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Capítulo-9. Las Aventuras de Tom Sawyer. español-ruso

Глава-9 Ребята бродили по кладбищу с дохлой кошкой - Capitulo-9 Los muchachos estaban vadeando por el cementerio con un gato muerto

Capítulo 9 - Глава 9

 Глава-9 Ребята бродили по кладбищу с дохлой кошкой

 

1           Aquella noche, a las nueve y media,
2           como de costumbre,
3           Tom y Sid fueron enviados a la cama.
4           Dijeron sus oraciones,
5           y Sid se durmió en seguida.
6           Tom permaneció despierto,
7           en intranquila espera.
8           Cuando ya creía que era el amanecer,
9           oyó al reloj dar las diez.
10         Era para desesperarse.
11         Los nervios le incitaban
12         a dar vueltas y removerse,
13         pero temía despertar a Sid.
14         Por eso permanecía inmóvil,
15         mirando a la oscuridad.
16         Todo yacía en una fúnebre quietud.
17         Poco a poco fueron destacándose del silencio
18         ruidos apenas perceptibles.
19         El tictac del reloj empezó a hacerse audible;
20         las añosas vigas, crujir misteriosamente;
21         en las escaleras también se oían vagos chasquidos.
22         Sin duda los espíritus andaban de ronda.
23         Un ronquido discreto y acompasado
24         salía del cuarto de tía Polly.
25         Y entonces el monótono cri-cri de un grillo,
26         que nadie podría decir de dónde venía,
27         empezó a oírse.
28         Después se oyó, en la quietud de la noche,
29         el aullido lejano y lastimoso de un can;
30         y otro aullido lúgubre,
31         aún más lejano, le contestó.
32         Tom sentía angustias de muerte.
33         Al fin pensó
34         que el tiempo había cesado de correr
35         y que había empezado la eternidad;
36         comenzó, a su pesar, a adormilarse;
37         el reloj dio las once,
38         pero no lo oyó.
39         Y entonces, vagamente, llegó hasta él,
40         mezclado con sus sueños,
41         aún informes,
42         un tristísimo maullido.
43         Una ventana que se abrió en la vecindad,
44         le turbó.
45         Un grito de ¡Maldito gato! ¡Vete!,
46         y el estallido de una botella vacía
47         contra la pared trasera del cobertizo de la leña
48         acabó de despabilarle,
49         y en un solo minuto estaba vestido,
50         salía por la ventana
51         y gateaba en cuatro pies por el tejado,
52         que estaba al mismo nivel.
53         Maulló dos o tres veces,
54         con gran comedimiento;
55         después saltó al tejado de la leñera,
56         y desde allí, al suelo.
57         Huckleberry le esperaba, con el gato muerto.
58         Los chicos se pusieron en marcha
59         y se perdieron en la oscuridad.
60         Al cabo de media hora
61         estaban vadeando
62         por entre la alta hierba del cementerio.
63         Era un cementerio en el viejo
64         estilo del Oeste.
65         Estaba en una colina
66         a milla y media de la población.
67         Tenía como cerco
68         una desvencijada valla de tablas,
69         que en unos sitios
70         estaba derrumbada hacia adentro
71         y en otros hacia fuera,
72         y en ninguno derecha.
73         Hierbas y matorrales silvestres
74         crecían por todo el recinto.
75         Todas las sepulturas antiguas
76         estaban hundidas en tierra;
77         tablones redondeados por un extremo
78         y roídos por la intemperie
79         se alzaban hincados sobre las tumbas,
80         torcidos
81         y como buscando apoyo, sin encontrarlo.
82         «Consagrado a la memoria de Fulano de Tal»,
83         había sido pintado en cada uno de ellos,
84         mucho tiempo atrás;
85         pero ya no se podía leer
86         aunque hubiera habido luz para ello.
87         Una brisa tenue susurraba entre los árboles,
88         y Tom temía
89         que pudieran ser las ánimas de los muertos,
90         que se quejaban
91         de que no se los dejase tranquilos.
92         Los dos chicos hablaban poco,
93         y eso entre dientes,
94         porque la hora y el lugar
95         y el solemne silencio
96         en que todo estaba envuelto
97         oprimía sus espíritus.
98         Encontraron el montoncillo recién hecho
99         que buscaban,
100       y se escondieron bajo el cobijo
101       de tres grandes olmos
102       que crecían, casi juntos,
103       a poco trecho de la sepultura.
104       Después esperaron callados un tiempo
105       que les pareció interminable.
106       El graznido lejano de una lechuza
107       era el único ruido
108       que rompía aquel silencio de muerte.
109       Las reflexiones de Tom iban haciéndose
110       fúnebres y angustiosas.
111       Había que hablar de algo.
112       Por eso dijo, en voz baja:
113          – Huck, ¿crees tú
114       que a los muertos no les gustará
115       que estemos aquí?
116       Huckleberry murmuró: 
117          – ¡Quién lo supiera!
118       Está esto de mucho respeto, ¿verdad?
119          – Ya lo creo que sí.
120       Hubo una larga pausa,
121       mientras los muchachos
122       controvertían el tema interiormente.
123       Después, quedamente, prosiguió Tom:
124          – Dime, Huck ¿crees
125       que Hoss Williams nos oye hablar?
126          – Claro que sí.
127       Al menos, nos oye su espíritu.
128       Tom, al poco rato:
129          – Ojalá hubiera dicho el señor Williams.
130       Pero no fue con mala intención.
131       Todo el mundo le llamaba Hoss.
132          – Hay que tener mucho ojo,
133       en como se habla de esta gente difunta, Tom.
134       Esto era un jarro de agua fría
135       y la conversación se extinguió otra vez.
136       De pronto Tom asió del brazo a su compañero.
137          – !Chist!...
138          – ¿Qué pasa, Tom? –
139       Y los dos se agarraron el uno al otro,
140       con los corazones sobresaltados.
141          – ¡Chitón!... ¡Otra vez! ¿No lo oyes?
142          –  Yo...
143          – ¡Allí! ¿Lo oyes ahora?
144          – !Dios mío, Tom, que vienen!
145       Vienen, vienen de seguro.
146       ¿Qué hacemos?
147          – No sé. ¿Crees que nos verán?
148          – Tom, ellos ven a oscuras,
149       lo mismo que los gatos.
150       ¡Ojalá no hubiera venido!
151          – No tengas miedo.
152       No creo que se metan con nosotros.
153       Ningún mal estamos haciendo.
154       Si nos estamos muy quietos,
155       puede ser que no se fijen.
156          – Ya lo haré, Tom; pero ¡tengo un temblor!
157          – ¡Escucha!
158       Los chicos estiraron los cuellos,
159       con las cabezas juntas,
160       casi sin respirar.
161       Un apagado rumor de voces
162       llegaba desde el otro extremo del cementerio.
163          – ¡Mira! ¡Mira allí! – murmuró Tom –.
164       ¿Qué es eso?
165          – Es un fuego fatuo.
166       ¡Ay, Tom, qué miedo tengo!
167       Unas figuras indecisas se acercaban
168       entre las sombras balanceando
169       una antigua linterna de hojalata,
170       que tachonaba el suelo
171       con fugitivas manchas de luz.
172       Huck murmuró, con un estremecimiento:
173          – Son los diablos, son ellos.
174       ¡Tom, es nuestro fin! ¿Sabes rezar?
175          – Lo intentaré, pero no tengas miedo.
176       No van a hacernos daño.
177       «Acógeme, Señor, en tu seno...»
178          – ¡Chist!
179          – ¿Qué pasa, Huck?
180          – ¡Son humanos! Por lo menos, uno.
181       Uno tiene la voz de Muff Potter.
182          – No...; ¿es de veras?
183          – Le conozco muy bien.
184       No te muevas ni hagas nada.
185       Es tan bruto que no nos ha de notar.
186       Estará bebido, como siempre, el condenado.
187          – Bueno, me estaré quieto.
188       Ahora no saben dónde ir.
189       Ya vuelven hacia acá.
190       Ahora están calientes. Fríos otra vez.
191       Calientes. Calientes, que se queman.
192       Esta vez van derechos.
193       Oye, Huck, yo conozco otra de las voces...:
194       es la de Joe el Indio.
195          – Es verdad..., ¡ese mestizo asesino!
196       Preferiría mejor que fuese el diablo.
197       ¿Qué andarán buscando?
198       Los cuchicheos cesaron de pronto,
199       porque los tres hombres
200       habían llegado a la sepultura
201       y se pararon a pocos pasos
202       del escondite de los muchachos.
203          – Aquí es – dijo la tercera voz;
204       y su dueño levantó la linterna
205       y dejó ver
206       la faz del joven doctor Robinson.
207       Potter y Joe el indio llevaban unas parihuelas
208       y en ellas una cuerda y un par de palas.
209       Echaron la carga a tierra
210       y empezaron a abrir la sepultura.
211       El doctor puso la linterna a la cabecera
212       y vino a sentarse
213       recostado en uno de los olmos.
214       Estaba tan cerca
215       que los muchachos hubieran podido tocarlo.
216          – ¡De prisa, de prisa! – dijo en voz baja –.
217       La luna va a salir de un momento a otro.
218       Los otros dos respondieron con un gruñido,
219       sin dejar de cavar.
220       Durante un rato no hubo otro ruido
221       que el chirriante de las palas
222       al arrojar a un lado montones de barro y pedruscos.
223       Era labor pesada.
224       Al cabo,
225       una pala tropezó en el féretro
226       con un golpe sordo;
227       y dos minutos después
228       los dos hombres lo extrajeron de la tierra.
229       Forzaron la tapa con las palas,
230       sacaron el cuerpo
231       y lo echaron de golpe en el suelo.
232       La luna apareció saliendo
233       de entre unas nubes,
234       e iluminó la faz lívida del cadáver.
235       Prepararon las parihuelas
236       y pusieron el cuerpo encima,
237       cubierto con una manta,
238       asegurándolo con la cuerda.
239       Potter sacó una larga navaja de muelles,
240       cortó un pedazo de cuerda que quedaba colgado,
241       y después dijo:
242          – Ya está hecha esta condenada tarea, galeno;
243       y ahora mismo alarga usté otros cinco dólares,
244       o ahí se queda eso.
245          – Así se habla –
246       dijo Joe el Indio.
247          – ¡Cómo!, ¿qué quiere decir esto? – 
248       exclamó el doctor –.
249       Me habéis exigido la paga adelantada,
250       y ya os he pagado.
251          – Sí, y más que eso aún –
252       dijo Joe, acercándose al doctor,
253       que ya se había incorporado – .
254       Hace cinco años
255       me echó usted de la cocina de su padre
256       una noche
257       que fui a pedir algo de comer,
258       y dijo que no iba yo allí a cosa buena;
259       y cuando yo juré
260       que me lo había de pagar
261       aunque me costase cien años,
262       su padre me hizo meter en la cárcel
263       por vagabundo.
264       ¿Se figura que se me ha olvidado?
265       Para algo tengo la sangre india.
266       ¡Y ahora le tengo a usted cogido
267       y tiene que pagar la cuenta!
268       Para entonces estaba ya amenazando al doctor,
269       metiéndole el puño por la cara.
270       El doctor le soltó de repente tal puñetazo
271       que dejó al rufián tendido en el suelo.
272       Potter dejó caer la navaja y exclamó:
273          – ¡Vamos a ver!
274       ¿Por qué pega usted a mi socio? –
275       y un instante después
276       se había lanzado sobre el doctor
277       y los dos luchaban fieramente,
278       pisoteando la hierba
279       y hundiendo los talones en el suelo blando.
280       Joe el Indio se irguió de un salto,
281       con los ojos relampagueantes de ira,
282       cogió la navaja de Potter,
283       y deslizándose agachado como un felino
284       fue dando vueltas en torno de los combatientes,
285       buscando una oportunidad.
286       De pronto el doctor se desembarazó
287       de su adversario,
288       agarró el pesado tablón
289       clavado
290       a la cabecera de la tumba de Williams,
291       y de un golpe
292       dejó a Potter tendido en tierra;
293       y en el mismo instante
294       el mestizo aprovechó la ocasión
295       y hundió la navaja hasta las cachas
296       en el pecho del joven.
297       Dio éste un traspiés
298       y se desplomó sobre Potter,
299       cubriéndolo de sangre,
300       y en aquel momento las nubes dejaron en sombra
301       el horrendo espectáculo
302       y los dos muchachos,
303       aterrados,
304       huyeron veloces en la oscuridad.
305       Poco después,
306       cuando la luna alumbró de nuevo,
307       Joe el Indio estaba en pie
308       junto a los dos hombres caídos,
309       contemplándolos.
310       El doctor balbuceó
311       unas palabras inarticuladas,
312       dio una larga boqueada
313       y se quedó inmóvil.
314       El mestizo murmuró:
315          – Aquella cuenta ya está ajustada.
316       Después registró al muerto
317       y le robó cuanto llevaba en los bolsillos,
318       y en seguida colocó la navaja homicida
319       en la mano derecha de Potter,
320       que la tenía abierta,
321       y se sentó sobre el féretro destrozado.
322       Pasaron dos, tres, cuatro minutos
323       y entonces Potter comenzó a removerse,
324       gruñendo.
325       Cerró la mano sobre la navaja, la levantó,
326       la miró un instante y la dejó caer estremeciéndose.
327       Después se sentó,
328       empujando al cadáver lejos de sí
329       y fijó en él los ojos,
330       y luego miró alrededor aturdido.
331       Sus ojos se encontraron con los de Joe.
332          – ¡Cristo! ¿Cómo es esto, Joe? – dijo.
333          – Es un mal negocio – contestó Joe
334       sin inmutarse –.
335       ¿Para qué lo has hecho?
336          – ¿Yo? ¡No he hecho tal cosa!
337          – ¿Cómo? ¿Ahora sales con ésas?
338       Potter tembló y se puso pálido.
339          – Yo creía que se me había pasado la borrachera.
340       No debía haber bebido esta noche.
341       Pero la tengo todavía en la cabeza...,
342       peor que antes de venir aquí.
343       No sé por dónde me ando;
344       no me acuerdo casi de nada.
345       Dime, Joe... palabra honrada,
346       ¿lo he hecho yo?
347       Nunca tuve tal intención;
348       te lo juro por la salvación de mi alma,
349       Joe: no fue tal mi intención.
350       Dime cómo ha sido.
351       ¡Da espanto!...
352       ¡Y él, tan joven,
353       y que prometía tanto!
354          – Pues los dos andabais a golpes,
355       y él te arreó uno con el tablón,
356       y caíste despatarrado;
357       y entonces vas y te levantas,
358       dando tumbos y traspiés,
359       y coges el cuchillo y se lo clavas,
360       en el momento
361       justo en que él te daba otro tablonzazo
362       más fuerte;
363       y ahí te has estado,
364       mismamente como muerto, desde entonces.
365          – ¡Ay! ¡No sabía lo que me hacía!
366       ¡Que me muera aquí mismo si me di cuenta!
367       Fue todo cosa del whisky y del acaloramiento,
368       me figuro.
369       Nunca usé un arma en mi vida.
370       He reсido, pero siempre sin armas.
371       Todos pueden decirlo.
372       Joe..., ¡Cállate, no digas nada!
373       Dime que no has de decir nada.
374       Siempre fui parcial por ti, Joe,
375       y estuve de tu parte, ¿no te acuerdas?
376       ¿No dirás nada?
377       Y el mísero cayó de rodillas
378       ante el desalmado asesino,
379       suplicante, con las manos cruzadas.
380          – No;
381       siempre te has portado derechamente conmigo,
382       y no he de ir contra ti.
383       Ya está dicho;
384       no se me puede pedir más.
385          – Joe, eres un ángel.
386       Te he de bendecir por esto
387       mientras viva –
388       dijo Potter, rompiendo a llorar.
389          – Vamos, basta ya de gimoteos.
390       No hay tiempo para andar en lloros.
391       Tú te largas por ese camino
392       y yo me voy por ese otro.
393       Andando, pues,
394       y no dejes señal detrás de ti por donde vayas.
395       Potter arrancó con un trote
396       que pronto se convirtió en carrera.
397       El mestizo le siguió con la vista,
398       y murmuró entre dientes:
399          – Si está tan atolondrado con el golpe
400       y tan atiborrado de la bebida como parece,
401       no ha de acordarse de la navaja
402       hasta que esté ya tan lejos de aquí
403       que tenga miedo de volver a buscarla solo
404       y en un sitio como éste...; ¡gallina!
405       Unos minutos después
406       el cuerpo del hombre asesinado,
407       el cadáver envuelto en la manta,
408       el féretro sin tapa
409       y la sepultura abierta
410       sólo tenían por testigo la luna.
411       La quietud y el silencio reinaban de nuevo.

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