicos, deprisa!
533       Los chicos le preguntaron
534       el porqué de aquel apresuramiento.
535          – No os preocupéis;
536       lo veréis en cuanto lleguemos a casa de la viuda.
537       Huck dijo, con cierta escama,
538       porque estaba de antiguo
539       acostumbrado a falsas acusaciones:
540          – Mister Jones, no hemos estado haciendo nada.
541       El galés se echó a reír.
542          – De eso no sé nada, Huck. Yo no sé nada.
543       ¿No estáis la viuda y tú en buenos términos?
544          – Sí. Al menos ella ha sido buena conmigo.
545          – Pues entonces, ¿qué tienes que temer?
546       Esta pregunta
547       no estaba aún satisfactoriamente resuelta
548       en la despaciosa mente de Huck
549       cuando fue empujado, juntamente con Tom,
550       en el salón de recibir de la viuda.
551       Jones dejó el carro a la puerta
552       y entró tras ellos.
553       El salón estaba profusamente iluminado,
554       y toda la gente
555       de alguna importancia en el pueblo
556       estaba allí:
557       los Thatcher, los Harper, los Rogers,
558       tía Polly, Sid, Mary,
559       el reverendo pastor,
560       el director del periódico
561       y muchos más,
562       todos vestidos con el fondo del área.
563       La viuda recibió a los muchachos
564       con tanta amabilidad
565       como hubiera podido mostrar cualquiera
566       ante dos seres de aquellas trazas.
567       Estaban cubiertos de la cabeza a los pies
568       de barro y de sebo.
569       Tía Polly se puso colorada como un tomate,
570       de pura vergüenza, y frunció el ceño
571       a hizo señas amenazadoras a Tom.
572       Pero nadie sufrió tanto, sin embargo,
573       como los propios chicos.
574          – Tom no estaba en casa todavía – dijo el galés;
575       así es que desistí de traerlo;
576       pero me encontré con él y con Huck
577       en mi misma puerta
578       y me los traje más que a paso.
579          – Hizo usted muy bien – dijo la viuda –.
580       Venid conmigo, muchachos.
581       Se los llevó a una alcoba y les dijo:
582          – Ahora os laváis y os vestís.
583       Ahí están dos trajes nuevos,
584       camisas, calcetines, todo completo.
585       Son de Huck.
586       No, no me des las gracias, Huck.
587       Mister Jones ha comprado uno y yo el otro.
588       Pero os vendrán bien a los dos.
589       Vestíos deprisa.
590       Os esperaremos,
591       y en cuanto estéis lo bastante limpios
592       vais allá.
593       Después se marchó.

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