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Capítulo-7. Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-7 Том освободил клеща и положил его на длинную плоскую парту - Capitulo-7 Tom liberó a la garrapata y la puso sobre el largo y liso pupitre

Capítulo 7 - Глава 7

 Глава-7 Том освободил клеща и положил его на длинную плоскую парту

 

1           Cuanto más ahínco ponía Tom
2           en fijar toda su atención en el libro,
3           más se dispersaban sus ideas.
4           Así es que al fin, con un suspiro y un bostezo,
5           abandonó el empeño.
6           Le parecía
7           que la salida de mediodía no iba a llegar nunca.
8           Había en el aire una calma chicha.
9           No se movía una hoja.
10         Era el más soñoliento
11         de los días aplanadores.
12         El murmullo adormecedor
13         de los veinticinco escolares
14         estudiando a la vez
15         aletargaba el espíritu como con esa virtud mágica
16         que hay en el zumbido de las abejas.
17         A lo lejos, bajo el sol llameante,
18         el monte Cardiff
19         levantaba sus verdes y suaves laderas
20         a través de un tembloroso velo de calina,
21         teñido de púrpura por la distancia;
22         algunos pájaros
23         se cernían perezosamente en la altura,
24         y no se veía otra cosa viviente fuera de unas vacas,
25         y éstas profundamente dormidas.
26         Tom sentía enloquecedoras ansias
27         de verse libre,
28         o al menos de hacer algo interesante
29         para pasar aquella hora tediosa.
30         Se llevó distraídamente la mano al bolsillo
31         y su faz se iluminó con un resplandor de gozo.
32         La caja de pistones salió cautelosamente a la luz.
33         Liberó a la garrapata
34         y la puso sobre el largo y liso pupitre.
35         El insecto probablemente
36         resplandeció también con una gratitud,
37         pero era prematura;
38         pues cuando emprendió, agradecido, la marcha
39         para un largo viaje,
40         Tom le desvió para un lado con un alfiler
41         y le hizo tomar una nueva dirección.
42         El amigo del alma de Tom
43         estaba sentado a su vera,
44         sufriendo tanto como él,
45         y al punto
46         se interesó profunda y gustosamente
47         en el entretenimiento.
48         Este amigo del alma era Joe Harper.
49         Los dos eran uña y carne seis días de la semana
50         y enemigos en campo abierto los sábados.
51         Joe sacó un alfiler de la solapa
52         y empezó a prestar su ayuda
53         para ejercitar a la prisionera.
54         El deporte crecía en interés por momentos.
55         A poco Tom indicó
56         que se estaban estorbando el uno al otro,
57         sin que ninguno pudiera sacar todo el provecho
58         a que la garrapata se prestaba.
59         Así, pues, colocó la pizarra de Joe sobre el pupitre
60         y trazó una línea por el medio, de arriba abajo.
61            – Ahora – dijo – ,
62         mientras esté en tu lado
63         puedes azuzarla y yo no me meteré con ella;
64         pero si la dejas irse
65         y se pasa a mi lado,
66         tienes que dejarla en paz todo el rato
67         que yo la tenga sin cruzar la raya.
68            – Está bien; anda con ella... aguíjala.
69         La garrapata se le escapó a Tom
70         y cruzó el ecuador.
71         Joe la acosó un rato
72         y en seguida se le escapó
73         y cruzó otra vez la raya.
74         Este cambio de base se repitió con frecuencia.
75         Mientras uno de los chicos hurgaba a la garrapata
76         con absorbente interés,
77         el otro miraba con interés no menos intenso,
78         juntas a inclinadas las dos cabezas sobre la pizarra
79         y con las almas
80         ajenas a cuanto pasaba en el resto del mundo.
81         Al fin la suerte pareció decidirse por Joe.
82         La garrapata intentaba éste y aquél
83         y el otro camino
84         y estaba tan excitada y anhelosa
85         como los propios muchachos;
86         pero una vez y otra,
87         cuando Tom tenía ya la victoria en la mano,
88         como quien dice,
89         y los dedos le remusgaban para empezar,
90         el alfiler de Joe, con diestro toque,
91         hacía virar a la viajera
92         y mantenía la posesión.
93         Tom ya no podía aguantar más.
94         La tentación era irresistible;
95         así es que estiró la mano
96         y empezó a ayudar con su alfiler.
97         Joe se sulfuró al instante:
98            – Tom, déjala en paz – dijo.
99            – Nada más que hurgarla una miaja, Joe.
100          – No, señor; eso no vale. Déjala quieta.
101          – No voy más que a tocarla un poco.
102          – Que la dejes, te digo.
103          – No quiero.
104          – Pues no la tocas... Está en mi lado.
105          – ¡Oye, tú, Joe! ¿Y de quién es la garrapata?
106          – A mí no me importa.
107       Está en mi lado y no tienes que tocarla.
108          – Bueno, pues ¡a que la toco!
109       Es mía y hago con ella lo que quiero.
110       Y te aguantas.
111       Un tremendo golpazo
112       descendió sobre las costillas de Tom,
113       y su duplicado sobre las de Joe;
114       y durante un minuto
115       siguió saliendo polvo de las dos chaquetas,
116       con gran regocijo de toda la clase.
117       Los chicos habían estado demasiado absortos
118       para darse cuenta del suspenso
119       que un momento antes
120       había sobrecogido a toda la escuela
121       cuando el maestro
122       cruzó la sala de puntillas
123       y se paró detrás de ellos.
124       Había estado contemplando
125       gran parte del espectáculo
126       antes de contribuir por su parte a amenizarlo
127       con un poco de variedad.
128       Cuando se acabó la clase a mediodía
129       Tom voló a donde estaba Becky Thatcher
130       y le dijo al oído:
131          – Ponte el sombrero y di que vas a casa;
132       cuando llegues a la esquina con las otras,
133       te escabulles y das la vuelta por la calleja y vienes.
134       Yo voy por el otro camino y haré lo mismo.
135       Así, cada uno de ellos se fue
136       con un grupo de escolares distinto.
137       Pocos momentos después
138       los dos se reunieron al final de la calleja,
139       y cuando volvieron a la escuela
140       se hallaron dueños y señores de ella.
141       Se sentaron juntos, con la pizarra delante,
142       y Tom dio a Becky el lápiz
143       y le llevó la mano guiándosela,
144       y así crearon otra casa sorprendente.
145       Cuando empezó a debilitarse su interés en el arte,
146       empezaron a charlar.
147          – ¿Te gustan las ratas? – preguntó Tom.
148          – Las aborrezco.
149          – Bien; también yo... cuando están vivas.
150       Pero quiero decir las muertas,
151       para hacerlas dar vueltas por encima de la cabeza
152       con una guita.
153          – No; me gustan poco las ratas, de todos modos.
154       Lo que a mí me gusta es masticar goma.
155          – ¡Ya lo creo! ¡Ojalá tuviera!
156          – ¿De veras? Yo tengo un poco.
157       Te dejaré masticar un rato,
158       pero tienes que devolvérmela. 
159       Así se convino,
160       masticaron por turnos,
161       balanceando las piernas desde el banco
162       de puro gozosos.
163          – ¿Has visto alguna vez el circo? – dijo Tom.
164          – Sí, y mi papá me va a llevar otra vez
165       si soy buena.
166          –  Yo lo he visto tres o cuatro veces...,
167       una barbaridad de veces.
168       La iglesia no vale nada comparada con el circo:
169       en el circo siempre está pasando algo.
170       Yo voy a ser clown cuando sea grande.
171          – ¿De verdad? ¡Qué bien!
172       Me gustan tanto,
173       todos llenos de pintura.
174          – Y ganan montones de dinero...,
175       casi un dólar por día;
176       me lo ha dicho Ben Rogers.
177       Di, Becky,
178       ¿has estado alguna vez comprometida?
179          – ¿Qué es eso?
180          – Pues comprometida para casarse.
181          – No.
182          – ¿Te gustaría?
183          – Me parece que sí. No sé.
184       ¿Qué viene a ser?
185          – ¿A ser?
186       Pues es una cosa que no es como las demás.
187       No tienes más que decir a un chico
188       que no vas a querer a nadie más que a él,
189       nunca, nunca;
190       y entonces os besáis y ya está.
191          – ¿Besar? ¿Para qué besarse?
192          – Pues, ¿sabes?, es para...
193       Bueno, siempre hacen eso.
194          – ¿Todos?
195          – Todos, cuando son novios.
196       ¿Te acuerdas de lo que escribí en la pizarra?
197          – ...Sí.
198          – ¿Qué era?
199          – No lo quiero decir.
200          – ¿No quieres decirlo?
201          – Sí..., sí, pero otra vez.
202          – No, ahora.
203          – No, no..., mañana.
204          – Ahora, anda, Becky.
205       Yo te lo diré al oído, muy callandito.
206       Becky vaciló,
207       y Tom, tomando el silencio por asentimiento,
208       la cogió por el talle
209       y murmuró levemente la frase,
210       con la boca pegada al oído de la niña.
211       Y después añadió:
212          – Ahora me lo dices tú al oído...,
213       lo mismo que yo.
214       Ella se resistió un momento,
215       y después dijo:
216          – Vuelve la cara para que no veas,
217       y entonces lo haré.
218       Pero no tienes que decírselo a nadie.
219       ¿Se lo dirás, Tom?
220       ¿De veras que no?
221          – No, de veras que no.
222       Anda, Becky...
223       Él volvió la cara.
224       Ella se inclinó tímidamente,
225       hasta que su aliento
226       agitó los rizos del muchacho,
227       y murmuró: «Te amo».
228       Después huyó corriendo
229       por entre bancos y pupitres,
230       perseguida por Tom,
231       y se refugió al fin en un rincón
232       tapándose la cara con el delantalito blanco.
233       Tom la cogió por el cuello.
234          – Ahora, Becky – le dijo, suplicante-,
235       ya está todo hecho...,
236       ya está todo menos lo del beso.
237       No tengas miedo de eso...,
238       no tiene nada de particular.
239       Hazme el favor, Becky.
240       Y la tiraba de las manos y del delantal.
241       Poco a poco fue ella cediendo
242       y dejó caer las manos;
243       la cara, toda encendida por la lucha,
244       quedó al descubierto,
245       y se sometió a la demanda.
246       Tom besó los rojos labios y dijo:
247          – Ya está todo acabado.
248       Y ahora, después de esto, ya sabes:
249       no tienes que ser nunca novia de nadie
250       sino mía,
251       y no tienes que casarte nunca con nadie
252       más que conmigo.
253       ¿Quieres?
254          – Sí; nunca seré novia de nadie
255       ni me casaré más que contigo,
256       y tú no te casarás tampoco más que conmigo.
257          – Por supuesto.
258       Eso es parte de la cosa.
259       Y siempre, cuando vengas a la escuela
260       o al irte a casa,
261       tengo yo que acompañarte
262       cuando nadie nos vea;
263       y yo te escojo a ti
264       y tú me escoges a mí en todas las fiestas,
265       porque así hay que hacer
266       cuando se es novia.
267          – ¡Qué bien!
268       No lo había oído nunca.
269          – Es la mar de divertido.
270       Si supieras lo que Amy Lawrence y yo...
271       En los grandes ojos que le miraban
272       vio Tom la torpeza cometida,
273       y se detuvo, confuso.
274          – ¡Tom!
275       ¡Yo no soy la primera que ha sido tu novia!
276       La muchachita empezó a llorar.
277          – No llores, Becky – dijo Tom –.
278       Ella ya no me importa nada.
279          – Sí, sí te importa, Tom... Tú sabes que sí.
280       Tom trató de echarle un brazo en torno del cuello,
281       pero ella lo rechazó
282       y volvió la cara a la pared
283       y siguió llorando.
284       Hizo él otro intento,
285       con persuasivas palabras,
286       y ella volvió a rechazarlo.
287       Entonces se le alborotó el orgullo,
288       y dio media vuelta y salió de la escuela.
289       Se quedó un rato por allí,
290       agitado y nervioso,
291       mirando de cuando en cuando a la puerta,
292       con la esperanza de que Becky se arrepentiría
293       y vendría a buscarlo.
294       Pero no hubo tal cosa.
295       Entonces comenzó a afligirse
296       y a pensar que la culpa era suya.
297       Mantuvo una recia lucha consigo mismo
298       para decidirse a hacer nuevos avances,
299       pero al fin reunió ánimos para la empresa
300       y entró en la escuela.
301       Becky seguía aún en el rincón,
302       vuelta de espaldas, sollozando,
303       con la cara pegada a la pared.
304       Tom sintió remordimientos.
305       Fue hacia ella y se detuvo un momento
306       sin saber qué hacer.
307       Después dijo, vacilante:
308          – Becky, no me gusta nadie sino tú.
309       No hubo más respuestas que los sollozos.
310          – Becky – prosiguió implorante–,
311       ¿no quieres responderme?
312       Más sollozos.
313       Tom sacó su más preciado tesoro,
314       un boliche de latón
315       procedente de un morillo de chimenea,
316       y lo pasó en torno de la niña
317       para que pudiera verlo.
318          – Becky – dijo –,
319       hazme el favor de tomarlo.
320       Ella lo tiró contra el suelo.
321       Entonces Tom salió de la escuela
322       y echó a andar hacia las colinas, muy lejos,
323       para no volver más a la escuela por aquel día.
324       Becky empezó a barruntarlo.
325       Corrió hacia la puerta:
326       no se le veía por ninguna parte.
327       Fue al patio de recreo: no estaba allí.
328       Entonces gritó:
329          – ¡Tom! ¡Tom! ¡Vuelve!
330       Escuchó anhelosamente,
331       pero no hubo respuesta.
332       No tenía otra compañía
333       que la soledad y el silencio.
334       Se sentó, pues, a llorar de nuevo
335       y a reprocharse por su conducta,
336       y ya para entonces
337       los escolares empezaban a llegar,
338       y tuvo que ocultar su pena
339       y apaciguar su corazón
340       y que echarse a cuestas la cruz
341       de toda una larga tarde de tedio y desolación,
342       sin nadie, entre los extraños que la rodeaban,
343       en quien confiar sus pesares.

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